Dos semanas después de la captura de Nicolás Maduro
La comunidad venezolana en Córdoba analiza la situación con cautela: «Aunque todavía estemos en un túnel oscuro, hay una luz»
Los residentes del país latinoamericano en la provincia coinciden en que ni la economía, ni el petróleo, ni la reconstrucción están ahora por encima de la excarcelación de los presos políticos y el cese de la violación a los derechos humanos

A. J. González

La noticia más esperada para millones de venezolanos llegó el pasado 3 de enero, aunque no trajo un alivio pleno. Todavía hay una mezcla de emociones: felicidad, rabia, frustración y miedo. La intervención internacional no se traduce aún en justicia ni en libertad plena, pero los venezolanos que hacen vida en Córdobareconocen que las transiciones no son fáciles ni rápidas, ni a la medida, y mantienen la esperanza de que, poco a poco, la situación se normalice y pueda dar paso a unas elecciones limpias y justas.
Para la comunidad venezolana no hay ahora mismo nada más urgente. Ni el petróleo, ni la economía, ni el hambre, ni la reconstrucción están por encima de la excarcelación de los presos políticos. En eso coinciden todos. «Cuando se está hablando de la vida de seres humanos, todo lo demás tiene que quedar en segundo plano», expresa Ninoska Schulz, que lleva en Córdoba más de 22 años y fue presidenta de la Asociación de Venezolanos en Córdoba.
Ahora mismo son muchas las familias que llevan tiempo esperando, pernoctando fuera de los centros de reclusión del país. «Es muy cruel hacerles esperar todo este tiempo». De hecho, hay muchos que ni siquiera saben dónde está su familiar. Son desapariciones forzosas, una práctica que el chavismo suele aplicar con sus adversarios. María Araque, abogada y licenciada en Ciencias Fiscales que lleva ocho años viviendo en Córdoba, tiene un amigo preso del que «no sabemos ni siquiera si se encuentra con vida». José Riera es uno de los presos invisibles del chavismo: fue detenido hace casi seis meses y su familia no conoce su paradero. «Esto va a ser como una caja de Pandora cuando sepamos realmente dónde están todos», agrega Schulz, pero para Araque al chavismo «no le conviene que salga información de lo que han vivido en las cárceles».

Ángel Sanoja, un joven abogado venezolano que vive en Córdoba desde hace siete años. / A. J. González
Hasta el cierre de esta edición, el chavismo contabilizaba más de 400 excarcelaciones, aunque sin publicar un listado verificable de nombres, mientras las cifras de las distintas oenegés de derechos humanos están entre los 100 y 116 excarcelados, muchos de ellos con medidas cautelares, es decir, sin plena libertad.
Controlados
En el interior del país el control social del régimen sigue intacto y el miedo continúa. «Creo que nos van a causar el mayor dolor posible todo el tiempo que puedan», agrega Ninoska, que asegura que «se celebra de puertas para adentro», porque con el estado de conmoción declarado por el Gobierno, los cuerpos de seguridad y los conocidos como colectivos -grupos armados a la orden del chavismo- revisan los teléfonos móviles de la gente en busca de un mínimo indicio de celebración de la intervención de Trump para detenerlos por traición a la patria. «La gente no puede compartir nada, ni memes ni opiniones. Hay colectivos pidiendo el teléfono por la calle», indica Nacho Papote Pérez, venezolano afincado en Córdoba desde el año 2001.
La transición
Aunque no es la transición ideal, muchos venezolanos entienden que se está haciendo de forma progresiva para evitar más violencia y que «no haya un derramamiento de sangre», porque, además de los grupos paramilitares, hay «un ejército totalmente polarizado» que controlan ahora Delcy Rodríguez, su hermano Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello, quienes han quedado al frente del país desde la intervención de Donald Trump, al que ahora rinden cuentas, aunque a medias y con contradicciones. «Ellos siguen siendo lo que son: unos delincuentes, y van a aguantar todo lo que puedan», considera Schulz.
María Araque siente «que se ha dado un paso importante, pero es solo un primer paso», y asegura que «el escenario que estamos viviendo no nos lo habíamos planteado nunca, pero, pensándolo en frío, creo que fue una estrategia positiva, sobre todo para mantener controladas a las fuerzas armadas», porque «nos guste o no, ellos tienen las armas».

Nacho Papote Pérez posa con un cartel en contra de Nicolás Maduro durante una manifestación. / CÓRDOBA
Papote Pérez insiste en una palabra: prudencia, y reconoce sentirse «igual de contento que el primer día», pero consciente de que el proceso que se ha abierto en Venezuela será largo y complejo. «No podemos pretender que un problema con más de dos décadas se resuelva en una semana. Esto va a llevar mucho tiempo, van a suceder muchas cosas que no nos van a gustar, pero tampoco nos gustaba lo que había», aclara. Reconoce que no le agrada que una de las figuras clave en esa transición sea Delcy Rodríguez, a quien señala como una de las responsables de la represión, pero considera que no había alternativas realistas. «No puedes poner a los líderes opositores a gobernar un país donde todas las estructuras siguen siendo chavistas», agrega. Además, existe la convicción de que Venezuela seguirá siendo un objetivo para autoritarismos si no se protege la democracia. «Somos un país muy goloso para muchos dictadores y tenemos que cuidar mucho quién entra en política», afirma Ninoska Schulz.
Los venezolanos en Córdoba esperan que el proceso desemboque en elecciones limpias
Ángel Sanoja, un joven abogado de 28 años, lo explica con una metáfora: «Vivía Venezuela como un túnel completamente sellado, sin salida, y ahora seguimos en un túnel, pero hay una luz que no sé si está cerca o lejos, pero sé que existe, y eso me da esperanza». Ángel se identifica con una generación marcada por la escasez y el colapso del país, lo que lo hizo salir hace siete años y aterrizar en Córdoba para volver a estudiar y hacer una nueva vida. Espera que todo el proceso derive en elecciones libres, con observadores internacionales, la participación real de la oposición y un Consejo Nacional Electoral «que nos brinde garantías».
El papel de España
El papel que está jugando el Gobierno de España en esta situación es también un punto de discusión para los venezolanos. «Yo no quiero hablar de España como gobierno, sino de España como gente, y el calor de los españoles lo he sentido siempre», dice Ninoska, mientras considera que «el Gobierno ha mirado hacia otro lado durante muchos años».

Manuel Murillo
Ángel, por su parte, critica que los presos políticos españoles deban cumplir en territorio español con medidas cautelares impuestas por Venezuela. «No existe ninguna jurisdicción que permita eso», y se pregunta «quién está velando porque esas medidas se cumplan aquí». Para él, «el Gobierno español no ha querido comprender lo que significa esto y ha abandonado su papel histórico como país hermano».
Sanoja considera que, aunque «no es la prioridad ahora», la justicia no solo debe llegar a la cúpula chavista, sino también «a sus colaboradores y a quienes los sostuvieron todos estos años en los que se han explotado nuestros recursos sin saber para quién».
María Araque detecta incomprensión y dudas más que rechazo. «Hay posturas muy divididas por falta de información; muchos no entienden el contexto, pero ahora hay más interés por preguntarnos». Por otro lado, Nacho Papote asegura que «la izquierda radical es un grupo muy predecible. No me sorprende que defiendan a un dictador de izquierda; me parece nefasto y vomitivo, pero no me sorprende», y muestra su preocupación por un sector que, considera, «opina desde la desinformación, influenciado por discursos que niegan la realidad de lo que ha sido el régimen venezolano».
Para él, «hay un antiamericanismo muy arraigado y eso dificulta que se entienda por qué esto ha sido positivo para Venezuela», independientemente de que haya intereses de por medio. «Si un efecto colateral de eso es la caída de un dictador y la liberación de un país secuestrado, bienvenido sea», y critica que cuando ellos, como venezolanos, han intentado hablar sobre su situación «siempre sale el cuento del petróleo, como si los venezolanos no lleváramos décadas pagando un precio brutal por ese régimen».
El exilio
Muchos de ellos creen que el exilio ha generado una ciudadanía más consciente y vigilante. «Hemos aprendido a ver la política de otra manera y ahora sabemos que un país puede funcionar sin corrupción», y que la diáspora que decida regresar a su país va a jugar un papel importante en la tan esperada reconstrucción, con «personas preparadas, con estudios y experiencia», agrega Ángel Sanoja.
La comunidad asume que el proceso será largo, complejo y lleno de concesiones
El retorno a Venezuela es una herida abierta para muchos desde hace años, marcada por pérdidas familiares y despedidas que nunca pudieron producirse. «La unión familiar significa mucho para el país y emocionalmente es clave para la reconstrucción», dice María Araque, y aunque muchos no se plantean volver para vivir, sí esperan poder hacerlo con una normalidad que hasta ahora ha sido impensable. Quieren que sus hijos conozcan y también estén conectados con su origen.
Si este reportaje se repitiera dentro de un año, los venezolanos en Córdoba coinciden en que les gustaría estar hablando de elecciones libres, del cese de la represión, del comienzo de la prosperidad, de «una vida normal», y que «ojalá podamos estar contando esto sentados en una playa del Caribe en Venezuela». Ojalá.
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