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Reportaje

Una madre coraje al borde del desahucio reclama un alquiler social en Córdoba: "Solo pienso en el bien de mis hijos"

Magdalena ha superado muchos obstáculos, entre ellos, la enfermedad de dos de sus hijas y ahora se enfrenta a un desahucio sin recursos para encontrar una alternativa habitacional

Magdanela, madre de tres hijos, se enfrenta al desahucio.

Magdanela, madre de tres hijos, se enfrenta al desahucio. / A. J. González

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

La vida no siempre trata bien a quien más lo necesita. La desdicha, a veces, se ceba con los que luchan, por más que no lo merezcan, obligándoles a sobrevivir en un ejercicio constante de resistencia. Magdalena es una madre coraje que nunca ha tirado la toalla. Tiene 42 años, tres hijos y aunque ha trabajado duro desde muy joven, se enfrenta a un desahucio por impago de alquiler. La fecha inicial de su lanzamiento era el 31 de diciembre, pero la suspensión de la moratoria de desahucios la ha adelantado y ahora tendrá que dejar la que ha sido su casa y la de sus hijos durante los últimos ocho años, a finales de abril y, de momento, no tiene dónde ir. "El cambio de fecha ha dejado sin tiempo para reaccionar a Servicios Sociales y a Anfane, que están intentando ayudarme a encontrar una vivienda". Después de años de ingresos hospitalarios, de que le hayan denegado el Ingreso Mínimo Vital y verse sin recursos, cuenta su historia "no para señalar a nadie sino para explicar cómo se llega a un punto en el que todo se tambalea".

Empezó a trabajar con 17 años y cuando tenía 18, con sus ahorros y una aportación de sus padres, se compró un piso. Ahora tiene 21 años cotizados, ha trabajado como peluquera, como comercial, en inmobiliarias, poniendo copas, a veces en dos trabajos a la vez, pero cuando llegó la burbuja inmobiliaria, perdió su vivienda. "Yo era muy joven, tenía 23 años, una niña enferma", recuerda, "cuando me separé del padre de mi hija y me dijo que no podía pagar la mitad que le correspondía, lo entregué al banco en una dación en pago para quitar la deuda, ese fue el gran error de mi vida", explica.

Su hija mayor, que ahora tiene 19 años, fue diagnosticada de una neurofibromatosis tipo 1, lo que se tradujo en un infierno de "neurólogos, oftalmólogos, revisiones y un miedo constante que aún me acompaña". Afortunadamente, su hija ha salido adelante y ahora estudia un doble grado, gracias a una beca, pero durante años, afrontó sola la presión para sacarla adelante, pagar una niñera mientras ella trabajaba y mantener el ánimo arriba para afrontar la enfermedad.

Tras la separación, estuvo trece años sola hasta que decidió rehacer su vida con otra persona. Con su nueva pareja tuvo dos hijos, una niña y un niño que ahora tienen 5 y 2 años. La niña nació prematura en plena pandemia y al poco se le diagnosticó un "hemangioma proliferativo, un tipo de cáncer muy complicado". Fue el primer bebé que trataron en Oncología Infantil. "Pasamos su primer año de vida en el hospital", explica, y gracias a una dura batalla contra la enfermedad, la segunda para ella, "tres años y medio después conseguimos salvarle el brazo".

Ahora vuelve a estar sola con los niños. "Cuando la enfermedad entra en una casa, cada persona reacciona de una forma diferente, hay parejas que se unen más y parejas que se quiebran ante tanta adversidad", explica cuando se le pregunta por la reacción de los padres de sus hijos. Magdalena insiste en que cuenta su historia con mucho pudor porque su familia no la puede ayudar y necesita una vivienda estable "para cuidar de mis hijos, tengo que darles un hogar tranquilo y seguro como sea".

Denegación del Ingreso Mínimo Vital

En el último año y medio, Magdalena ha solicitado hasta tres veces el Ingreso Mínimo Vital y las tres veces se lo han denegado. "Primero, porque faltaba el DNI de mi bebé, que tenía dos meses; cuando por fin estaba todo en orden, lo volví a solicitar y el expediente se perdió y luego lo denegaron de nuevo sin una explicación clara, pese a ser madre de familia numerosa sin ingresos". Después de acudir a Servicios Sociales, decidieron pedir la renta mínima de inserción, que ha cobrado por primera vez este mes.

En sus circunstancias, no puede afrontar un nuevo alquiler "porque no tengo ni nómina, ni ahorros ni nada". Su única salida es "un alquiler social asequible que esté más o menos cerca (ahora vive en Jesús Rescatado) para no alejar a mi hija de su entorno", señala, "no puedo irme a una casa de acogida, dejar los muebles, los juguetes de mis hijos, toda su vida, ¿qué le digo a mis hijos?". Una y otra vez, insiste en que cuando pide un alquiler social "no estoy pensando en mí sino en el bien del menor, mi niña ha sufrido mucho y necesita estabilidad, no puedo cambiarla de colegio ahora que está bien".

En estos años, ha encontrado personas que le han devuelto la fe en la humanidad "como la pediatra Anabel o la pediatra Montserrat o Marina, mi trabajadora social o Rafael, el director de Anfane, que me tendió la mano cuando no tenía fuerzas y me recordó que no estaba sola". En su opinión, aunque el sistema a veces falla, "hay personas que te pueden cambiar la vida".

Preocupada, reitera que "estoy intentando hacerlo todo por la vía legal" y que entiende que hay muchas necesidades, pero también que necesita poder acceder a los recursos sociales que hasta ahora se le han negado. "Necesito ver la luz -asegura-, tener paz por mis hijos, me da vergüenza contar mi historia en público, yo soy fuerte, pero a veces siento que no puedo más".

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