Reportaje
La cara B del Mercado Andalusí de Córdoba: artesanos, cetreros y armeros contagian el gusto por la historia
Centenares de personas disfrutan con la comida y hacen sus compras en el mercado mientras el parque de Miraflores acoge la recreación de un campamento cristiano y uno árabe

A. J. González

El Mercado Andalusí de Córdoba vive este sábado su día grande. Como en tiempos de Al Andalus, centenares de personas han acudido a la ribera del río para hacer sus compras y degustar los manjares que ofrece esta cita anual de sabores exóticos diversos. Entre exhibiciones de lanzadores de cuchillos, batucadas medievales y danzas orientales, los cordobeses pueden acudir al mercado para viajar a Oriente probando un té y una baklava o deleitarse con un buen bocadillo de cerdo asado, rendirse a los sabores griegos, probar un crepe dulce o salado, hacer una larga cola para morder un delicioso bollo preñado o atacar torreznos picantes sin gluten. La oferta gastronómica da para todos los gustos, da igual que uno sea vegano, celíaco, vegetariano, carnívoro o de todo un poco a la vez. La bebida también invita a probar sabores nuevos, ya sea una ración de hidromiel o una cerveza con pétalos de rosa, con flores de jamaica o con birra mate.
Mientras los curiosos olisquean las cremas de caléndula, las velas aromáticas con forma de pastelito "que no engordan", los jabones y saquitos térmicos, cada cual se plantea dónde gastar su dinero. Hay mucho donde elegir y estímulos de todo tipo.
En el mercado hay un lugar donde lo importante no es comprar sino escuchar. Se encuentra junto a la zona infantil, en el parque de Miraflores, donde se concentran las atracciones de los niños, movidas por forzudos. Ahí está la noria de madera, que funciona sin electricidad, la barca vikinga empujada por un joven musculoso, las camas elásticas y el tiovivo movido a pedales. 4 euros por paseo con bonos de 3 por 10 euros y 4 por 12 euros.

La segunda jornada del Mercado Andalusí, en imágenes / A.J.González
La cara B del mercado
Detrás de las atracciones, los más observadores encontrarán unas tiendas que en realidad recrean un campamento de asedio cristiano y otro árabe. Es la cara B del mercado, donde artesanos, cetreros y armeros ayudan a contagiar el gusto por la historia a los interesados. Félix Casillas es el encargado de ambos campamentos, la persona que relata a los visitantes lo que pueden ver en cada uno. La tienda más colorida es el centro de operaciones de los árabes. Ahí se pueden ver cotas de malla, brigantinas y espadas curvas propias de la época, junto a la zona de artillería que se abre cada día a las once con un cañonazo de pirotecnia de tubo. "La brigantina y cota de malla era más ligera y permitía mejor movimiento a los árabes frente a las armaduras, que eran más duras, pero en lugares con mucho calor, eran muy pesadas", comenta.
"El mercado de Córdoba tiene una cosa buena y es que cada año se dedica a una época diferente, yo he venido en tiempos romanos, renacentista, con los tercios de Flandes, y ahora como andalusí, y por eso los campamentos son distintos", explica Félix, "en esta tierra siempre han vivido las tres culturas y eso se deja ver en cada mercado". En el campamento cristiano, hay armaduras de hierro de las que llevaba la caballería acorazada cristiana y espadas de una mano, de media o mandoble y de dos manos, rectas y con la guarda más ancha, en forma de cruz.

Un niño se acerca a una rapaz en el puesto de cetrería. / A. J. González
Psicólogo amante de las espadas
En esa zona cristiana se encuentra un joven psicólogo cordobés que es amante de las espadas y trabaja en el mercado compartiendo con los niños lo que sabe. Según Pablo Camacho, le gustaron las espadas desde siempre. "Cuando venía aquí siempre salía con una de madera", recuerda, con 15 años, se dio cuenta de que "no solo quería jugar, sino saberlo todo de las espadas" y empezó a practicar "la esgrima y a coleccionar algunas medievales, renacentistas y japonesas", detalla. Cuando lo rodean los jóvenes, les instruye de forma didáctica para que entiendan cómo se usa una espada, qué sentido tenía llevarlas en época andalusí o qué diferencia unas espadas de otras.
Artesano de la madera y taxidermista
A su lado, un artesano de la madera talla un felino, un puma para más señas, con las herramientas de antaño: formones, gubias, sierras, limas y lijas. Se llama José Manuel Carrascal y según cuenta, fue aprendiz de taxidermista durante años. Allí aprendió osteología y muchas técnicas que ahora aplica a la hora de tallar y esculpir. "Mi maestro era un hombre mayor y también utilizaba herramientas antiguas y toscas, hacía taxidermia antigua y luego aprendí técnicas más modernas hasta darme cuenta de que si podía esculpir un animal por dentro también podía tallarlo en madera". Empezó haciendo águilas y halcones y ahora se atreve con todo. "Esta es una madera africana dura", explica, "mi misión aquí es explicar la importancia de los antiguos oficios en la época andalusí, en la que los artesanos viajaban con los campamentos de asedio para arreglar lo que se iba rompiendo".
Puesto de cetrería
Quien sabe mucho de aves es el cetrero, Francisco Miranda, natural de Montilla. Las aves rapaces son una de las mayores atracciones de este tipo de mercados. Esta vez, acude a Córdoba con aves nocturnas y diurnas que él y su equipo adiestran. En concreto, águila real de América, águila calva americana, halcones peregrinos, búhos de varios tipos, mochuelos, una lechuza, un aguilucho ratonero asiático... "Estas aves se emplean para el fomento de la educación ambiental, para el control de plagas en aves y mamíferos y también en los aeropuertos, sobre todo los halcones, que mantienen limpias y despejadas las pistas de aterrizaje de los aviones", señala. Todas viven en semilibertad, en una finca de casi cuatro hectáreas y salen para acudir a los mercados "donde venimos para conseguir el dinero con el que alimentarlas".
Además, colaboran con el Centro de Recuperación de Especies Amenazadas, donde hay rapaces heridas que necesitan cuidados. A su alrededor, adultos y niños piden ver de cerca a las aves. Antes de atenderlos, da un dato para los que tengan curiosidad: "En la Calahorra hay un nido de cernícalo por el que han pasado varias generaciones desde hace veinte años y en la Mezquita-Catedral, hay cernícalos y mochuelos", comenta, asegurando que "las aves rapaces son urbanas y se adaptan a la gente y a los pitidos de los coches, están a gusto entre los humanos".
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