Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista | Carolina Martín Blanco Arqueóloga

"Se calcula que la alcaicería de Córdoba oscilaría en torno a los 100 puestos”

La arqueóloga explica las claves del descubrimiento de la antigua alcaicería que se extendía entre la Mezquita-Catedral de Córdoba y la plaza de Abades y reflexiona sobre el papel de la arqueología en la ciudad

La arqueóloga Carolina Martín Blanco explica las claves del hallazgo de la alcaicería.

A. J. González

Manuel Á. Larrea

Manuel Á. Larrea

Córdoba

El estudio arqueológico previo a la construcción de un hotel de SmartRental en los números 56, 58 y 60 de la calle Cardenal González permitió identificar una calle y varios muros de la antigua alcaicería que se extendía entre la Mezquita-Catedral de Córdoba y la plaza de Abades. La arqueóloga Carolina Martín Blanco, responsable de esa intervención, habló recientemente de estos hallazgos en unas jornadas celebradas en la Biblioteca Viva de al-Andalus. En esta entrevista, explica las claves del descubrimiento y reflexiona sobre el papel de la arqueología en la ciudad.

-¿Qué es una alcaicería?

-La alcaicería es un mercado especializado, sobre todo en productos de lujo. La palabra alcaicería viene de alqaysaríyy, que a su vez viene de Caesarea, un término grecolatino.

-Se intuía que había una junto a la Mezquita, ¿cuándo se confirma?

-Por el plano de los franceses, donde venía grafiada toda esa manzana, teníamos la sospecha. En estos inmuebles hay unas escaleras muy empinadas, y esas escaleras estaban salvando ese gran alzado de tres metros y medio.

-¿Y cómo se da cuenta de que los restos pertenecen a ese mercado?

-A raíz de saber qué zona vas a intervenir, empiezas ya a mirar la historiografía. Esto no es una ciencia exacta, pero sí es cierto que ese alzado da una cronología que es tardoislámica, sobre todo de época almohade. Un muro además que no tiene ventanas, ninguna oquedad, que parece una muralla, tiene que haber estado albergando en su interior algo de alto valor. Los restos de estructuras murarias que aparecen en el interior están muy arrasadas. Tampoco la alcaicería tendría unas estructuras demasiado sólidas. No dejan de ser unos tenderetes, era un mercadillo donde vas a comprar seda, plata... lo que también tenían dentro era otra zona aislada que era la aduana. La alcaicería aparte de vender el producto de lujo, tiene un gravamen y ese gravamen que se recauda allí mismo va al califa, al rey después en época cristiana.

Córdoba
Ubicación de la antigua alcaicería andalusí de Córdoba en la calle Cardenal González

Muro de la antigua alcaicería de Córdoba. / AJ González

-¿Cómo sería ese mercado de lujo en aquella época?

-Un recinto prácticamente amurallado, donde habría muy pocos accesos a su interior. Además, esos accesos se cerrarían por la noche, estarían vigilados. Evidentemente, lo que se guarda en su interior son productos de lujo. En lugares como Sevilla tenían cadenas para que quien viniera en caballo no pudiera entrar. Son accesos complicados. Había puertas cerradas, rampas, eran calles estrechas, con las que se intenta evitar que haya un robo. Luego, había diversos puestos que se daban por concurso, salían todos los años. Eso se sabe por fuentes escritas, crónicas árabes y sobre todo bajomedievales posteriores. Cada 1 de enero el rey sacaba a concurso el puesto de la aduana. No era hereditario.

-¿Cuántos puestos había?

-Se calcula, por comparaciones con la extensión que tenía en Granada, que creo que son unos 400 puestos, que en Córdoba oscilaría en torno a los 100 puestos. No se sabe si podrían llegar hasta los 200 si se corrobora que la alcaicería se puede extender. En Sevilla existen dos. José Manuel Escobar Camacho cree que hay otra. Esperaremos los resultados de su investigación. Por el núcleo urbano tan importante de Córdoba no sería de extrañar que hubiera una segunda alcaicería.

-Córdoba era una de las ciudades más grandes del mundo, ¿no?

-Estamos hablando ya de una época tardoislámica. Lo que se suele decir de esa superpoblación de la capital omeya es en el siglo XI. Ahora ya estamos en el siglo XII casi llegando al XIII. En fin, crisis demográfica ya ha habido. Ha habido una fitna, una guerra civil. Mucha gente ha huido de la ciudad. Ya no es a lo mejor ese núcleo por antonomasia, pero si en la época califal hubo una alcaicería en el Gran Zoco, al lado del Alcázar, no es de extrañar que en otro lado hubiera otra alcaicería.

No intentamos que el progreso o salga adelante, sino que sea sostenible

-¿Qué diferencia hay entre la alcaicería y el zoco?

-El zoco es lo que abarca todo el conglomerado económico. O sea, el bazar, la alhóndiga, el funduq, la alcaicería... El zoco es el centro comercial. Tienes donde comprar la fruta, tienes donde comprar la seda. La alcaicería es uno de los elementos que conforman los zocos, con más brilli-brilli, con productos lujosos: seda, especias, materiales preciosos y semipreciosos, la seda manufacturada, lo que se llaman los jubones. Los sastres que hacían los jubones se llamaban alfayates y la calle que tenemos delimitando esta alcaicería es la calle Alfayatas. La toponimia, más o menos, ha quedado.

-¿Cuál es la cronología de esa alcaicería?

-De etapas almohades. Estamos hablando de mediados o finales del XII hasta 1236 que entra Fernando III el Santo. Y evidentemente tiene una continuidad en época bajomedieval. A finales del siglo XV, ya se va viendo tanto nivel arqueológico que se abandona. Indagas en las fuentes históricas y ya esa alcaicería que pertenecía al rey se empieza a dar a manos de la pequeña nobleza, los Fernández de Córdoba... Ya se vuelve hereditaria, eso se empieza a partir y a repartir. También hay otro factor. Todas las mercancías pasan por la Puerta del Puente, enfilan por Cardenal González, pasan por la aduana y pagan su respectivo impuesto y continúan en la calle Cardenal González. Ese eje viario que se está formando, ese flujo de mercancías que entran, lo que hace es que favorezca que se monten los tenderetes hacia la calle.

-Estamos viendo cómo la ciudad va expandiéndose, va renovándose. ¿Qué tan importante es el papel del arqueólogo? 

Ponte que se hace un proyecto hotelero porque ha sacado uno de los usos que se puede dar a cualquier edificación, vamos a decir, del casco histórico. Lo voy a reducir al casco histórico. Eso implica que cuando se solicita la licencia, desde la Gerencia de Urbanismo se le piden una serie de cautelas arqueológicas. La delegación de Cultura contrata al arqueólogo, que hace su proyecto sobre ese inmueble en concreto, se inician esas actividades arqueológicas previas que son necesarias a la hora de obtener la licencia de obra mayor. Sin esos estudios previos, pues no se abrirían.

-¿Qué hay del debate entre progreso o historia?

No intentamos que el progreso no salga adelante, todo lo contrario. Realmente estamos para acercar posturas, para ver de qué manera ese progreso puede ser sostenible. Nosotros debemos preservar el patrimonio, que un edificio no se te vaya abajo sin saber lo que tiene dentro, que se vaya a perder para siempre. Si ese edificio se va a convertir en un hotel, que además va a dar puestos de empleo, y entra una inversión y encima les interesa poner el patrimonio en valor porque va a ser un valor añadido a su establecimiento, pues creo que es una manera de que se puede conjugar el trabajo del arqueólogo, el diseñador o el historiador del arte. 

Córdoba
Arqueóloga Carolina Martín Blanco

La arqueóloga Carolina Martín Blanco en la plaza de Abades. / AJ González

-Y cuando se hace un hallazgo, ¿qué opciones hay?

Nosotros somos los cirujanos abrimos, rajamos, operamos, vemos lo que hay, emitimos un informe, pero el que pone el tratamiento es el médico.

-¿En qué trabaja ahora? 

En el convento de Santa Isabel de Los Ángeles, enfrente de la iglesia de Santa Marina. Es un convento de clausura que se va a reconvertir en hotel. Llevo un año.

-El de arqueólogo no parece un trabajo muy monótono.

Esa es la parte que más me gusta. Un día te toca una alcaicería, ahora me ha tocado un convento de 1491, mañana me puede tocar una almunia, o me puede tocar algo romano... Es gratificante y poco monótono.

-¿En qué situación está la arqueología? ¿Mejor o peor que durante la crisis? 

Mejor que en crisis, pero peor que previo a la crisis.

-Es madrileña, ¿acabó en Córdoba por su trabajo? ¿Cómo hubiera sido su vida en Madrid? 

Triste. Estaba deseando. Vine con 26 años, mi carrera ya la había acabado. Lo que sí hice aquí fue el máster.

-¿Siempre ha trabajado aquí? 

He tenido alguna cosa en Sevilla, en Huelva, en la sierra norte de Huelva, Almedinilla.. pero básicamente Córdoba capital. 

-¿Cómo fue mudarse a Córdoba?

Vine para dos meses y llevo 20 años. Un poquito largos se me están haciendo los dos meses. Imagínate, llegar a esta ciudad.

-¿El paraíso del arqueólogo?

Totalmente. Sí, sí, sí. Ninguna ciudad tiene cuatro patrimonios de la humanidad. Me enamoré de esta ciudad.

Córdoba
Ubicación de la antigua alcaicería andalusí de Córdoba en la calle Cardenal González

Fachada de los edificios donde se levantará un hotel y donde aparecieron los restos de la antigua alcaicería de Córdoba / AJ González

-¿Y de la provincia?

La provincia es maravillosa, desde la Subbética hasta la parte norte, de Los Pedroches. Ya no sólo patrimonialmente, de naturaleza, de paisajes... 

-A veces parece que la Judería lo centra todo, ¿cree que la gente sabe ver la riqueza de Córdoba más allá?

Sí me da esa sensación, aunque hayan aumentado las pernoctaciones, que era un tema por el que al principio nos echábamos las manos a la cabeza. Pero sí, esa sensación cuando viene gente de fuera de vamos a ver la Mezquita y la Judería, pero no te dicen vamos a ver Medina Azahara. Nadie tiene tiempo. A lo mejor me equivoco, pero lo digo por mi núcleo cercano.

-Quizás hay cosas que pasan desapercibidas. 

Hay que crear circuitos. Que quieres iglesias fernandinas, pues iglesias fernandinas; los grandes palacios señoriales, pues tienes Viana, Orive... Los baños árabes, donde también metería los baños árabes de San Pedro. Se puede hacer un circuito y darle un poquito de vida a esa parte baja de la Axerquía, ¿no? Que la gente va de Viana hasta la mezquita atravesando por la calle Carlos Rubio y va con el piloto puesto.

-Cada vez parece más que se busca la foto y nada más, ¿no?

Si no es a través de la pantalla de un móvil, no se paran a mirar. Eso es muy triste. Me hago un selfie y ya la he visto. No se puede luchar contra molinos de viento.

-Pero sí que puede darle algún consejo a la gente.

-Creo que hay que aprovechar mejor las herramientas digitales que tenemos a nuestro alcance, integrarlas con la lectura patrimonial. Ahora estamos en la era de la información, la gente tiene mucha a su alcance.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents