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Entrevista | Antonia Arjona Señora de las Tabernas 2026

«La taberna cordobesa está más viva que nunca y en continuo cambio»

Antonia Arjona, Señora de las Tabernas 2026.

Antonia Arjona, Señora de las Tabernas 2026. / A.J. González

Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

-Lo primero, enhorabuena por el premio. ¿Cómo lo ha recibido?

-Me ha hecho muy feliz. Bueno, no tanto porque mi marido hace un año ya murió y era estupendo para todas estas cosas y lo he hecho en falta.

-Imagino que no entiende el negocio sin él. Cuándo y cómo empezaron con el negocio.

-Nosotros empezamos el año que nos casamos (1964), con 24 años. Vinimos de viaje de novios y nos metimos en el negocio. Alberto llevaba el negocio, estaba detrás del mostrador. Y yo, aunque no sabía de cocina y como vivíamos al lado, empecé a hacer tapitas para el negocio y las bajaba desde mi piso, en mi cocina, con la ayuda de mi suegra.

-Se metió en el negocio sin experiencia.

-Exactamente. Ya nos casamos y dijimos: como él ya estaba en ese trabajo, yo le apoyé y aporté. Yo me dedicaba a la peluquería desde niña, con trece años, hasta los veinticuatro que me casé. Fuimos novios tres años y así empezamos nuestra vida. Y cuando vinimos de viaje de novios, ya me metí en la cocina. Pedí ayuda a mi suegra. El primer bar no tenía cocina y por eso yo la empecé a hacer en mi piso, que estaba cerquita.

-¿Fueron muy complicados esos inicios?

-No complicados de trabajo. Todo iba una marcha buena y feliz. Cada persona que teníamos obligada era más responsable de nuestro trabajo y ya está. Sencillamente lo que es la vida y el trabajo del día a día. Así pasaron los años y aquí estoy.

Antonia Arjona, tras recibir la distinción.

Antonia Arjona, tras recibir la distinción. / A.J. González

-Y el negocio fue creciendo y mejorando, ¿no?

-Sí. Al principio no había cocina. Lo que hacía era chacina, mejillones, almejas… Luego se quedó un lugar vacío, lo alquilamos e hicimos la cocina. Entró una cocinera, fue creciendo. Ya abarcamos más comida.En los setenta ya funcionábamos estupendamente.

-Y fueron creciendo.

-Sí. en los ochenta nos quedamos con Costazo. Teníamos El Faro, en la calle Sevilla, que era chiquito, vendíamos mariscos, nos fue estupendamente. También teníamos La Bahía, enfrente del Círculo de la Amistad. Tuvimos que cerrarlo porque no había servicio. Estuvimos menos tiempo allí porque no podíamos tener acceso a un servicio.

-¿Su trabajo ha sido siempre detrás de la cocina o ha ido cambiando?

-Empecé en mi piso porque no había cocina. Luego metimos a un cocinero y yo empecé a retirarme de la cocina, pero siempre estaba en el negocio. Llevaba muchas cosas, como el lavado de la ropa.

"Nosotros tuvimos que aprender mucho y evolucionar mentalmente"

-¿Qué es lo más duro de este trabajo?

-Los primeros años, sí, que empiezas y te cuesta más. Era muy trabajoso y no había las comodidades tecnológicas que hay a día de hoy ni de cerca. Luego ya, cuando lo tienes atado va solo. El día a día era estupendo. Teníamos una clientela que venía de todos los sitios, hasta de los pueblos. Venía mucha gente por los mariscos, las gambitas, los mejillones... casi ningún negocio lo tenía. Eso era una novedad.

-¿Temió que los hijos no quisieran seguir?

-No. Ellos estaban estudiando y los fines de semana iban al negocio. Se ponían o detrás de la barra o a servir mesas. Terminaron sus estudios y cada uno eligió.

-Y eligieron el negocio.

-Sí, pero lo eligieron porque era lo que habían visto desde chiquitos y lo que les gustaba.

-¿Es más difícil llevarlo ahora que hace 40 años?

-No, ahora es más fácil. Las nuevas generaciones están más preparadas. Nosotros tuvimos que aprender mucho y evolucionar mentalmente.

La familia Rosales Arjona en una foto antigua.

La familia Rosales Arjona en una foto antigua. / CÓRDOBA

-¿Le costó mucho aprender?

-No. Aprendes sin darte cuenta. La necesidad te obliga. Y el público te va diciendo lo que tienes que hacer para que se encuentre a gusto.

-¿Es muy sacrificada la hostelería?

-Sí, mucho. Los horarios son sábados, días de fiesta, Semana Santa… porque es cuando más aumenta el trabajo. Pero bueno, poquito a poco se va haciendo todo.

-¿En algún momento sintió que no podía más?

-No, nunca. Tanto Alberto como yo hemos sido muy valientes.

-¿Qué es clave para que una taberna cordobesa triunfe?

-Hacerlo todo lo mejor posible. Porque tú lo que quieres es triunfar. Y el triunfo trae dinero, y el dinero es lo que necesitas para llevar a tu familia bien.

-¿La taberna cordobesa está en peligro de desaparecer?

-No, qué va. La taberna en Córdoba no desaparece. Es una reunión de amigos que siempre sobrevive.

-Pese al turismo

-Sí. Antes había menos turismo, pero más gente local. Las cosas van cambiando y evolucionando. La taberna cordobesa está más viva que nunca y se va adaptando.

-¿Qué le ha enseñado la hostelería?

-Si fuera a nacer otra vez, mi vida la elegiría esta vida. He aprendido a a hacer las cosas bien, con lealtad y cariño a la gente y trabajo.

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