Crónica política
Crónica política: más caliente que el estrecho de Ormuz
Vox inflama el patio electoral y los partidos se ponen nerviosos. Prohibida la entrada de hombres con casco al Ayuntamiento

Paula Badanelli, en el salón de plenos, expone a José María Bellido su rechazo a los carteles del PSOE. / A. J. González

Con la campaña de las andaluzas lanzada y en prime time, el presidente y candidato del PP, Juanma Moreno, fue esta semana a divertirse a El hormiguero y a prometerles a Trancas y Barrancas que volverá a hacerse un tatu, palabrita del niño Jesús, si gana de nuevo por goleada en Andalucía. O sea, que pasará por el tatuador si vence a Vox, que es aquí su único enemigo. Mientras, María Jesús Montero, candidata del PSOE, cabalga sin descanso entre Madrid y Sevilla, con parada en Córdoba para repostar si el AVE la deja tirada o porque quiera mediar, pongamos por caso, en un grave conflicto laboral. Por eso estuvo precisamente el lunes en Hitachi, donde se reunió con los trabajadores y el CEO de la multinacional, a la que amenazó con retirarle 12 millones de ayudas del Gobierno si no pacta con la plantilla y recupera la inversión de 80 millones prometida en Córdoba. Después, pasaron por esa misma sala de reuniones de la fábrica los consejeros de Empleo e Industria de la Junta de Andalucía, que también han advertido que retirarán sus ayudas tras el recorte de inversión anunciado por Hitachi en la ciudad.
A todo esto, en el Ayuntamiento todavía se están recuperando de la última remodelación de gobierno que ejecutó José María Bellido. Y olvídense de los cambios que ordenó en las competencias de sus concejales porque eso, en general, ha sido peccata minuta (a Miguel Ruiz Madruga, bendita IA, ya le han hecho un lindo montaje conduciendo una barredora de Sadeco). Como decimos, el meollo de la remodelación ha estado en la marcha voluntaria de su núcleo duro, del personal de confianza que ha tenido el alcalde desde que llegó a la Alcaldía en 2019. Ahora, el desafío está en que el engranaje vuelva a encajar y en que los sustitutos funcionen como antes lo hicieron el excoordinador general, que ha fichado el Obispado; el exjefe de gabinete, que se ha ido a la FAMP; y el exjefe de prensa, que anda ahora por San Telmo.
Para ir engrasando la maquinaria, este jueves hubo pleno. Se aprobó la ordenanza de convivencia, que es un refrito de otras tantas y que de lo que menos habla es de las despedidas de soltero, aunque sea por eso por lo que se ha escrito de ella estos días. Anoto aquí una perogrullada: las despedidas de soltero con sus diademas de genitales no se pueden prohibir por más horteras que sean. Y lo son mucho.

Guerra de carteles en el Pleno de Córdoba. / A. J. González
Lo que sí se ha prohibido ha sido la entrada a dependencias municipales de mujeres con burka o de «hombres con un caso de moto puesto en la cabeza» (sic), según ha dicho Vox para disimular el tufillo que impregna este arrebato laicista. O sea, hemos regulado algo que habrá pasado una o ninguna vez en la historia de Capitulares. Los de Abascal, que presumen de llevar siempre al pleno cuestiones de índole práctica y local (y ciertamente suelen hacerlo), han patinado en esta ocasión con su propio discurso antinmigración proponiendo algo que no ha supuesto nunca ningún problema en la ciudad. Ciudad que, por cierto, una vez presumió de abrazar las tres culturas. Para aprobar esta moción contó con la ayuda del PP, que en otros ayuntamientos se había abstenido en la cuestión del burka.
Más consenso reunieron el rosario de peticiones que la Corporación le hizo a Pedro Sánchez: una aduana para el aeropuerto que nos permita volar fuera del espacio Schengen, mejoras en la red de carreteras y ferroviaria, y agilizar las ayudas para paliar los efectos del tren de borrascas y el accidente de Adamuz. El resto de grupos también pidió al gobierno municipal limpiar los arroyos para evitar futuras inundaciones y hacer una pasarela peatonal que permita cruzar a los vecinos de Turruñuelos al Parque Figueroa y viceversa, sin morir en el intento. Así, de paso, se potenciará la movilidad peatonal que, por otro lado, es la única que nos podremos permitir si va para largo la guerra que el aspirante al Nobel de la Paz ha desatado ahora en Irán. A este paso, le va a faltar mapamundi.
Precisamente, los carteles del No a la guerra que la bancada socialista desempolvó y expuso en el salón de plenos fueron objeto de otra disputa. Bueno, en realidad la única que se quejó fue Paula Badanelli al expresar su contrariedad por los mensajes antibelicistas. Como en el reglamento municipal no hay nada que los prohíba (el alcalde pidió a la junta de portavoces que lo regule de cara al futuro), la portavoz de Vox respondió colgando en sus escaños unos carteles sobre el uso del burka y contra el acuerdo con Mercosur. Ya ven que la cosa está más caliente que en el estrecho de Ormuz.
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