Reportaje
Córdoba celebra el Año Nuevo Lunar en comunidad
En la ciudad, se celebra manteniendo vivas las tradiciones asiáticas a través de actividades culturales en el Aula Confucio y reuniones familiares incluso por videollamada

A. J. González
Aunque en España residen actualmente 223.999 personas de origen chino, según los datos más recientes del INE, la comunidad en Córdoba es más reducida, con 991 personas registradas. Sin embargo, el tamaño no impide que la ciudad viva con entusiasmo el Año Nuevo Lunar, también conocido como Festival de Primavera, una de las celebraciones más importantes del calendario asiático. Basada en el calendario lunar, esta festividad no se limita a China continental, también se celebra en Taiwán, Corea, Vietnam y en comunidades asiáticas repartidas por todo el mundo.
En el Aula Confucio de Córdoba, coordinada por Xiaomin Wang y formada por otras tres profesoras nativas, Wang Xiaowei, Luyue y Cao Ying, la llegada del Año Nuevo Lunar transforma el centro. No es solo una fecha señalada, sino una oportunidad pedagógica.
Lejos de casa, la tradición del Año Nuevo Chino no desaparece, se adapta
«Nosotras también celebramos la Nochevieja china. Es un momento muy especial: hacemos la cena tradicional, vemos la Gala del Festival de Primavera y compartimos la festividad de la forma más auténtica posible», explica Xiaomin Wang.
Comida, trajes tradicionales y farolillos para celebrar la festividad
Durante la Semana de la Cultura China, el instituto se llena de farolillos rojos, pareados decorativos (chunlian) y el carácter fu, símbolo de la buena suerte. Los alumnos elaboran jiaozi en la cocina del centro, confeccionan trajes tradicionales para muñecos, preparan teatro de sombras y participan en actividades culturales que les permiten comprender el significado profundo de la festividad. Para las profesoras, estas actividades no solo transmiten conocimientos, sino identidad. Celebrar el Año Nuevo en Córdoba es, para ellas, una forma de mantener el vínculo con sus raíces.

Cheska es una estudiante de Erasmus en Córdoba que lo celebrará por videollamada. / A. J. González
Fuera del ámbito académico, en la Avenida de Libia, los dueños de un bazar mantienen viva la celebración, aunque sin trasladarla al espacio comercial. Tras la jornada laboral, lo celebran en casa, donde se cocina, se comparte mesa y se recuerda el significado de la fecha. La víspera, equivalente a la Nochevieja occidental, se dedica tradicionalmente a la cena familiar. En muchas familias, la reunión comienza en casa de los abuelos paternos, vestidos de rojo, color asociado a fortuna y felicidad.
La mesa se llena de platos con valor simbólico. Los dumplings representan riqueza por su semejanza con antiguos lingotes de oro. Sopas elaboradas como el Buddha Jumps Over the Wall simbolizan abundancia. Otros alimentos, como determinados pescados cuyo nombre suena a prosperidad en chino, refuerzan el deseo colectivo de buena suerte para el nuevo año.
La celebración combina la enseñanza, la creatividad y la transmisión de costumbres ancestrales a pesar de la distancia
A medianoche, los mayores entregan a los más jóvenes los tradicionales sobres rojos con dinero, uno de los momentos más esperados por niños y adolescentes. «El Año Nuevo Chino es el equivalente a la Navidad en Occidente», explica Cheska, estudiante de Erasmus en Córdoba. La comparación no es casual: la festividad gira en torno a la familia, la comida y el intercambio de regalos.
Para quienes viven lejos de su país, la experiencia adquiere matices distintos. Desde Córdoba, Cheska celebrará este año mediante videollamada con su familia en Taipéi. Aunque no podrá sentarse a la mesa con ellos, la tradición se adapta: ha recibido por primera vez un sobre rojo en formato digital. La tecnología sustituye el papel rojo, pero no el simbolismo. El gesto sigue representando cuidado, continuidad y vínculo generacional.
«El Año Nuevo Chino es el equivalente a la Navidad en Occidente»
Más allá de la cena formal, explica Cheska, el ambiente festivo se extiende a juegos familiares tras la comida, pequeñas apuestas simbólicas que, entre risas y dados lanzados en cuencos, refuerzan el sentimiento de comunidad.
Entre aulas decoradas, cenas familiares discretas y videollamadas internacionales, el Año Nuevo Lunar demuestra que la tradición no depende del territorio. Se sostiene en la memoria, en los gestos repetidos generación tras generación y en la voluntad de compartirla. Para las profesoras del Aula Confucio es una herramienta de transmisión cultural. Para los comerciantes de la Avenida de Libia, un momento íntimo familiar. Para estudiantes como Cheska, una mezcla de nostalgia y adaptación.
En todos los casos, el significado es común: empezar el año deseando prosperidad, salud y fortuna, manteniendo vivas las raíces incluso a miles de kilómetros de casa.
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