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Ambiente navideño

La Navidad comienza a latir en Córdoba al ritmo de "zambombas, palillos y panderos"

Pasacalles y coros de villancicos calientan el ambiente en la calle y los dulces de las monjas lo alimentan

Córdoba suena a villancico

A. J. González

Hugo Gallardo

Hugo Gallardo

Córdoba

Córdoba anuncia sin timidez la llegada de la Navidad. El villancico puesto de moda por la Niña Pastori, convertido en la banda sonora oficiosa de estas fechas desde el año pasado, sonará ya en bucle por toda la ciudad hasta final de año. Es inevitable: "Entre zambombas, palillos y panderos", la ciudad comienza a latir con un mismo ritmo que se cuela por cada esquina. Se escuchaba este sábado al mediodía en el Patio de los Naranjos y en la calle Torrijos; resonaba en la calle Jesús y María, donde aparcan el chiringuito los coros improvisados; y acompañaba a quienes buscaban refugio del frío en las tabernas de la judería.

Todo lleva impregnado un motivo navideño a partir del puente de la Constitución y la Inmaculada: las atracciones, los mercadillos, las comidas, los patios cordobeses y, por su puesto, el flamenco. En la casa de las Campanas, se ha celebrado hoy la primera de las zambombas que vienen marcadas en el calendario oficial. Por la tarde, el flamenco navideño se desplaza al cine Fuenseca con el espectáculo Farrucos y Fernández. Navidad en familia, bajo la dirección artística de Antonio Fernández Montoya ‘Farru’.

En un tono más clásico, la Agrupación El Limonero ha ofrecido recitales de villancicos populares desde la calle Ángel de Saavedra hasta Capitulares.

Un atracón de dulces solidarios

A toda la programación se suma la atracción irresistible de los dulces conventuales. Este año, Córdoba ofrece un auténtico recorrido gastronómico con muestras repartidas por el Palacio de Congresos, la calle Blanco Belmonte y la plaza de Las Tendillas.

En cada uno de estos espacios, las monjas de distintos conventos andaluces exponen sus elaboraciones 100% artesanales: mazapanes con siglos de tradición, yemas brillantes como pequeñas joyas, hojaldres que se deshacen al primer bocado y roscos impregnados de anís.

Estas muestras, cada vez más replicadas entre las hermandades, buscan ayudar a conventos que no tienen distribuidores ni grandes obradores. "Gracias a esto, muchas comunidades religiosas pueden mantenerse gran parte del año", señala Juan Carlos Soler, tesorero de la hermandad del Calvario, cuya muestra cumple 20 años en el salón de Córdoba.

Además de apoyar a los conventos, una parte de lo recaudado se destina a cestas navideñas que Cáritas reparte entre más de 50 familias, para que puedan disfrutar de las fiestas con alegría

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