Entrevista
Jesús Fernández, obispo de Córdoba: «La Iglesia tiene las mejores armas para la paz, pero la responsabilidad es política»
Jesús Fernández valora la preparación para la Semana Santa, enfatizando la oración, el cuidado de los demás y el autocontrol, y destaca la vitalidad de la fe en la ciudad

Chencho Martínez

Jesús Fernández fue nombrado obispo de Córdoba el 27 de marzo del año pasado, cuando la Santa Sede hizo público el nombramiento por parte del papa Francisco, y tomó posesión oficial de la diócesis el 24 de mayo en un acto en la Mezquita-Catedral de Córdoba. Llegó con una clara vocación de escucha y de ayuda al prójimo, que se fue complicando por un primer año marcado por el incendio de la Catedral, el accidente de Adamuz y la muerte de su padre.
-Llegó hace casi un año al Obispado en un proceso de escucha, ¿Qué balance puede hacer ahora?
-Creo que ese proceso de escucha debe ser permanente, porque las personas, las circunstancias y la propia Iglesia cambian. La fase más intensa ya se ha realizado, pero siempre hay que seguir escuchando. El balance es positivo, ha sido un año de descubrimiento de muchas realidades nuevas para mí: parroquias, movimientos, piedad popular, cofradías, todo vivido con una fuerza que no conocía de mi etapa anterior. También ha habido momentos duros, como el accidente de Adamuz, el incendio de la Catedral o las inundaciones, pero en conjunto ha sido un tiempo positivo, que agradezco a Dios haber vivido cerca del Pueblo que me ha sido encomendado.
-¿Está contento con ese trabajo?
-Sí, estoy muy contento. Me he sentido muy bien acogido, tanto por sacerdotes y laicos como por las instituciones públicas. He percibido cercanía y entendimiento y lo he podido comprobar en el día a día y también de forma especial en las visitas pastorales que he hecho.
-Es su primera Semana Santa al frente del Obispado, ¿Cómo se ha preparado?
-Hay una preparación personal, pero también una preparación del Pueblo de Dios. He insistido en tres herramientas que la Iglesia propone: la oración, el cuidado de la relación con los demás, especialmente con los más desfavorecidos, con los privados de libertad, con los que sufren, y el autocontrol, lo que clásicamente llamamos sacrificio y que ahora está tan poco de moda. Además, ya estoy visitando los cabildos de las cofradías y hermandades de la ciudad, y participaré en las procesiones que me sea posible.
-¿Le ha sorprendido nuestro despliegue para la Semana Santa?
-Sí, ya los preparativos nos decían cómo van a ser las dimensiones que va a adquirir, y desde luego son espectaculares. Muchas cofradías y hermandades han venido a visitarme, y he podido conocer de cerca sus inquietudes, sus proyectos y su gran esfuerzo. Lo que más destaco es que no solo hay preocupación por el culto público, sino también por la vida espiritual, interior, de los cofrades, y por la dimensión social. Cualquier proyecto de una extraordinaria o de la actividad ordinaria de la cofradía siempre suele ir acompañada de un compromiso social, y esto me parece muy importante también porque la caridad certifica la autenticidad de la fe.

El obispo recibe a Diario CÓRDOB en el Obispado. / Chencho Martínez
-¿Podemos decir que estamos más cerca de la fe que del aspecto cultural?
-Sí, eso es lo que percibo en el trato cercano que estoy teniendo. Lo cultural tiene importancia, pero también veo una preocupación real por la fe. Donde quizá aún hay margen de mejora es en la formación.
-Decía el año pasado que Córdoba gozaba de mucha vitalidad ¿Lo sigue percibiendo así?
-Sí, sigo percibiendo mucha vitalidad, aunque siempre hay cosas que mejorar. Creo que uno de los campos donde más debemos crecer es en la formación cristiana. Veo con mucha fuerza el primer anuncio, con movimientos y retiros que están despertando a mucha gente, también a muchos jóvenes. Ese aspecto lo veo con mucha fortaleza, de tal modo que seguramente nos ayudará a revisar nuestras estructuras pastorales para hacerlas más misioneras y sobre todo más capaces de acompañar bien a esas personas para que ese impulso inicial eche raíces y se sostenga cuando haya dificultades.
«Las dimensiones que va a adquirir la Semana Santa son desde luego espectaculares»
-Las cofradías dicen que hay un movimiento juvenil muy importante ¿Lo percibe usted así?
-Sí, en muchas cofradías se pone mucho énfasis en el grupo joven y los veo con entusiasmo. Pero no solo en el mundo cofrade, en general, en la Iglesia diocesana estoy viendo muchos jóvenes con deseo de encontrarse con Jesús. Experiencias como Adoremus o Guadalupe están teniendo una gran respuesta, hasta el punto de que a veces no se puede acoger a todos, pero bendito sea Dios.
-¿Qué autocrítica debe hacer la Iglesia sobre el alejamiento de la gente de la religión católica?
-El alejamiento es quizás especialmente en el ámbito de la vida moral. Vivimos en un contexto con muchas tentaciones y no siempre respondemos bien. Ahí siempre hay espacio para mejorar, pero también hay un dato esperanzador y es que muchas personas se están acercando al sacramento de la Penitencia. Eso muestra que, aunque todos somos pecadores, también existe un deseo real de levantarse y volver a Dios, que no nos conformamos con caer, sino que también tendemos a levantarnos.
-El año pasado le impactó saber que en Córdoba había cinco de los barrios más pobres de España ¿Los ha podido visitar?
-Sí, he tenido algún contacto, aunque reconozco que no de forma tan profunda como me gustaría. Aun así, tengo noticias directas de esas realidades a través de personas que trabajan allí, por ejemplo en Las Palmeras o en el Sector Sur. Creo que, además de la ayuda inmediata, hay una necesidad fundamental de formación y de transformación cultural. Ya existen proyectos educativos muy valiosos, y pienso que es por ahí por donde hay que avanzar, porque si no cambiamos esa mentalidad, esos principios por los que se regula la propia conducta humana, si no incidimos ahí es muy difícil cambiar la situación.
-¿Están fallando las instituciones para evitar que la pobreza se cronifique?
-No me atrevería a decir que estén fallando, aunque siempre se puede mejorar. He percibido interés y preocupación por parte de los ayuntamientos y deseo de afrontar el problema. La clave está en el acompañamiento, educativo, personal y también familiar. Creo que es cuestión de todos, de que no nos cerremos a esa realidad, que la tengamos presente, de que seamos solidarios, de que no dejemos entrever gestos de exclusión. A las instituciones públicas hay que pedirles que sigan haciendo ese esfuerzo para que esas personas puedan salir de la situación, porque a veces creemos que se soluciona con dar dinero, pero si no cambiamos mentalidad, la cultura en la que están envueltos, el dinero no va a resolver nada. No basta con atender solo a los niños; hay que intentar llegar también a las familias. Ahí está uno de los grandes retos.
-¿Cómo valora este primer año del papa León XIV? ¿Ve continuidad en el Vaticano?
-Sí, veo continuidad, aunque también rasgos propios. He podido tratarlo personalmente y me ha parecido muy cercano. Es un Papa más reservado en su imagen pública, menos dado a declaraciones llamativas, pero muy culto, sensible, cercano a los pobres y a la realidad de la gente. Creo que es un Papa muy adecuado para la Iglesia de hoy.
-Va a venir pronto a España. ¿Va a acompañarlo?
-Sí, tengo previsto acompañarlo durante todo el viaje, del 6 al 12, junto a muchos otros obispos, si no surge ningún impedimento. Una visita papal siempre es un acontecimiento excepcional, y además llega en un momento de gran desorientación, violencia e inseguridad en el mundo. Por eso puede ser especialmente significativa.

Jesús Fernández posa con el Puente Romano de fondo. / Chencho Martínez
-¿Qué papel debe jugar la Iglesia en este momento internacional tan convulso?
-La Iglesia no interviene con ejércitos ni con poder político, sino a través de las mejores armas para la paz: la oración, el perdón, la reconciliación, haciendo de puentes. La fe ofrece una luz para recordar que el ser humano debe estar en el centro, porque no somos números. Nunca puede tratarse a nadie como un número ni puede convertirse el ser humano en un medio para un fin propio. En tiempos de confusión y violencia, cuando vemos que muchas veces la mentira se convierte en arma de desinformación masiva, la Iglesia tiene la misión de recordar la verdad, y sabiendo que somos hijos e hijas del mismo Dios.
-¿Qué hay que pedirle a los gobiernos?
-Puede y debe pedirse compromiso real con la paz. La responsabilidad principal recae en los políticos, porque son ellos quienes toman las decisiones que pueden evitar o alimentar las guerras, pero la Iglesia tiene que seguir apelando a esa responsabilidad, recordando que las guerras solo destruyen y que lo más grave siempre son las vidas humanas perdidas, especialmente las de los inocentes. Pero también hay que pedir que trabajen por crear las condiciones para que no se produzcan las guerras, porque el mundo no se movilizó cuando estaban matando a miles de personas antes. Nadie se preocupó por tomar medidas económicas, de aislamiento para evitarlo, y hay que prevenir la guerra en periodos de paz.
-En lo personal, ¿qué le ha cambiado este primer año en Córdoba?
-Me ha ayudado mucho espiritualmente y lo vivo como una gracia de Dios. Me ha impactado mucho el testimonio de fe de la gente, que aquí se expresa con más naturalidad y visibilidad de la que yo estaba acostumbrado a ver. Eso me sostiene y me anima. También me ayuda ver la inquietud de sacerdotes y laicos por mejorar las cosas. He pasado de sentir que tenía que abrir caminos a no poder llegar a todos los que ya existen.
«Ha sido un año de descubrimiento de muchas realidades nuevas para mí y me ha sorprendido la fe»
-¿Ha habido algún momento especialmente difícil?
-El momento del incendio de la Catedral fue difícil porque yo estaba comenzando y además no estaba aquí porque mi padre acababa de fallecer, yo estaba con mi madre en el pueblo. También lo de Adamuz ha sido tremendo, para mí ha sido un momento muy duro. Y luego algún otro acontecimiento también especial, que no cito, pero que lógicamente cuando las cosas no salen del todo bien, se sufre.
-¿Qué le gustaría que se dijera de su episcopado cuando termine?
-Me bastaría con que pudieran decir que he escuchado, que he atendido a quien me necesitaba y que he estado cerca de la gente. Y también que he cumplido con mi misión: acercar a todos el amor de Dios. Si pueden ver en mí algo de esa imagen de Dios que es amor, eso me bastaría.
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