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Reportaje

De la Universidad de Córdoba a la élite de la ciberseguridad

Carlos, David, Víctor e Ignacio, estudiantes de Informática, acaban de quedar novenos en un campeonato mundial

Expertos en ciberseguridad 'made in' Córdoba

Víctor Castro

Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

«Entré en este mundo sin tener ni idea... y ahora estamos montando nuestra empresa», señala David Ramírez, quien junto a Carlos Marín, Ignacio Caballero y Víctor Guinea, cuatro compañeros del grado de Informática de la Universidad de Córdoba (UCO), han quedado novenos en la competición internacional de ciberseguridad SnakeCTF 2025, celebrada en Lignano Sabbiadoro (Italia) y en la que participaron más de 800 equipos de todo el mundo.

Hablan con una pasión contagiosa de lo que ya es su forma de vida. «Aquí no se para, de lunes a domingo estamos con esto», resume su profesor Juan Carlos Gámez, coordinador del Aula de Ciberseguridad y Redes, donde comenzaron a introducirse en esta «locura». El espacio nació hace quince años impulsado por el profesorado y que organiza actividades, charlas y encuentros con empresas para mostrar la dimensión real del sector.

Entre tecnicismos como CTFs, Osint o pawn intentan explicar todo con naturalidad. Derrochan entusiasmo por un ámbito tan complejo como esencial en el día a día de la gente. Coinciden en que falta más formación y mayor impulso institucional: «Faltan conocimientos y espacios donde acercar a la gente a este mundo». Mientras siguen compitiendo, ya imaginan un futuro que pasa no solo por la UCO, sino también por su propia empresa. Desde ella quieren desarrollar tecnología para empresas y competiciones, extender este mundo y sobre todo a poner sus capacidades al servicio de quien las necesite.

De la UCO al top mundial

El aula fue su punto de encuentro. Algunos, como David, llegaron movidos por la competición; otros, como Ignacio, por la curiosidad y las ganas de «descubrir cosas y metodologías nuevas». Tras 85 competiciones en apenas dos años y medio, lograron clasificarse para la fase final del mundial. Allí trabajaron con una veintena de estudiantes de todo el país. «Son competiciones muy duras, de 48 horas y con 30–35 retos», explica David, fundador y capitán del equipo, que esta vez no pudo viajar. Para prepararse recurren a webs especializadas, tutoriales... pero también, remarca Carlos, «a tus ganas de aprender y ser proactivo». Su profesor recuerda que estas pruebas, aunque parezcan alejadas de la formación reglada, «enganchan muy bien con las bases que ya tienen de la carrera». En Lignano compitieron de diez de la mañana a dos de la madrugada. «Es agotador», añade Víctor, «pero es lo que nos gusta».

David Ramírez y Víctor Guinea junto a su profesor José Ángel.

David Ramírez y Víctor Guinea junto a su profesor Juan Carlos / Víctor Castro

Para entender qué hacen, conviene saber cómo se estructuran estas pruebas. Carlos lo resume en una palabra: «intensas» El trabajo en equipo es esencial. Cada uno coordinaba presencialmente una de las cuatro categorías, en comunicación constante con hasta 17 integrantes online.

Las categorías son: Pawn: (Carlos) análisis de cómo está construido un programa o web, búsqueda de errores ocultos y explotación de fallos para lograr acceso o provocar acciones no previstas. Reversing (Ignacio): estudio del funcionamiento interno de un programa a partir de archivos compilados para modificarlo o descifrar su lógica. Web (Víctor): localización y explotación de vulnerabilidades en páginas hasta escalar privilegios y acceder al servidor. Criptografía (David): cifrados, algoritmos y desafíos matemáticos para romper protecciones y encontrar mensajes ocultos. «Nos pasa que tratamos de explicarlo y parece que hablamos otro idioma», bromean. Los cuatro coinciden en que la ciberseguridad «es más importante que nunca», pero lamentan que desde los colegios e institutos no se hable de ella ni se incentiven vocaciones. En otros países, sobre todo en Europa o Asia, los CTF son habituales desde edades tempranas y están integrados en programas educativos. No obstante, celebran los avances en ciberseguridad a nivel mundial en los últimos años, aunque recalcan: «Queda mucho y la IA va a suponer nuevos retos».

Acercar la ciberseguridad

De esa mezcla de pasión y vocación formativa nació Caliphal Hounds, la empresa que han creado. El objetivo, explica Ignacio, es seguir compitiendo y trabajando juntos, pero también «reivindicar la competición como herramienta de divulgación». Para ello, la formación es clave. El idioma supone un obstáculo para muchos estudiantes: «No es solo que esté en inglés; es que algunos retos están incluso en chino», apunta Víctor. Por eso ya colaboran con universidades y empresas para organizar talleres, competiciones y materiales accesibles.

El equipo observa la agenda de las terceras jornadas de ciberseguridad de la UCO.

El equipo observa la agenda de las terceras jornadas de ciberseguridad de la UCO. / Víctor Castro

También están subiendo cursos gratuitos a internet, rescatando el espíritu altruista del «primer internet»: compartir conocimiento de manera altruista para que otros aprendan. «Si las competiciones de ciberseguridad crecen, nosotros lo hacemos con ellas», resume David. Paralelamente, quieren desarrollar herramientas para competiciones y soluciones tecnológicas para empresas. «Un poco de todo», ríen.

Durante toda la conversación, Juan Carlos no esconde su orgullo. «Tienen un potencial enorme, son un orgullo para mí», afirma. Su deseo es que sigan vinculados a la UCO —en un máster, un doctorado— y que desde ahí «vuelen».

Aún hablan del futuro como quien mira un horizonte lleno de posibilidades, pero ya han demostrado que el talento no entiende de edades ni de recursos: basta con pasión, constancia y un equipo que crea en lo que hace.

En su laboratorio improvisado en la UCO—una mezcla de ordenadores y garanatos en la pizarra— estos cuatro jóvenes cordobeses han aprendido a descifrar códigos, resolver retos imposibles y romper barreras. Ahora solo les queda lo más difícil y lo más emocionante: seguir creciendo y enseñarle al mundo que, en ciberseguridad, también desde Córdoba se puede llegar muy lejos explotando un camino tan difícil pero que les llena y vertebra una amistad.

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