Investigación y educación
El Imibic consolida el talento joven para sostener la ciencia en Córdoba
El instituto atrae a profesionales formados en el extranjero, que reclaman contratos estables y financiación sostenida

Víctor Castro

El Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic) es un referente nacional para la investigación. Cuenta con un total de 49 grupos de investigación, de los que 31 son consolidados, seis emergentes y doce asociados. Sus líneas abarcan áreas que van desde la biomedicina molecular y el cáncer hasta la investigación clínica, la salud mental, la inteligencia artificial aplicada a la medicina y los cuidados sanitarios y, más allá de los datos cuantitativos, destaca por su marcado enfoque traslacional y multidisciplinar. Actualmente hay 117 proyectos activos públicos competitivos de cualquier ámbito (regional, nacional e internacional), con 560 estudios clínicos, la mayoría de ellos comerciales y unos 13 independientes.
Esta estructura científica atrae a investigadores jóvenes formados tanto en Córdoba y en el resto de España como en entornos internacionales. Muchos regresan tras estancias en el extranjero para integrarse en equipos consolidados o liderar grupos emergentes, aportando nuevas metodologías, enfoques multidisciplinares y una clara vocación de trasladar la investigación al paciente en el menor tiempo posible y, sobre todo, con garantías.
Relevo generacional y retos estructurales
Sin embargo, este relevo generacional convive con importantes retos estructurales. La investigación en España puede convertirse en un camino marcado por salarios limitados, contratos inestables y alta competitividad. «La ciencia para mí es cosa de solo unos pocos que llegan y resisten todo el camino», afirma uno de sus investigadores más jóvenes, Antonio Carlos Fuentes-Fayos, reflejando la dureza del recorrido investigador.
El instituto tiene 117 proyectos activos y 560 estudios clínicos en marcha
En el ámbito sanitario, Beatriz Gros señala, además, la dificultad añadida que supone la presión asistencial: «La investigación, en muchos casos, se desarrolla en el tiempo libre del médico, lo que complica atraer y mantener talento joven», explica. Aunque reconoce que existe relevo generacional, insiste en que la prioridad debe ser formar y apoyar a los jóvenes investigadores, facilitar financiación y promover una cultura científica sólida que permita desarrollar carreras estables dentro del país.
La importancia de una financiación sostenida
En la misma línea, Hatim Boughanem subraya la importancia de respaldar a los investigadores emergentes, garantizar financiación sostenida y fomentar el retorno del talento que se ha formado en el extranjero, como elementos clave para fortalecer el sistema científico nacional.
Por su parte, Clementina López apunta que cree que sí existen oportunidades tanto en financiación pública como privada, aunque reconoce que siempre hay margen de mejora y agrega que « lo importante es mantener la financiación, porque sin dinero no podemos hacer experimentos ni investigación».
Cuenta con un total de 49 grupos de investigación, 31 consolidados y seis emergentes
Respecto al relevo generacional, se muestra optimista, especialmente en el ámbito de los médicos que combinan asistencia e investigación: «Sí hay relevo generacional, porque afortunadamente ahora tenemos contratos específicos para médicos que quieren investigar, lo que hace que cada vez más médicos quieran también tener este tipo de implicación en la investigación».
En conjunto, el panorama científico cordobés muestra una base sólida y diversa, con talento joven y capacidad de atracción internacional, aunque condicionado por la necesidad de mayor estabilidad y financiación para consolidar ese crecimiento a largo plazo.
Antonio C. Fuentes-Fayos, investigador en Bioquímica: «Mi objetivo es mejorar la calidad de vida»
A sus 31 años, Antonio Carlos Fuentes-Fayos ha construido un recorrido académico y científico que combina excelencia internacional con un fuerte compromiso social. Graduado en Bioquímica por la Universidad de Córdoba y con un máster en Investigación Biomédica Traslacional, Antonio consiguió un contrato FPU para realizar su doctorado, centrado en los mecanismos moleculares de tumores cerebrales agresivos en adultos. Durante su formación, obtuvo becas que le permitieron introducirse en investigación y, durante el doctorado, amplió su experiencia con estancias en el hospital Cedars Sinai en Los Ángeles y en Harvard Medical School en Boston, donde trabajó con tecnologías biomédicas de última generación. Al regresar a España se incorporó al Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic) en la y Universidad de Córdoba con un contrato de consolidación, que le permite establecer una carrera de profesor universitario en el futuro.
Ahora, su investigación se centra en tumores cerebrales adultos y pediátricos, con tres líneas principales: desarrollar nuevas terapias, identificar biomarcadores de diagnóstico y pronóstico y buscar métodos de detección menos invasivos, similares a los screenings de otros tipos de cáncer. Como él mismo explica: «El sistema de salud no puede hacerle un TAC a 40 millones de personas, pero sí le puede hacer un screening, por ejemplo, en sangre».

Antonio Carlos Fuentes-Fayos. / CÓRDOBA
Con todo ello, el objetivo último no es solo prolongar la vida, sino mejorar la calidad de vida de los pacientes, evitando secuelas neurológicas graves: «Lo que intenta mi investigación es no solo curar sino mejorar la calidad de vida de los pacientes».
En Córdoba, se atienden aproximadamente entre 60 y 80 casos de tumores cerebrales al año, de los cuales un 30% tienen una supervivencia menor a 12 meses, especialmente los glioblastomas, altamente agresivos. La investigación de Antonio ayuda a llenar vacíos de conocimiento sobre estos tumores poco frecuentes y poco escuchados, ofreciendo datos y soluciones potenciales para los pacientes. Su objetivo a futuro es consolidar su grupo de investigación, obtener financiación y realizar ensayos clínicos que traduzcan sus descubrimientos en mejoras reales en la vida de los pacientes.
Para Antonio, la principal motivación para continuar la investigación es el impacto social y que «al final se avanza, aunque sea poco a poco y algo repercute en la vida de los pacientes».
Beatriz Gros, investigadora en Gastroenterología: «Buscamos garantizar mejores expectativas de vida»
Beatriz Gros es gastroenteróloga especializada en enfermedad inflamatoria intestinal, sobre todo enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa, que afectan principalmente a población joven (16-40 años) y que son progresivamente incapacitantes. Comenzó su residencia en 2016 en Córdoba tras estudiar medicina en Zaragoza. Es adjunta de aparato digestivo y ha desarrollado su investigación en este tipo de enfermedades. Entre 2021 y 2023 trabajó en Edimburgo, Reino Unido, en un centro puntero mundial en la investigación de estas enfermedades.
Su investigación tiene dos líneas principales: identificar factores de riesgo de la enfermedad para entender por qué algunos pacientes tienen peor evolución que otros, y, por otro lado, la predicción de brotes y complicaciones, estudiando cómo variables psicosociales (ansiedad, depresión, insomnio), ejercicio y dieta influyen en la progresión de la enfermedad.

Beatriz Gros. / CÓRDOBA
Trabaja con unas 1.500 muestras de pacientes entre Córdoba y Barcelona, y en colaboración con el grupo de Rabanales en análisis de datos complejos. Parte de su trabajo incluye estudios microbiológicos preliminares para analizar la microbiota de los pacientes.
El objetivo es anticipar la evolución de la enfermedad y actuar precozmente: «Lo que intentamos es predecir qué pacientes tienen un comportamiento distinto del resto. Así podemos actuar antes para que eso no ocurra», asegura.
Además, realiza divulgación y formación gratuita para profesionales sanitarios y pacientes, especialmente en países en vías de desarrollo, mediante una página web que gestiona ella misma desde hace tres años: «Generé una página web hace 3 años que tuvo mucho éxito y doy formación gratuita mensualmente para que la gente de países, sobre todo, en vías de desarrollo, pueda tener algo con evidencia científica en lo que sostener sus decisiones y lo que pasa a sus pacientes».
Su motivación principal proviene de poder mejorar la calidad de vida de los pacientes y aprender de colaboraciones internacionales: «Me encanta ser capaz de responder preguntas que me he hecho en consulta y garantizar que nuestros pacientes en el futuro tengan mejores expectativas de su enfermedad».
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