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Tragedia ferroviaria

Unas 1.500 personas llenan la Mezquita-Catedral de Córdoba para recordar a las víctimas de accidente Adamuz

El obispo de Córdoba pide «que se conozca la verdad y que se haga justicia» porque «es un imperativo ético» mientras reconoce el trabajo de sanitarios, bomberos o policía durante la tragedia

Misa en Córdoba por las víctimas del accidente de Adamuz

A. J. González

Noelia Santos

Noelia Santos

Córdoba

Apenas quedaba una silla vacía en el mar de columnas de la Mezquita-Catedral de Córdoba. El principal templo de la Diócesis acogió este sábado una misa en recuerdo de las 46 víctimas del tráfico accidente ferroviario de Adamuz. Se dispusieron hasta 1.500 sitios y prácticamente todos se llenaron. Hasta la Catedral de Córdoba se desplazaron familiares de las víctimas, representantes de todos los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, también protección civil o sanitarios. Representantes de todas las administraciones quisieron también estar presentes en una eucaristía presidida por el obispo de Córdoba y donde la propia ciudad también se volcó con el recuerdo, haciendo incluso cola algunos minutos antes de que abriera la Puerta de las Palmas.

Con el sobrecogimiento que provoca el Coro de la Catedral, con la palabra contenida y la lágrima que no lo conseguía, la Mezquita-Catedral, imponente, se alzó como el espacio en el que seguir llorando a las víctimas del suceso y rezar por aquellos heridos que todavía intenta recuperarse en hospitales de Córdoba y de Huelva.

Como explicó el obispo, la misa celebrada es la de este domingo, trasladada al sábado con motivo de la catástrofe. En su homilía, Jesús Fernández reconoció que, desde el 18 de enero, «muchos rostros se han cubierto de lágrimas», pero aseguró que «buceando podemos encontrar una luz, un rayo de esperanza tal y como nos lo ha prometido el Señor». El primero de esos rayos, añadió, «la fe». Para el obispo, «Dios estaba allí en medio de la noche dando luz, en medio del dolor dando alivio y en medio de la muerte dando la vida eterna».

[En vídeo: así se celebró el funeral por las víctimas de la tragedia ferroviaria de Adamuz]

El prelado habló de la esperanza de las familias para «encontrar a los suyos con vida», del «consuelo» de Policía y bomberos «enjugando las lágrimas» y del pueblo de Adamuz y otros lugares cercanos que «se volcaron en ayudar a las víctimas». Reconoció también la labor de «médicos y sacerdotes».

"Que se conozca la verdad"

El obispo de Córdoba admitió que aún «quedan muchas heridas por curar y sufrimiento por aliviar» y pidió, de forma clara, «que se conozca la verdad y que se haga justicia» porque «es un imperativo ético».

A.J.González Córdoba Misa funeral por los fallecidos víctimas del accidente ferroviario tren de Adamuz

Familiares de las víctimas se abrazan tras la eucaristía. / A. J. GONZÁLEZ

En la eucaristía se leyó la profecía de Sofonías, mientras el salmo responsorial fue cantado por el Coro de la Catedral: «bienaventurados los pobres de espíritu». Se leyó la segunda carta del apóstol San Pablo a los corintios y un pasaje del Santo Evangelio según San Mateo: «Bienaventurados los que lloran porque serán consolados, los misericordiosos porque alcanzarán misericordia, los que trabajan por la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios».

La de la Catedral de Córdoba fue la segunda misa presidida por el obispo Jesús Fernández en recuerdo de las víctimas del accidente ferroviario. La primera fue hace una semana, en Adamuz, cuando se cumplían siete días de un accidente que ha causado una herida profunda en el municipio y en toda la provincia. Este domingo ya habrán pasado dos semanas desde aquella fatídica hora, las 19.43 de un 18 de enero donde el mundo pareció querer mostrar su peor cara y hacerlo desde unas vías que han concentrado las miradas en todos estos días. Han sido 46 las vidas sesgadas por el accidente, una cifra que se multiplica si se contabiliza el dolor de las familias, algunas presentes en la misa de la Catedral de Córdoba. También dos semanas desde que la gente volvió la mirada a Adamuz, un pueblo del Alto Guadalquivir que se movió y removió para ayudar en todo lo posible. Su alcalde, Rafael Moreno, también acudió a la eucaristía, como ya había hecho, lógicamente, en la de su pueblo y esta misma semana en la celebrada en Huelva.

Córdoba quiso así volver a recordar a las víctimas y pedir por la recuperación de los heridos, llenando la Mezquita-Catedral, haciendo colas para donar sangre, llevando mantas, agua y comida a quien lo necesitara. Una herida, la de este accidente, que tardará en cerrar, pero donde todo el mundo, sin duda, pondrá su grano de arena para conseguirlo.

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