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Borrasca Leonardo

La riada deja más de un millar de desalojados en Córdoba: «Más vale dejar tu casa que la vida»

Los vecinos de las parcelaciones del entorno del aeropuerto y de Alcolea tuvieron que abandonar sus casas ante una crecida del río marcada por la incertidumbre

Última hora de la emergencia por el temporal; desalojos y carreteras cortadas

Desalojos en Alcolea: los vecinos de la calle de la Barca dejan sus viviendas ante la crecida del Guadalquivir

Víctor Castro

Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Córdoba

«Más vale dejar tu casa que la vida». La frase, dicha por una vecina de Majaneque se repite en la cabeza de entre decenas de vecinos como una certeza amarga. Más de un millar de personas de las parcelaciones del entorno del aeropuerto y de Alcolea han visto cómo, en cuestión de horas y casi sin esperarlo, se veían obligadas a abandonar sus casas y pasar una noche de incertidumbre absoluta, con el miedo instalado ante lo que pudiera llegar al amanecer.

Guadalvalle, La Altea, San Isidro, Majaneque —solo la zona que se inundó en 2010—, Fontanar de Quintos, La Forja I y II, en el entorno del aeropuerto, y Ribera Baja —también la afectada en 2010— y la calle de la Barca, en Alcolea, pasaron en pocas horas de una confianza inicial a la incredulidad y, finalmente, al caos de un desalojo forzoso. Todo ocurrió después de que, en torno a las 14.00 horas, las autoridades les comunicaran que podía repetirse una riada similar a la de 2010. La alerta estaba declarada y el mensaje era claro: lo peor estaba por llegar.

Un dron de la Policía Nacional graba las imágenes de las parcelaciones inundadas en Córdoba

Diario CÓRDOBA

Un cambio que llegó en horas

A primera hora de la mañana, la situación en las zonas bajas de Alcolea, Guadalvalle y La Altea era de calma tensa. Los vecinos aguardaban pendientes de la evolución del río y de los desembalses que se estaban produciendo tanto en la cabecera del Guadalquivir, en la provincia de Jaén, como en el embalse de San Rafael de Navallana, donde se estaban liberando más de cien metros cúbicos por segundo. «No les queda más remedio porque no pueden más. Ahora el agua crecerá un metro y medio y esperemos que mañana dé un respiro», comentaba un vecino del Camino del Azud, donde en la noche del miércoles al jueves fueron desalojadas cuatro viviendas. En Alcolea, María vive en la parte alta del Camino del Azud. Bomberos y Policía Local llamaron a su puerta alrededor de la una de la madrugada para alertarles del riesgo. Tiene un hijo pequeño y explica que actuaron sin dudar: «Recogimos los medicamentos y lo imprescindible para poder salir rápido». Aun así, reconoce que intentan aguantar mientras sea posible. «Vamos a esperar hasta que no quede más remedio», decía. Desde entonces, dormir ha sido imposible. «No he pegado ojo en toda la noche y he perdido la cuenta de las veces que he bajado a ver cómo avanza el río».

«No podemos irnos y hacer como si nada». «Nadie está preparado para abandonar su casa». En Majaneque, los vecinos volvieron a mirar al río con miedo apenas ocho días después de la última inundación. Durante la mañana, observaban su avance, casi imparable. «Ha subido un par de metros en apenas media hora», explicaba David, que regresó a media mañana con su pareja para coger algo de comida y algunos enseres. «Vinieron a las dos de la mañana diciendo que teníamos que irnos ya», añadía ella. Esa noche la pasaron separados: ella durmió en casa de una amiga y él en el vivero de un conocido, unos metros más arriba. «Tenemos que estar cerca de casa por lo que pueda pasar. No podemos irnos y hacer como si nada», insistía, visiblemente frustrado. Al mediodía, el agua ya se encontraba a poco más de cien metros de su patio. «Esto ya ha superado lo del año pasado y empieza a parecerse a 2010», afirmaba. Entonces, el agua alcanzó más de medio metro en su parcela.

Desalojos y tensión

Sobre las 14.00 horas, la Junta decretó el desalojo de todas las zonas que sufrieron la riada de hace casi 16 años. Aunque inicialmente se planteó de forma escalonada, la evacuación se aceleró ante el crecimiento constante del río, alimentado por los desembalses en puntos como San Rafael de Navallana, Yeguas y, sobre todo, El Tranco, en Jaén. Todo ello ocurrió incluso cuando la lluvia ya había remitido y el viento había perdido fuerza. Aun así, el caudal del Guadalquivir ha continuado engrosándose en ambos extremos de la ciudad. Según la estación del molino de Casillas, el nivel ha rozado los cinco metros, el doble del umbral rojo. A esa hora, las imágenes del dron de la Policía Nacional mostraban decenas de parcelas con varios centímetros de agua, mientras el aeropuerto de Córdoba tenía que cerrar ante una lengua de agua que quedaba a pocos metros de la pista.

Zonas inundables en Córdoba.

Zonas inundables en Córdoba. / CÓRDOBA

Fontanar de Quintos fue una de las primeras urbanizaciones desalojadas. Junto al cordón de seguridad habilitado por la Policía al inicio de la calle, Rafael observaba impotente cómo el agua se aproximaba a las primeras viviendas. «Al principio del día tenía esperanza de que no nos llegara; ahora solo cruzo los dedos y espero que no pase nada», contaba resignado. En su casa, el agua alcanzó metro y medio en 2010. Otros, como Mariano, seguían la crecida a través de las cámaras de seguridad. «Nos han echado sin que el agua llegue a la primera calle. Están exagerando muchísimo», protestaba. Va a pasar la noche en un coche cerca de la urbanización. «No me puedo ir y hacer como si nada».

Alcolea, pendiente de los desembalses

A. J. González

Por las calles llegaban los últimos rezagados, muchos regresando a por lo imprescindible. Marisa volvía con su marido y su hijo para «coger las últimas cosas». Hablaba con calma, pero los gestos delataban la tensión. «Es muy difícil. Son muchos recuerdos. Todo no te lo puedes llevar; solo lo que cabe en un saco... el resto se queda», explicaba.

Rosa regresaba con su marido y su perro, al que inicialmente no habían podido sacar. «Nos han metido mucha prisa cuando el agua aún estaba lejos», decía. Por la mañana pensaban que no desalojarían, hasta que «de repente nos dijeron que venía mucha agua de Jaén». Salieron casi con lo puesto. Dormirían en casa de un familiar y temían que, cuando bajara la adrenalina, llegara el verdadero golpe emocional.

Vecinos conversan con la Policía Local en Fontanar de Quintos.

Vecinos conversan con la Policía Local en Fontanar de Quintos. / A.J. González

En otra de las calles, bajo la atenta mirada de los agentes, un grupo de vecinos conversaba mientras se marchaban con el coche cargado. Uno llevaba a sus dos hijos en el asiento trasero, saludando sonrientes. «Para ellos esto es un juego, una experiencia nueva, pero de juego tiene poco», ironizaba el padre. De nuevo, las comparaciones con 2010 eran inevitables. «No tenemos miedo, sino incertidumbre… y no sé qué es peor», decía otra vecina mientras un agente le pedía que se diera prisa.

Un vecino de Majaneque muestra el aviso de Es-Alert.

Un vecino de Majaneque muestra el aviso de Es-Alert. / A.J. González

Mensaje de Es-Alert

En Majaneque, el desalojo se ha producido más tarde. Poco antes de las 18.45 horas, cuando ha sonado el aviso de Es-Alert alertando de la crecida del Guadalquivir, Raúl Barbero ya tenía tres coches cargados para abandonar su vivienda. Persona con movilidad reducida, el desalojo fue especialmente complicado. «Compramos esta casa en junio y nos dijeron que no estaba en zona inundable. Ahora ves cómo la inversión de toda una vida puede irse al traste», contaba abatido, mientras sus padres cargaban los últimos bultos. Unos metros más arriba, la Policía era clara: «El agua va a llegar. Tienen que salir».

La policía intensifica el operativo en Majaneque

A. J. González

En Guadalvalle, los agentes desplegaron un amplio operativo para asegurarse de que no quedara nadie en la zona. «Con los desembalses, el río va a seguir creciendo», explicaba uno de ellos mientras saltaba cancelas, activaba la sirena y revisaba viviendas. Reconocen que hay vecinos acostumbrados a estas situaciones que minimizan el riesgo y no se marchan hasta que el agua les llega a los pies, aferrados a sus casas por miedo a robos o por sus animales. «¿Cómo voy a dejar aquí a mis animales y mi vida entera tan fácilmente?», protestaba uno de ellos.

La tensión también se hacía notar en los accesos a las urbanizaciones. Muchos vecinos no estaban en casa cuando se ordenó el desalojo e intentaron regresar para recoger pertenencias, topándose con controles policiales. «Vivo a un kilómetro del río. Ni siquiera he podido entrar en mi casa», se quejaba uno. Marina, por su parte, cree que «desde la dana se curan en salud». «Entiendo la prevención, pero nos están echando sin que el agua haya llegado ni siquiera a la primera calle», criticaba.

Los vecinos de Guadalvalle, pendientes del avance de la riada

Manuel Murillo

En Alcolea, el desalojo se ha realizado durante la tarde, con una calma tensa. Los mayores, con gesto serio y pasos acelerados, sacaban maletas de viviendas donde el agua ya entraba por los patios traseros, en puntos como la calle de la Barca. Los más jóvenes parecían no terminar de comprender que su vida puede cambiar de un momento a otro. «Aquí, cuando se forma el tapón entre el Guadalquivir y el arroyo Guadalbarbo…», explicaba Ana María López, señalando el punto crítico.

Junto a la zona de seguridad habilitada en Majaneque, la resignación y la incredulidad se han apoderado de los vecinos. José, apoyado en un poyete, advertía: «Aunque ahora no lleve tanta agua, el terreno está muy débil después de tantos días de lluvia. Puede colapsar en cualquier momento». Marina regresaba con los últimos enseres. «Estamos a flor de piel, pero ¿qué vas a hacer?», se preguntaba. Tras un silencio, añadía, con la voz quebrada: «Dejas los muebles, la televisión, los recuerdos… Pero es mejor formar nuevos recuerdos que no tener ninguno. Más vale dejar tu casa que la vida».

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