Fuerzas Armadas
Pedro Jiménez, el artillero cordobés que llevó el féretro de Manolete cumple 100 años: "El Ejército me cambió la vida"
El exmilitar cordobés celebrará su centenario en unas semanas y la Hermandad de Veteranos de Artillería de Córdoba lo ha nombrado hermano mayor honorífico en un acto sencillo y emotivo

Foto de familia tras el nombramiento de Pedro Jiménez Peláez como hermano mayor honorífico de la Hermandad de Veteranos de Artillería. / AJ González

Pedro Jiménez Peláez habla del Ejército con la misma emoción que un muchacho de 18 años. "Me cambió la vida", dice con una convicción que ha resistido un siglo entero. A unas semanas de cumplir 100 años, este veterano de Artillería no solo atesora una larga vida familiar y militar, también guarda recuerdos que forman parte de la historia de Córdoba y de España, como aquel 29 de agosto de 1947 en que, con 21 años y recién nombrado cabo primero, ayudó a portar bajo la lluvia el féretro de Manolete hasta el cementerio de la Salud.
Testigo de la República, la Guerra Civil, la posguerra y la transición, Pedro acaba de ser nombrado hermano mayor honorífico de la Hermandad de Veteranos de Artillería.
El acto, sencillo pero cargado de emoción, ha estado encabezado por el presidente de la hermandad, Rafael Gaitán, acompañado por Antonio Adame, padre fundador de la entidad, y otros miembros. Junto a Pedro han estado su hija Maribel y su amigo Rafael Reina. "Llegar a los 100 años es una hazaña, pero llegar como ha llegado usted, en esas condiciones y dando el ejemplo que ha dado, esa vida tiene que estar reflejada en algún sitio", le ha expresado Rafael Gaitán.

Pedro Jiménez Peláez, veterano artillero de Córdoba, durante el acto. / AJ González
Una infancia marcada por la guerra
Pedro Jiménez Peláez nació en el barrio de San Pedro y fue bautizado en la iglesia homónima. Su infancia estuvo marcada por la humildad y el estallido de la Guerra Civil, que comenzó cuando apenas tenía diez años. El tiempo no ha borrado el miedo que sintió aquellos años: "Temiéndole a los bombardeos nos fuimos a la campiña cordobesa. Cada vez que venían los aviones me metía debajo de la cama, asustado".
La guerra y la escasez marcaron a toda una generación. Para muchos jóvenes de origen humilde, el servicio militar no era solo una obligación, era también una oportunidad para construir un futuro y encontrar cierta estabilidad. Con 18 años ingresó en el Cuartel de Artillería de Medina Azahara, uno de los principales centros militares de la provincia en aquella época.
“Entré a hacer instrucción. A los siete u ocho meses me hicieron cabo provisional. Luego ya me hice cabo efectivo. Y a los ocho o diez meses, cabo primero”. Corría el año 1947. Tenía 21 años. Aquel mismo año vivió uno de los episodios más recordados de la historia reciente de Córdoba.
El día que llevó a hombros a Manolete
El 29 de agosto de 1947, el torero Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete, murió en Linares a los 30 años tras la cornada del toro Islero. La noticia sacudió a todo el país, pero especialmente a Córdoba. Pedro Jiménez Peláez recuerda perfectamente aquel día: "La ciudad entera se volcó con Manolete".
El torero había sido también artillero, y por eso fueron soldados de esta arma quienes portaron el féretro hasta el cementerio de la Salud. Entre ellos estaba aquel joven cabo primero de 21 años. "Manolete era artillero, y entonces los artilleros se brindaron a llevarlo a hombros al cementerio de la Salud", recuerda.
La escena quedó grabada para siempre en su memoria. "Estaba lloviendo. Desde la casa de Manolete hasta el cementerio de la Salud. Estaba la madre de Manolete, sentada en la cabecera del féretro. Pasamos por la plaza de toros y luego andando hasta el cementerio. Toda Córdoba estaba allí".
Una vida de familia
Tras su etapa en el Ejército formó una familia junto a su esposa Carmen. El matrimonio tuvo dos hijos, Maribel y Pedro, y con el paso de los años la familia ha crecido hasta sumar cinco nietos y cinco bisnietos.
Aunque se licenció del servicio activo, nunca se desvinculó del mundo militar. Durante décadas ha participado en actos y encuentros de veteranos de las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil, la Policía Nacional y otros colectivos cívico-militares.

Rafael Gaitán entrega a Pedro Jiménez, junto a su hija Maribel, el título de hermano mayor honorífico de la Hermandad de Veteranos de Artillería de Córdoba. / AJ González
Su trayectoria le ha valido varios reconocimientos, entre ellos la Medalla de Santa Bárbara, patrona del Arma de Artillería, y la Cruz de Caballero del Mérito Náutico Turístico. También recibió el empleo honorífico de sargento mayor de Artillería, una distinción simbólica que recuerda un rango histórico del arma desaparecido hace siglos.
El ejemplo del veterano
Para la Hermandad de Veteranos de Artillería, Pedro Jiménez Peláez simboliza algo más que una larga vida. Representa la continuidad entre generaciones de soldados y la dignidad del veterano. El nuevo título de hermano mayor honorífico reconoce precisamente eso: su trayectoria, su espíritu artillero y su ejemplo humano. Durante el homenaje se le ha entregado también el carnet de la hermandad con un código QR que enlaza con un documental de su vida en voz.
A sus cien años, Pedro conserva muchos recuerdos. Pero cuando se le pregunta cuál es el más especial, no duda: "El día que ingresé en el Ejército". "Era un admirador del Ejército, me gustaba mucho, pero entonces había poco dinero", explica. Aquella decisión marcó su destino. "El Ejército me cambió la vida. Sí, señor", asegura.
Con el paso del tiempo llegaron también decisiones difíciles. Aprobó el ingreso en la Guardia Civil, pero inicialmente no pudo entrar porque le faltaba "un dedo para la talla reglamentaria". Años después le ofrecieron incorporarse, pero acababa de casarse. "Me mandaron una carta a mi casa. Mi madre llorando: ¿Cómo te vas a ir a la Guardia Civil?. Llevaba casado una semana… y renuncié".
El secreto de un siglo
Cuando se le pregunta por el secreto de haber llegado a los cien años con esa lucidez y vitalidad, sonríe: "Yo no sé cuál es el secreto. Eso sale de uno y ya está". A lo que sí se atreve es a darle un consejo a las generaciones que viene detrás de él: "Ser honrado y trabajador".
Pedro sigue siendo testigo de tres generaciones y de un siglo completo de historia. El homenaje que acaba de recibir es también, como señalan desde la hermandad, un tributo a todos los hombres que vistieron el uniforme de Artillería y que, como él, "entendieron el verdadero significado de la palabra camarada". Desde la hermandad hacen honor a los que dice el himno del arma: "Todos juntos". Y juntos, los veteranos, homenajearon al artillero más longevo de Córdoba, y quién sabe si de España.
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