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Reportaje

«Es la primera vez que sentimos que algo puede cambiar»: la comunidad venezolana en Córdoba vive horas de tensión y, sobre todo, esperanza

Venezolanos residentes en Córdoba reaccionan con alegría, aunque con cierta prudencia, ante las noticias llegadas de su país, en una jornada marcada por la incertidumbre, los rumores y la esperanza de un cambio político

Protesta de la comunidad venezolana en Córdoba en enero de 2025.

Protesta de la comunidad venezolana en Córdoba en enero de 2025. / A. J. González

Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Córdoba

«Es un día de mucha alegría, pero no sabemos aún qué va a pasar». Con el corazón en un puño y el móvil en la mano, así ha vivido la comunidad venezolana en Córdoba una jornada en la que la historia se acelera de golpe. Las informaciones que llegaban desde su país —caóticas, fragmentarias, difíciles de confirmar— hablaban de bombardeos en Caracas y de la posible captura del presidente Nicolás Maduro. Una noticia largamente soñada que marca un antes y un después para millones de venezolanos dentro y fuera del país. «Es la primera vez que sentimos que algo puede cambiar», explican.

Hay momentos en los que un pueblo vive en apenas unos días lo que no había ocurrido en décadas. Eso es lo que, desde hace unas horas, muchos venezolanos sienten que está pasando en su país. Con Venezuela sumida en una incertidumbre absoluta, buena parte de la diáspora interpreta estos movimientos como la primera grieta real en un régimen que consideran ilegítimo desde hace años. Sin embargo, junto al alivio emerge también el miedo: temen que el chavismo, antes de caer —casi como un canto del cisne—, responda con una nueva oleada de represión sobre una población que, insisten, «no puede más».

La comunidad venezolana en Córdoba

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), a 1 de enero de 2024, la comunidad venezolana en la provincia de Córdoba es una de las más numerosas procedentes de Latinoamérica. En apenas tres años, el colectivo prácticamente se ha duplicado: de 757 residentes en 2021 ha pasado a 1.471 en 2024, cifras a las que habría que sumar a quienes ya cuentan con nacionalidad española y no figuran en estos registros. Se trata, además, de una comunidad especialmente activa, que en los últimos años ha protagonizado concentraciones y protestas en la ciudad contra la detención de María Corina Machado y las irregularidades denunciadas en las últimas elecciones presidenciales.

Una mujer durante la concentración de venezolanos en la plaza de Las Tendillas en enero de 2025.

Una mujer durante la concentración de venezolanos en la plaza de Las Tendillas en enero de 2025. / A. J. González

«Llevamos esperando esta noticia muchísimo tiempo»

Ninoska Schulz, vicepresidenta de la Asociación de Venezolanos en Córdoba (Asonvecor) y residente en la ciudad desde hace 23 años, explica que la jornada de ayer estuvo marcada por emociones contenidas. «Llevamos esperando esta noticia muchísimo tiempo. Es la primera vez que sentimos que algo puede cambiar», afirma. No obstante, subraya que la avalancha de vídeos y mensajes recibidos desde primera hora obligaba a extremar la prudencia: «No sabíamos qué era cierto y qué no, ni de dónde venían las bombas ni quién las estaba lanzando».

La tensión no remitió hasta que pudo confirmar que su familia, residente en el estado de Zulia —una región industrial del noroeste del país donde también se habían registrado explosiones en días recientes— se encontraba a salvo. «Cuando supe que estaban bien, sentí alivio. Después sí llegó la alegría y la esperanza», reconoce.

Schulz insiste en que aún es pronto para hablar de una caída definitiva del chavismo, pero considera que la detención de Maduro supone «el principio de devolver la democracia». «Los que estamos exiliados queremos justicia, volver a Venezuela y reunirnos con nuestras familias. Con este régimen eso es imposible», sostiene. Sobre la legalidad de una eventual intervención exterior, se muestra contundente: «El Gobierno de Venezuela es ilegítimo desde hace años. Hemos agotado todas las vías pacíficas. Ningún país se ha manifestado tanto como el nuestro y nunca nos escucharon. Ya no quedaban alternativas».

Las imágenes de los bombardeos de Estados Unidos en Caracas, Venezuela

PI STUDIO

Recuerda además que las elecciones de 2024 fueron rechazadas por buena parte de la comunidad internacional y que la población lleva años viviendo bajo un aparato de control y persecución. «Contra una dictadura así no se puede hablar de legalidad; los primeros que están fuera de la ley son ellos», afirma.

Mientras tanto, la situación en Venezuela sigue siendo extremadamente tensa. Su familia se ha preparado para un posible apagón general y apenas sale de casa. «Hay muchísimo movimiento de militares y milicianos. Las calles están vacías, la gente está encerrada y con miedo. Ahora mismo hablar por teléfono de estos temas es peligroso; pueden revisar tu móvil y detenerte», explica.

La esperanza de los recién llegados

La esperanza también se mezcla con el temor entre quienes llevan menos tiempo en Córdoba. Es el caso de David Vergara, un venezolano de 24 años que llegó a la capital hace apenas dos meses y lleva once en España. Confiesa estar «súper contento» y considera que con la detención de Maduro, «se hace justicia». Aun así, lamenta las posibles víctimas mortales de los bombardeos, de los que todavía no hay cifras oficiales.

Protesta de venezolanos en el bulevar de Gran Capitán en una imagen de archivo.

Protesta de venezolanos en el bulevar de Gran Capitán en una imagen de archivo. / A.J. González

Vergara se vio obligado a abandonar su `país por motivos políticos y económicos. Participó en protestas contra lo que califica como «fraude electoral» en las presidenciales y publicó en redes sociales imágenes y mensajes críticos con el régimen. «Eso provocó represión. Recibí muchas amenazas y estuve dos semanas sin salir de casa solo por publicar lo que pensaba», denuncia. Paralelamente, como fisioterapeuta, no veía posibilidad de progreso profesional en un país sumido en una crisis económica permanente. «Quería tener un futuro mejor, y allí era imposible», explica.

Salió de Venezuela en febrero del año pasado, iniciando un proceso que define como «muy duro y solitario» y que reconoce no haber superado del todo. Aunque asegura no compartir la figura ni las formas de Donald Trump, considera que esta intervención era «la única salida para liberar Venezuela». Ahora se muestra esperanzado ante la posibilidad de una transición política, pero teme que, en paralelo, el régimen incremente la represión, corte suministros y se atrinchere a la espera de una reacción internacional.

En su caso, su familia se encuentra a salvo, ya que vive lejos de la capital, aunque también ha comenzado a almacenar provisiones y evita salir de casa. Entre el alivio y el miedo, la comunidad venezolana en Córdoba vuelve a sentir algo que hacía años que no experimentaba: la posibilidad —aún frágil— de que esta vez el cambio sea real.

Fe y paciencia

Marian Hurvina, de 30 años, natural de Maracaibo y residente en Córdoba desde hace dos años —nueve fuera ya de Venezuela—, se enteró de la noticia a las siete de la mañana tras recibir una llamada de su abuela. «Me dijo: “están bombardeando Caracas”», recuerda. En ese instante se levantó de la cama de golpe, con la angustia apoderándose de ella mientras buscaba información compulsivamente. Cuando comprobó que las noticias apuntaban a un ataque directo contra el régimen, la emoción se impuso al miedo: «Me puse muy contenta, no me lo creía», celebra. El alivio llegó poco después, al confirmar que su familia se encontraba bien, y culminó con el anuncio de la detención de Nicolás Maduro.

Hurvina tiene la convicción de que estos hechos abren un proceso de cambio hacia la democracia en Venezuela. «Aún no somos libres, pero es un buen comienzo», subraya. Ahora, dice, toca «tener fe y paciencia». Sobre la intervención militar, se muestra clara: considera que «se ha hecho bien», al tratarse —según sostiene— de ataques dirigidos exclusivamente contra objetivos militares. En ese sentido, señala directamente al Ejército bolivariano como uno de los pilares del sistema represivo. «Han sustentado la represión, han apoyado al régimen y nos han atropellado. Ellos se han prestado a esto», denuncia.

Su relato se vuelve más duro al mirar atrás. «En las protestas de 2017 vi cómo gente caía a mi lado por su actuación», cuenta. Y aun así, en medio de la tensión y con los acontecimientos todavía desarrollándose, Marian ya imagina un futuro distinto: un país democrático en el que se recuerde a quienes fueron represaliados o asesinados por manifestarse pacíficamente. «Desde personas anónimas hasta figuras como Leopoldo López o María Corina Machado», enumera.

Prefiere, sin embargo, cerrar la conversación con un mensaje de esperanza. Su voz sonríe al otro lado del teléfono cuando dice: «Venezuela va a cambiar mucho, ya verán». Ojalá que así sea.

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