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Reportaje

¿Preparados para la inmersión egipcia? Tres, dos uno... Sala Orive

La Sala Orive propone un viaje visual por las cuatro etapas analizadas en Vimcorsa proyectado sobre las paredes de un edificio al que se reconoce porque mantiene intacta la cicatriz de la pared central

Espectáculo multimedia inmersivo de la exposición 'El despertar a la vida. Infancia y adolescencia en el antiguo Egipto'.

Espectáculo multimedia inmersivo de la exposición 'El despertar a la vida. Infancia y adolescencia en el antiguo Egipto'. / AJ González

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

Si hay que marcar un orden de visionado para conocer El despertar a la vida. Infancia y adolescencia en el Antiguo Egipto en Córdoba, seguramente lo recomendable sería iniciar el recorrido por la Sala Vimcorsa y dedicar el tiempo suficiente a leer las cartelas de la exposición y observar con detenimiento las piezas exhibidas. Una vez superado el momento museístico, pueden ponerse el bañador y las gafas para la inmersión en la Sala Orive. Quienes lo conozcan en su estado natural, apreciarán el trabajo de transformación del edificio, que sigue siendo reconocible por la grieta de la pared frontal, una cicatriz del terremoto de Lisboa que no ha sido sometida a cirugía estética.

El viaje entre deidades egipcias comienza con la imagen de un cielo plagado de estrellas. Si entran y ven eso, sabrán que están en el principio del audiovisual. A continuación, tiene lugar una secuencia dedicada a la creación, la fertilidad y el embarazo en la que aparece Atum-Re, dios del Sol y símbolo de la creación y del ciclo diario de la vida, la muerte y el renacimiento. El dios emerge de las aguas del Nun, dando origen a la creación del mundo. Se ve cómo el agua del Nilo arrastra el limo que fertiliza la tierra haciendo que el dios Khnum moldee a los humanos y la diosa Heket, con cabeza de rana, dá el primer aliento de vida al niño en el nacimiento.

A.J.González Córdoba espectáculo multimedia inmersivo de inauguración de la exposición El despertar a la vida. Infancia y adolescencia en el antiguo Egipto. Sala Orive

Espectáculo audiovisual inmersivo en la Sala de Orive. / AJ González

En la segunda secuencia, se muestra el despertar a la vida, con Tueris, la hipopótama embarazada como protagonista. Esta diosa ofrece protección para el parto seguro en la cultura egipcia. Luego aparece el dios Bes, el dios feo y grotesco que también protege a los niños y a las madres porque su aspecto le permite ahuyentar a los malos espíritus. Otras divinidades presentes en el parto son Meskhenet, Isis y Neftis.

La película continúa mostrando la vida del niño hasta llegar a la adolescencia y a la vida adulta. En este caso, se pone en valor el papel de la familia como núcleo principal en el que los padres enseñaban a los hijos los oficios, los valores y las prácticas religiosas. Les acompañan, entre otras divinidades, Isis y Horus, madre e hijo que encarnan la unión entre la maternidad, la protección y el renacimiento.

La última secuencia aborda la muerte y el renacimiento al más allá con Osiris (dios de la muerte y el renacimiento), representado por la escalera de ascensión del alma; Anubis, con cabeza de chacal que es el dios de la momificación; Re, dios del sol que realiza un viaje en su barca solar recorriendo el cielo durante el día y al inframundo en la noche; y por último, la diosa Maat, que personifica la verdad, la justicia y el orden cósmico en el juicio de Osiris.

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