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Reportaje

Torrijas y pestiños, una tradición más viva que nunca en Córdoba

Las torrijas siguen siendo el gran reclamo de estas fechas en obradores y pastelerías, por delante de pestiños, roscos y sabores innovadores. Lo hacen impulsadas por una tradición que mantienen viva los mayores y a la que los jóvenes tampoco renuncian.

Unas tortas de aceite mientras María Ángeles Cubero atiende a unos clientes de fondo.

Unas tortas de aceite mientras María Ángeles Cubero atiende a unos clientes de fondo. / Víctor Castro

Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Córdoba

«Los pestiños y las torrijas se comen más que nunca. Hay tradiciones que nunca mueren». La Semana Santa huele a incienso y a azahar, pero también a horno de pastelería cordobesa sacando esos dulces que, en muchos casos, unen a abuelo y nieto en una cafetería mientras esperan la llegada del paso. Los obradores de barrio viven intensamente la preparación de una repostería que es casi una liturgia y que, además, no se agota con el Domingo de Resurrección, ya que en muchos casos la venta se prolonga durante semanas.

En el Horno de Santa Rosa, María Ángeles Cubero lleva vendiendo dulces desde hace más de un mes. «Ahora es un no parar», dice mientras despacha a algunos clientes habituales. En su establecimiento se apilan gachas, torrijas, roscos, pestiños, flores, perrunas... «Todo muy rico y artesanal», recalca con gracejo. Para este obrador, casi que una vez termina la Navidad llega directamente la campaña de Semana Santa, porque comienzan a preparar unos dulces que se venden «hasta un mes después», añade.

Tradición sobre modernidad

María Ángeles explica que, en el casi medio siglo de vida del obrador, lo más vendido «siempre han sido las torrijas» y, entre innovaciones, lo tiene claro: «Las clásicas arrasan». De hecho, cuenta que estuvo varios años haciendo torrijas de distintos sabores, pero no le salió rentable: «La gente pedía una docena de las tradicionales y una de Kinder para probar», resume. La venta de estos dulces -que se cuenta por centenares y puede rozar el medio millar en Jueves y Viernes Santo- supone un gran impulso para el negocio. «Esto prácticamente nos soluciona el trimestre», suelta con una sonrisa.

Dulces de semana santa reportaje

Torrijas del horno de Santa Rosa. / Víctor Castro

María Ángeles comenta que sigue muy viva una de las estampas clásicas de estas fiestas: el abuelo comprando dulces con su nieto y comiéndolos juntos. También apunta a que los jóvenes consumen, aunque «muchos lo hacen por tradición o nostalgia». A ellos se suman turistas y pasteleros de otros puntos de España que «tienen mucha curiosidad» por probar lo típico y, en algunos casos, se llevan para regalar. Lo que sí tiene claro es que «las previsiones siempre se cumplen» y que comprar roscos, pestiños y torrijas «nunca pasa de moda, ¿verdad?», dice mientras termina de cobrar a una clienta y, casi sin pausa, atiende a la siguiente.

Consumo en familia

En Valdeolleros, Toñi Moyano lleva más de un cuarto de siglo en el Obrador Antonio, especializado en pan, pero donde en estas fechas no faltan torrijas, gachas, roscos y pestiños, traídos de Moriles, Montilla y otros puntos de Córdoba. «¿Para qué nos vamos a ir tan lejos si lo mejor lo tenemos aquí?», se pregunta con ironía. En su caso, comenzaron a vender a primeros de febrero y lo que más sale son pestiños y torrijas. De estas últimas pueden vender cerca de medio millar en los días fuertes, aunque eso sí: «El Domingo de Resurrección cortamos», cuenta. Este establecimiento tampoco se vuelve loco con las innovaciones y, cuando toca elegir, las que triunfan son «las de crema y miel», aunque también ofrece rellenas de nata y con azúcar. La tienda está lejos del recorrido de las procesiones, pero Toñi celebra que tienen un público «muy variado y fiel», donde pesa «el boca a boca y los vecinos» que, en muchos casos, se toman un café o un batido y disfrutan de un rato tranquilo. «Estas fechas son muy bonitas para nosotras», concluye con una sonrisa, mientras el mostrador vuelve a quedarse a medias en cuestión de minutos.

Dulces de semana santa reportaje

Toñi Moyano muestra sus pestiños y perrunas. / Víctor Castro

Las pastelerías más nuevas también se han sumado a esta tradición sin renunciar a lo artesano. Es el caso de El Pegolete, en el Sector Sur, que lleva poco más de dos años abierto. Adán Moral, su gerente, explica que lo que más se vende son «gachas y torrijas» y que, en los días fuertes, pueden sacar «unas 300» torrijas. En su caso, empiezan a venderlas en Cuaresma y «aguantamos hasta una semana después de Semana Santa». Sobre la torrija, Adán cree que su éxito está en el cuidado del producto y en no forzarlo: «No nos gusta soportarlo de un día para otro, porque pierde su textura, su forma». Sus compradores principales son «la gente mayor», mientras que los jóvenes «prefieren otro tipo de bollería», aunque matiza algo que ve cada campaña: «Hay mucha gente que es fanática de las torrijas, y también joven», pero su público más constante «es la gente de 50», resume.

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