Semana Santa
Córdoba implosiona en un Domingo de Ramos multitudinario y desbordado
La afluencia masiva de turistas y locales convirtió el casco histórico de Córdoba en un hervidero, con terrazas llenas y calles saturadas, dificultando el paso y la búsqueda de mesas

Domingo de Ramos a rebosar en Córdoba / Chencho Martínez

El murmullo es constante, se mezcla con el sonido de las sillas al arrastrarse en las terrazas, con el tintinear de los vasos y con ese olor inconfundible a incienso y azahar que anuncia que ya está aquí. Córdoba está que hierve en su primer gran día oficial de Semana Santa, volcada en la calle, sin apenas espacio libre en su casco histórico tras un Viernes de Dolores y un Sábado de Pasión que ya abrían la puerta a lo que podía venir.
Y es que desde que las primeras informaciones sobre el tiempo ya indicaban que podía haber pleno de salidas se intuía que Córdoba va a vivir una Semana Santa esplendorosa, ya no solo en lo cofrade, sino también en la bulla, en echarse a la calle sin hora para volver a casa, a pesar de que el sector hotelero y hostelero afronta estos días con cierta incertidumbre.

Terrazas llenas. / Chencho Martínez
Pero es que desde el mediodía de este Domingo de Ramos brillante, tras superar una mañana de abrigos y viento frío que, aún así, no impidió a nadie salir a encontrarse con la Borriquita, hacerse con una mesa se convierte en cuestión de suerte. Las terrazas están llenas, los camareros avanzan a toda prisa entre mesas apretadas y los grupos se alargan entre rondas que se encadenan sin prisa. Hay quien mira el reloj pendiente de una salida procesional y quien simplemente se deja llevar por el ambiente, disfrutando de un sol que acompaña y de una ciudad que hierve.
En torno a la Mezquita-Catedral y en las calles que dibujan el casco histórico, el flujo de personas es continuo. Hay confusión de turistas extranjeros, siempre cámara en mano, por los palcos y la imposibilidad de pasar por algunas zonas de la ciudad, familias enteras, cuadrillas de amigos y cofrades que se cruzan en un ir y venir que, por momentos, roza el colapso. Avanzar por algunas calles requiere paciencia y detenerse, a veces, es la única opción posible. Para los vecinos del casco histórico, la jornada es también un ejercicio de paciencia, un Tetris que tienen que sortear ellos y también los que vienen de fuera y quedan absolutamente confundidos con lo que está ocurriendo en la ciudad.
Porque no es solo una jornada de procesiones. Es también un escaparate vivo de la ciudad. Se escuchan acentos de fuera e idiomas varios y a veces imposibles de identificar, se ven mapas desplegados, maletas -muchas- rodando y móviles en alto buscando el mejor encuadre entre el bullicio. La tradición convive con la curiosidad, y la devoción con el ocio. Córdoba se ofrece en cada esquina, en cada plaza llena, en cada cortejo.
A medida que avanza la tarde, el ambiente no cambia de ritmo, de hecho se intensifica. Se mezcla el recogimiento tras el paso de las hermandades que hacen su estación de penitencia con la bulla del que ya lleva varias horas mezclando caldos, risas y reencuentros en cada esquina. Siempre hay un bar lleno, una calle saturada, grupos comentando la jornada, turistas despistados. La ciudad no se detiene, más bien implosiona.

Las calles del centro se colapsan por momentos. / Chencho Martínez
Los rincones más emblemáticos se convierten en escenarios compartidos. Hay quien busca un hueco imposible para ver una procesión y quien se conforma con dejarse llevar por la marea humana. Tampoco hay demasiado qué hacer contra ello.
Las cocinas trabajan a pleno rendimiento desde primera hora. Los trabajadores de algunos bares del centro instalan pequeñas barras portátiles para poder atender la mayor cantidad de clientes: «Esto es una locura, pero es lo que tiene venir en Domingo de Ramos», dice un camarero mientras observa el estupor de un grupo de turistas que no pueden creer que no haya ni una mesa disponible, al menos es así en el centro de la ciudad. Mientras tanto, los dispositivos de seguridad y limpieza trabajan para mantener el orden en una jornada de máxima afluencia.
La ciudad no se apaga, no pretende descansar. Todo suma en un día que marca el inicio de una semana donde Córdoba vuelve a mostrarse tal y como es: abierta, viva y desbordada.
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