Reportaje
El día después de la inundación en Majaneque: "Llevo 30 años viviendo aquí y nunca nos había entrado tanta agua"
Los vecinos afectados por la inundación se quejan de que la CHG acudió hace unos días para decir que el caballete del arroyo estaba roto, pero no se hizo nada / También echan de menos la limpieza de la calle tras lo ocurrido

El día después de la inundación en Majaneque / A. J. González
Agotados y doloridos después de horas achicando agua, fregando y retirando restos de la calle. Los vecinos de la barriada de Majaneque en Córdoba, impactados aún por lo vivido, seguían esta mañana intentando recuperar el aliento tras la inundación que les obligó a poner sus casas patas arriba y a tapiar las entradas a toda prisa. "Todo el mundo levantó un murete en la puerta, pero el agua se coló desde dentro, por los sumideros, las arquetas, por los patios, el inodoro y hasta por las paredes".
Francisca tiene 90 años y ayer lloraba al ver cómo su armario empapado de agua que brotaba de la ducha llenando la casa por dentro. Su hija Merche lo rodeó con edredones para quitarle la humedad y parece que consiguió salvarlo. "No sé cuántos cubos de agua habremos sacado, cuando pasa algo así no te puedes rendir o el agua te come", asegura Merche convencida, "hay un momento en el que no sabes dónde acudir porque ves agua por todas partes". Su madre lleva toda la vida en Majaneque. Francisca se crió allí con sus padres y sigue en la misma casa, que está al lado de la de su hija, construida en altura, por lo que no le ha entrado el agua. La suya es más baja, aunque también se levanta varios centímetros del suelo. "Esto no lo he visto en mi vida, aquí ha llegado el agua más de una vez, pero no como ahora".

El marido de Fina muestra los muebles en alto para evitar que se mojen. / AJ González
Su vecino Julio, que vive a unos metros de ella, confirma su impresión. "Yo llevo 30 años viviendo en mi casa y nunca había entrado tanta agua", afirma, "han dejado el arroyo lleno de basura y nos ha entrado agua por los dos lados de la calle". La pesadilla empezó por la mañana "y hasta las diez o las once estuvimos limpiando", explican los vecinos, "paramos porque estábamos rendidos, sin resuello". Julio, viudo de 63 años, ha dormido sobre su cama "empapada en agua, con todo rezumando humedad, porque no tengo otro sitio donde ir", comenta, "no tengo luz porque cada vez que la enciendo salta el automático y no puedo hacer comida, así que hoy tendré que ir otra vez al bar". Su Kawasaki estaba aparcada en el porche. "Le llegó el agua casi hasta el motor, aún no he probado para ver si funciona". Esta mañana ha decidido descansar. "Me duele todo el cuerpo de ayer y por más que limpio no se nota porque sigue saliendo agua de las paredes y del suelo".
Pepi y Felipe viven en Majaneque desde hace 19 años con su perro Panceta. "El arroyo se ha roto", explica Pepi, "por eso esta es la segunda vez que se anega la calle en unos meses, la otra fue en noviembre y aún estamos esperando que nos pague el seguro los daños". Julio se queja de que su seguro, al informar de lo ocurrido, lo deriva directamente al Fondo de Compensación. "¿Para qué pago un seguro?", se pregunta, "a un vecino le han dicho que han caído menos de 35 litros (ayer se recogieron 31) para que se considere catástrofe que es lo que le cubre". Otros no tienen seguro.

Una vecina muestra la marca que ha dejado el agua en el interior de su casa. / AJ González
Fina y su marido hicieron obra hace unos años y subieron la casa unos centímetros por si había una inundación. Además, tiene la cocina en alto, con dos escalones, pero su casa se llenó de agua ayer. "Salía por todas partes, tapar la puerta solo servía para que no entrara agua por ese lado, pero seguía entrando igualmente, por el suelo se filtraba para arriba". Por eso subieron todos los muebles que pudieron en alto y hoy siguen secando el suelo y recomponiendo las estancias. "En la cochera, sellamos la entrada con yeso, pero el agua cubrió parte de las lavadoras, aún no la he puesto para ver cómo va". Las puertas de las casas se han hinchado y algunas no se pueden cerrar. De todas formas, la mayoría no ha hecho todavía recuento de los daños que han sufrido.

Francisca, de 90 años, mantiene tabicada su puerta tras lo ocurrido ayer. / CÓRDOBA
Todos se quejan de que los bomberos y la policía acudieron "solo por si había que rescatar a alguien", pero "nadie se ofreció a echarnos una mano, a ayudarnos a sacar agua, estaban subidos en una fuente para no ensuciarse los zapatos", asegura Xenia en una de las casas, "yo no me lo podía creer, nos hemos visto solos". Afortunadamente, hubo muchos vecinos cuyos hijos y familiares acudieron en su ayuda. "No dábamos a basto para sacar agua de las casas y los bomberos nos decían que no lo hiciéramos porque iba a entrar otra vez", relatan. Tampoco han ido a limpiar la calle. "Nosotros estamos recogiendo los restos de forraje acumulado porque si vuelve a llover, las alcantarillas se atascarán de nuevo y por aquí no viene nadie".
"Hace cinco días vino la CHG y dijo que el caballete estaba roto"
De una de las casas, sale un joven en batín para denunciar la situación: "Hace cinco días vinieron de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir para ver el arroyo, nos dijeron que el caballete estaba roto y que podía dar problemas, pero no hicieron nada", sentencia.
En el arroyo, esta mañana estaban trabajando operarios del Ayuntamiento de Córdoba, del área de Infraestructuras, realizando "una actuación de urgencia" en la zona mientras interviene la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, que tiene las competencias. En concreto, tras la evaluación de las causas del desbordamiento realizado ayer por un equipo de la Delegación de Infraestructuras, junto con técnicos de Emacsa, para evaluar las causas del desbordamiento y poner en marcha soluciones para contener el agua que se realizará con una escollera de bloques de hormigón y sacas de arena. Tal y como informó ayer el Consistorio, la inundación en Majaneque se debió al desbordamiento del arroyo La Canchuela, al parecer por una rotura en la zona de encauzamiento. El agua cruzó la carretera CH2, a la altura de la gasolinera, y llegó a las viviendas.
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