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Reportaje

Las Tabernas Históricas de Córdoba preparan una ruta con tapa y flamenco para dar el siguiente paso

Los locales han creado una asociación y preparan un recorrido para el próximo año

Interior de la taberna Santa Marina.

Interior de la taberna Santa Marina. / Manuel Murillo

Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Córdoba

Satisfacción, prudencia y una idea con vocación de permanencia. Así resumen los taberneros el primer año y medio de Tabernas Históricas, un sello creado para impulsar —y mantener vivos— negocios que son santo y seña de Córdoba. Tras la colocación del distintivo en los catorce establecimientos adheridos, el proyecto entra ahora en una fase más ambiciosa: diseñar una ruta que atraiga a cordobeses y visitantes, reforzar la presencia en ferias y eventos y dotarse de estructura propia para crecer.

Uno de los pasos clave ha sido la creación, el pasado enero, de una asociación que agrupa a las catorce tabernas para coordinar acciones y facilitar el acceso a ayudas. Jesús Murillo, de Taberna Santa Marina y secretario del colectivo, considera que el balance es «muy positivo y productivo» y destaca que el sello ayuda a que muchos cordobeses vean estos locales como «algo más que una taberna normal». Manuel Jiménez, de Taberna Salinas, coincide en que la distinción ha sumado visibilidad: «Mucha gente viene porque dice: ‘Os he visto en los medios y quiero probar’», aunque admite que el impacto aún es moderado y que «estamos empezando».

Patio interior de la taberna Salinas.

Patio interior de la taberna Salinas. / Manuel Murillo

Rafael López, de Taberna El Pisto, incide en que es un proyecto «a largo plazo» y señala que la placa en la puerta y la promoción han supuesto un impulso, especialmente entre el público local y en temporada baja. Rafael Serrano, de Las Beatillas, se muestra más cauto, pero apunta a un mayor tirón del turista extranjero: «Algunos se fijan en el azulejo de la puerta y entran».

Entre los proyectos en marcha, Murillo destaca la futura ruta de tabernas históricas, prevista para el próximo año. La idea es que cada establecimiento elabore una tapa especial con productos típicos, maridada con vinos de la DO Montilla-Moriles, y que el componente cultural lo ponga el flamenco en formato íntimo: sin tablao, con instrumentos de cuerda y el cantaor, apareciendo «de un momento a otro» en la propia sala.

El camarero conversa con un cliente de la taberna San Miguel.

El tabernero conversa con un cliente de San Miguel. / Manuel Murillo

La asociación también quiere impulsar una escuela de formación vinculada a las tabernas para asegurar el relevo. Murillo defiende que la formación actual está demasiado centrada en alta cocina y que «no podemos descuidar lo nuestro», por lo que ya han iniciado conversaciones con la Escuela de Hostelería, el Ayuntamiento y la UCO.

Por último, el colectivo no descarta sumar más locales al distintivo, aunque con cautela: «Tendrá que ir poco a poco», porque para entrar «hay que cumplir parámetros objetivos». Con paciencia, pero con una idea clara: que la taberna —la de siempre— siga teniendo futuro.

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