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Tragedia ferroviaria

Accidente de trenes de Adamuz (Córdoba): la colisión que convirtió un domingo cualquiera en una herida colectiva

19.43 horas, dos trenes descarrilan en Córdoba y un pueblo entero queda suspendido en una vigilia que aún no termina, con 45 familias rotas y muchas preguntas abiertas

Así han quedado los trenes tras el accidente de Adamuz

Manuel Murillo

Fabiola Mouzo

Fabiola Mouzo

Córdoba

La noche del domingo pasado quedó grabada en la memoria colectiva de España y, de manera especialmente dolorosa, en la de Andalucía. A las 19.43 horas, la normalidad de Adamuz, un pueblo tranquilo de 4.000 habitantes en la provincia de Córdoba, se quebró de forma abrupta. Se instaló el horror. La noche, hasta entonces fría y tranquila, se llenó de luces azules intermitentes, de sirenas que rasgaban el silencio y de carreras desesperadas contra el tiempo.

En el Centro de Regulación de Circulación (CRC) de Adif aún no se alcanzaba a comprender la magnitud de lo ocurrido. Pronto se sabría que el tren Iryo 6189, que había partido de Málaga con destino a Madrid, descarriló y que, apenas unos segundos después, el Alvia 2384, que viajaba desde Madrid hacia Huelva, colisionó con este. Cuando llegaron al lugar, sanitarios, bomberos, Guardia Civil, policías y efectivos de Protección Civil trabajaron sin descanso para atender a los heridos y asegurar la zona. El tráfico ferroviario quedó interrumpido y, poco a poco, Adamuz, Córdoba y toda Andalucía comenzaron a tomar conciencia de la dimensión de una tragedia que, desde ese momento, pasaría a formar parte de su historia.

Las familias de más de 500 viajeros intentaban ponerse en contacto con sus hijos, madres, padres, parejas, amigos... En muchos casos no hubo respuesta al otro lado del teléfono. Comenzaban a circular fotografías de desaparecidos en redes sociales. Se impuso de pronto la confusión, el estruendo, la angustia y el desconcierto.

Primeros heridos en la caseta municipal de Adamuz, el día del accidente.

Primeros heridos en la caseta municipal de Adamuz, el día del accidente. / Manuel Murillo

Los servicios de emergencia se encontraron con un escenario de enorme confusión, en un lugar oscuro, de difícil acceso, donde todos los esfuerzos estuvieron centrados en salvar vidas, atender a los heridos, trasladarlos a los hospitales o llevarlos a un lugar seguro y darles cobijo. A medida que se incorporaron más medios, los trabajos comenzaron a dividirse y a agilizarse en ambos trenes siniestrados. En el hospital Reina Sofía de Córdoba se activó todo el personal posible, en previsión de lo ocurrido. Se creía que podían llegar cientos de heridos, y así fue. La noche sería una de las más largas de la historia de la provincia.

No son cifras, son personas

Con las trágicas noticias, las familias comenzaron a movilizarse. De Huelva, de Madrid, de Málaga, en coche, en autobús, en taxi, en BlablaCar, en avión. El servicio ferroviario se mantiene interrumpido y permanecerá así un tiempo. Era apenas el principio de una pesadilla para las 45 familias de los 45 desaparecidos denunciados y que fueron hallados tras varios días de labores en el entramado retorcido de hierros en el que se convirtieron algunos vagones de los trenes siniestrados, sobre todo del Alvia.

Los heridos trasladados al hospital Reina Sofía de Córdoba.

Los heridos trasladados al hospital Reina Sofía de Córdoba. / Víctor Castro

Pero no son cifras. Son personas, madres, padres, abuelas, trabajadores, estudiantes, niños. Es la familia Zamorano Álvarez y esa niña de 6 años, Cristina, que caminaba asustada por las vías; son Óscar Toro y María Clauss, referentes del periodismo onubense; es Nati, la abuela de Huelva que llevó a sus nietos a ver el musical de El Rey León; Pablo B., el joven maquinista del Alvia apasionado por la fotografía; David Cordón, exjugador de los filiales del Sevilla FC y el Recre; Mario Jara, el opositor cordobés que murió el día de su cumpleaños; Ricardo Chamorro, funcionario de prisiones en Huelva y preparador de opositores, como Andrés Gallardo, que también acompañaba a sus alumnos.

Es Mari Carmen Abril, la socióloga cordobesa amante de la música; Antonia Garrido, trabajadora de ayuda a domicilio en Huelva; Agustín Fadón, el camarero del Alvia que esquivó la muerte en Angrois; Jesús Saldaña, el joven cardiólogo malagueño que trabajaba en La Paz de Madrid; Samuel, un policía nacional cordobés destinado en Madrid y padre de un bebé; Julio Son, el leonés que hizo del baile y la salsa su vida; Víctor Luis Terán Mita, un boliviano que eligió Huelva como hogar. Son Manoli y Esther; Miriam Albarico; Pepi y Ana; Rafael Millán; José María Martín y Eduardo Domínguez; Tamara Valdés; María Luisa Eugui; Trinidad; Enedina y María Eugenia Gallego.

La atención a las familias

Las historias de muchos de ellos inundaron telediarios, periódicos y redes sociales. Muchos de sus familiares clamaban desesperados por hallarlos. La espera se tornó espesa y agotadora. El centro cívico de Poniente Sur, en Córdoba capital, se convirtió en el epicentro del trabajo con las familias. En ese lugar fue clave la atención psicológica brindada por el equipo de Cruz Roja, de la Diputación de Córdoba y del Colegio de Psicología de Andalucía, así como por sanitarios del 061, que estuvieron acompañándoles y tratando de aliviar su dolor. El accidente superó el ámbito local y se instaló en la conversación pública de España y del mundo, con cientos de medios de comunicación en todos los idiomas moviéndose entre Adamuz y Córdoba.

El Ayuntamiento de la capital cordobesa, con 300 trabajadores municipales y el equipo de gobierno al completo, tomó así las riendas de la atención a unas familias hasta entonces desamparadas. Se coordinó alojamiento, traslados, alimentación y atención en general en un escenario nunca antes visto en la ciudad. A ellos se sumaron 260 trabajadores y voluntarios de Cruz Roja y también la Diputación Provincial y la Junta de Andalucía, presentes en la zona del siniestro día y noche.

Maquinaria pesada en el lugar de los hechos.

Maquinaria pesada en el lugar de los hechos. / Manuel Murillo

En paralelo, los trabajos no se detenían. Maquinaria pesada desguazaba los vagones para hallar al resto de víctimas. Tampoco lo hacían en el Instituto de Medicina Legal (IML) de la Ciudad de la Justicia de Córdoba, donde 27 forenses trabajaban a destajo para identificar los cuerpos que iban llegando lo más rápido posible y poder, entonces, dar respuestas a los familiares. Para algunos, esas horas y esos días se tornaron una eternidad. Se recogieron muestras de ADN en varias provincias y el registro civil de Montoro amplió su horario para autorizar a las funerarias los traslados y enterramientos de las víctimas.

La visita de los reyes a la zona del siniestro.

La visita de los reyes a la zona del siniestro. / Manuel Murillo

El rey Felipe VI y la reina Letizia visitaron Adamuz, el hospital Reina Sofía y el propio centro cívico el martes. En el hospital, los reyes se encontraron con algunos de los heridos y, en el lugar de la tragedia, conocieron a los vecinos de Adamuz que intervinieron en el rescate en los primeros momentos, esos que son también parte de los héroes de esta historia y para los que varias iniciativas ciudadanas piden la Medalla de Andalucía o el Princesa de Asturias.

Un pueblo en vigilia

Adamuz vivió aquellas horas suspendida en una vigilia colectiva. El pueblo, acostumbrado al ritmo lento de los domingos, pasó de la quietud al desvelo en cuestión de minutos. Nadie sabía con exactitud qué había ocurrido, pero todos intuían que era grave. Algunos vecinos, como Julio y su amigo José, Gonzalo y su quad o el propio alcalde, Rafael Moreno, se acercaron una y otra vez a las inmediaciones del siniestro; otros ofrecieron sus vehículos, sus propias viviendas, mantas o simplemente compañía. En un municipio pequeño, donde casi todos se conocen, la tragedia no era ajena: se sentía como propia, como si cada víctima llevara un apellido familiar.

¿Qué pasó esa noche?

La investigación se puso en marcha con cautela. La lleva el Juzgado de Instrucción número 2 de Montoro, que estaba de guardia, y también la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), el Ministerio de Transportes y el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil. No hay respuestas claras, solo la certeza de que el proceso será largo. Se habla de seguridad, de infraestructuras, de prevención. Se formulan preguntas y conjeturas mientras los trabajos técnicos comienzan a avanzar. Cada dato cuenta. Cada detalle importa.

La fotografía de la rotura de la vía.

La fotografía de la rotura de la vía. / Guardia Civil

Las fotografías de la rotura de la vía difundidas por la Guardia Civil ya arrojan algo de luz, aunque en ese momento no se sabía si eran causa o consecuencia. Se publicaron los audios de la caja negra del Iryo y, lejos de aportar certezas, generaron más preguntas. Adif recreó entonces una cronología de los hechos. A las 19.45.02, el Centro de Regulación de la Circulación recibió la primera llamada del maquinista del tren Iryo, que informó de un enganchón con la catenaria. Ante la falta de respuesta del maquinista del Alvia, el CRC intentó contactar con él en dos ocasiones sin éxito. Posteriormente, a las 19.49.33, se contactó con la interventora de ese tren, que informó de que había sufrido un golpe en la cabeza. Habían pasado seis minutos desde el accidente.

Dos segundos después, a las 19.49.35, el maquinista del tren Iryo realizó una segunda llamada en la que comunicó que se trataba de un descarrilamiento, con invasión del gálibo de la vía contigua, la existencia de un pequeño incendio y la presencia de heridos, solicitando el corte del tráfico en sentido Sevilla. En ningún momento de esa llamada se informó de una colisión con el tren Alvia.

La rotura de la vía antes de pasar el Iryo centra ahora las investigaciones sobre el siniestro

Los bomberos de Córdoba aseguran que fueron los primeros en llegar y actuar en la zona del tren Alvia, un escenario de horror. Lo hicieron a las 21.21 horas, 40 minutos después de ser avisados y una hora y media desde el momento en que se registra el accidente, que Adif sitúa en torno a las 19.43 horas. Antes de la llegada de los bomberos de Córdoba capital ya había servicios de emergencia activados en el lugar, como la Guardia Civil y el Consorcio Provincial. Fueron los propios agentes de la Guardia Civil, Ángel Ayala y Arturo Carmona, quienes descubrieron, al ver gente caminando por las vías con las luces del móvil, que había otro tren siniestrado. Para ellos, «hay imágenes que no se borran. Fue horrible, era el tren del terror».

La investigación

El informe preliminar de la CIAF, publicado el viernes, ha situado a una rotura en la vía como el causante del descarrilamiento del tren Iryo y el impacto con el convoy Alvia de Renfe y sostiene que las muecas encontradas en los bogies de varios de los vagones del Iryo y de los trenes que circularon con anterioridad al accidente por el tramo de Adamuz, además de las deformaciones en el carril, «son compatibles» con que la vía estuviese fracturada antes del paso del tren que perdió el control, pero insiste en que estas hipótesis «deben ser corroboradas por cálculos y análisis detallados».

Dos hermanos menores de edad abandonan el hospital Reina Sofía.

Dos hermanos menores de edad abandonan el hospital Reina Sofía. / Víctor Castro

Horas después, el ministro de Transportes, Óscar Puente, que rechaza dimitir tras el accidente, dejó caer que el suceso era algo impredecible. Junto al presidente de Adif, Pedro Marco de la Peña, hizo una detallada lista, muy técnica, de las evaluaciones y del calendario en el que se produjeron. Explicó que se realizaron controles con ultrasonido en las 114 soldaduras del raíl, además de pruebas dinámicas y geométricas. En ningún caso se detectaron fallos y aseguró que «no había ninguna señal que indicara que se debía hacer nada en ese tramo». Antes, Puente ya había rechazado que el accidente se debiera a falta de mantenimiento, inversión o a vías obsoletas, y afirmó que el tramo afectado había sido renovado recientemente, con una inversión de cientos de millones de euros, y que había superado varias inspecciones sin detectar anomalías.

Limitaciones a la velocidad

En paralelo a la investigación del accidente, Adif ha aplicado limitaciones temporales de velocidad en varios tramos de la red de alta velocidad. En la línea Madrid–Barcelona se han impuesto restricciones de hasta 160 kilómetros por hora en más de 150 kilómetros repartidos en una decena de puntos. También se han aplicado reducciones puntuales en la línea Madrid–Valencia y en un tramo de la línea Madrid–Zaragoza, tras avisos de posibles defectos en la vía detectados por maquinistas.

Los trabajadores ferroviarios han mantenido movilizaciones y jornadas de huelga para reclamar mejoras en las condiciones laborales y en la seguridad del servicio. Los sindicatos defienden que el suceso de Adamuz pone de relieve carencias estructurales del sistema ferroviario y la necesidad de reforzar medios humanos y técnicos.

A la espera de certezas, Adamuz guarda luto y memoria, consciente de que el tiempo no borra, pero debería ayudar a entender. La primera semana se cierra con muchos frentes abiertos, pero con una certeza compartida: la necesidad de respeto, prudencia y verdad.

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