8M | Una realidad desigual
La Córdoba que cuida tiene nombre de mujer
Ellas son mayoría atendiendo a familiares dependientes y niños así como entre los profesionales del ámbito social y sanitario

Una trabajadora de ayuda a domicilio de Córdoba atiende a una usuaria. / CÓRDOBA

El 90% de las personas que cuidan a familiares dependientes en Córdoba son mujeres. Más del 80% de las excedencias laborales solicitadas en la provincia para el cuidado familiar las solicitan mujeres. Hay mayoría aplastante de mujeres en los servicios de ayuda a domicilio, igual que en otras profesiones ligadas al cuidado: auxiliares de clínica, auxiliares de jardín de infancia, maestras o enfermeras. No hace falta contarlas, es un hecho fácilmente constatable solo con mirar alrededor. Hay cuidadoras jóvenes y cuidadoras muy mayores aunque la media de edad de quienes desempeñan esta función de forma no profesional está entre los 50 y los 70. Pertenecen a una generación que tiene grabado a fuego esa obligación, mezcla de convicción y de herencia cultural, que hace que en el año 2026, la Córdoba que cuida, tanto de forma profesional como familiar, tenga nombre de mujer.
Los caminos por los que se llega a ser cuidadora son múltiples y muchas veces vienen marcados por la propia vida. Inmaculada Morales es lucentina y trabaja en el servicio de ayuda a domicilio. «Empecé trabajando en residencias de mayores cuando tenía 18 años, ahora tengo 41, he sido cuidadora casi toda mi vida, dentro y fuera de casa». Dejó las residencias de ancianos en cuanto pudo porque «funcionan como empresas, los dueños quieren ganar dinero y no se completan las ratios, yo no estaba a gusto trabajando así y me fui a ayuda a domicilio», explica.
"De los auxiliares de ayuda a domicilio no se acuerda nadie"
Es delegada sindical por CCOO y habla con propiedad cuando dice que el 90% de los trabajadores de ayuda a domicilio en la provincia son mujeres, una profesión tan feminizada como poco reconocida. «De los auxiliares de ayuda a domicilio no se acuerda nadie, trabajamos de puertas adentro y nadie se acuerda de nosotros», asegura, «se vio en la pandemia, hubo reconocimientos a muchos colectivos, nosotros trabajamos en las casas, con las mascarillas, asumiendo los mismos riesgos que los que iban a una residencia o a un hospital, pero nadie lo reconoció». Pese a todo, asegura que disfruta con su trabajo. «Me gusta cuidar y he tenido alegrías como conseguir que una persona, a la que empecé a cuidar cuando estaban a punto de cortarle las piernas, se animara a esforzarse cada día a andar, que aquello mejorara su circulación y ahora tenga sus piernas, esas cosas me hacen feliz y hacen que mi trabajo tenga mucho sentido».

La ayuda a domicilio es una pieza clave del cuidado en la que la mayoría son mujeres. / CÓRDOBA
Ella vio a su madre cuidar de sus hermanas enfermas de Alzheimer y la vio también cuidar de ella, que nació con una malformación en una pierna. «Pasé muchos años ingresada, me operaron once veces, mi madre estuvo ahí igual que el personal sanitario, supongo que eso me marcó y despertó en mí la vocación por el cuidado». Ahora es madre de dos hijas y convive con su madre, enferma de Alzheimer y su padre, necesitado también de cuidados, a los que atiende ella de lunes a viernes y su hermano, que vive fuera, los fines de semana. «Afortunadamente, yo no estoy sola como ocurría antes, tengo el apoyo de mi marido en casa y aún así es mucho trabajo», apostilla, «para sacarme las oposiciones del SAS, tuve que levantarme mucho tiempo a las 6.30 para trabajar y acostarme a las 2 o las 3 estudiando». Su madre siempre le insistió en que no quería ir a una residencia. «Eso es algo que tengo grabado y yo no quiero que vayan», explica Inmaculada, «por eso cuando yo trabajo, viene una persona a casa para estar con ellos».
Un trabajo asumido por mujeres de forma desproporcionada
Según el estudio de Oxfam Intermon La cuenta de los cuidados, las mujeres asumen de forma desproporcionada el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado o mal remunerado, lo que a la larga penaliza el empleo, los ingresos, la autonomía y el tiempo libre de las mujeres. Según Oxfam, esos cuidados no remunerados no salen en los indicadores económicos y aunque sean esas mujeres las que «sostienen el mundo y permiten que los hogares funcionen» no producen y por tanto, son invisibles. Un 9,4% de las mujeres declara dedicarse exclusivamente al trabajo doméstico y no remunerado, frente a un 0,4% de hombres, lo que constituye un claro indicador de desigualdad.
«Las mujeres asumen de forma desproporcionada el trabajo de cuidado no remunerado»
Verónica Ruiz es auxiliar de enfermería y gerocultora, tiene 41 años y trabaja en una residencia de ancianos de Córdoba en la que de 26 trabajadores solo dos son hombres. «Elegí esta profesión porque mis padres fallecieron muy pronto, los dos seguidos, y yo no pude cuidarles como me habría gustado, tenía eso dentro y creo que por eso elegí esta profesión», explica sincera. Es consciente de que el reparto de tareas es desigual en la mayoría de los hogares, pero no es su caso, afirma. Madre de cuatro hijas, asegura que su marido y ella se han repartido las tareas. «Yo no podía reducir la jornada de trabajo porque eso suponía un recorte de sueldo, así que cuando él y yo no podíamos, una tía mía (de nuevo una mujer) nos echaba una mano».
Es cierto que en materia de igualdad se han producido avances notables, que ya no son solo las madres las que cuidan de los hijos, los padres ahora ocupan un mayor espacio gracias a las medidas de conciliación, a la ampliación de los permisos de paternidad y a la incorporación de la mujer al mercado laboral. Pero no es menos cierto que cuesta encontrar hogares en los que el hombre sea el único encargado de las tareas domésticas mientras que las mujeres siguen siendo en muchas familias las únicas responsables de cocinar, lavar, planchar o cuidar de hijos y nietos, trabajen o no fuera de casa.
La solución a la sobrecarga: contratar a trabajadoras del hogar
La mayor parte de la carga de las tareas domésticas sigue recayendo en las mujeres, según el estudio de Oxfam, que apunta cómo cuando falta corresponsabilidad, la solución ante la sobrecarga consiste en contratar a trabajadoras del hogar y de cuidados, desempeñados igualmente por mujeres, la mayoría inmigrantes. «Esto crea una cadena donde el alivio de unas depende de la precariedad de otras», apunta el estudio.
En este momento, existe un fenómeno denominado «la generación sandwich» que afecta a muchas mujeres de entre 35 y 44 años y de entre 55 y 64 que se han visto, por circunstancias diversas, atrapadas entre la crianza y el cuidado de mayores y dependientes.
«Me gusta cuidar y he tenido muchas alegrías trabajando en la ayuda a domicilio»
Mientras las mujeres que hoy tienen 80 o más años han crecido con el ejemplo de sus padres y la convicción de que sus hijos o hijas se encargarían de su cuidado a partir de cierta edad, algo que no siempre se ha cumplido, las mujeres que se encuentran en esa generación sandwich dicen ahora abiertamente que no quieren ser una carga para nadie y se muestran convencidas de que sus hijos no seguirán su ejemplo llegado el caso. Cabe recordar que las mujeres tienen mayor esperanza de vida que los hombres y que es frecuente que haya algún desfase de edad a favor de ellos, lo que hace que en edades avanzadas, sean ellas las que asumen mayoritariamente el cuidado de sus parejas.
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