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Entrevista | Margarita Sánchez Presidenta de la RIOD

«Hoy hay drogas mucho más letales y difíciles de controlar»

La Red Iberoamericana de ONG que trabajan en Drogas denuncia que las políticas públicas siguen centradas en el control del narcotráfico en detrimento de la prevención

Margarita Sánchez, presidenta de la RIOD

Manuel Murillo

Fabiola Mouzo

Fabiola Mouzo

CÓRDOBA

La Red Iberoamericana de Organizaciones no gubernamentales que trabajan en Drogas y Adicciones (RIOD) es una organización sin ánimo de lucro que engloba a las principales asociaciones de Iberoamérica que trabajan en el ámbito de las drogas y las adicciones, tanto en prevención, tratamiento, inserción, investigación e incidencia política. En Córdoba la conexión va de la mano de Emet Arco Iris.

-Para quien no conozca la RIOD, ¿Qué trabajo hace en Latinoamérica y cómo se vincula con España?

-La Red Iberoamericana de Organismos No Gubernamentales (RIOD) tiene 27 años de fundada. Su origen fue una reunión de cooperación en Cartagena convocada por el Plan Nacional sobre Drogas de España con organismos no gubernamentales de Latinoamérica. La idea era evaluar la realidad, las condiciones y los desarrollos de las organizaciones, y se tomó la decisión de crear la red para potenciar el intercambio y la cooperación entre España y Latinoamérica, y empezar a construir proyectos conjuntos. Aquí hay dos pilares fundamentales: el fortalecimiento institucional y la incidencia política, es decir, cómo contribuir a abrir diálogos con los gobiernos y fortalecer las políticas de drogas en la región y los planes derivados de ellas.

-¿Cómo ha evolucionado ese contexto y qué desafíos os ha obligado a abordar?

-Históricamente, el tema de drogas ha tenido un desequilibrio muy grande en la asignación de recursos. Hay muchos fondos para el control de la oferta -narcotráfico- y muy pocos para la reducción de la demanda: prevención, tratamiento, rehabilitación. El problema además ha aumentado, y hoy hay estrategias de mercadeo mucho más sofisticadas, cambios en los consumos y sustancias más complejas, como las sintéticas o el fentanilo, que generan gran preocupación y exigen formar, educar e invertir más. España tiene más investigación y organizaciones con programas, incluyendo desarrollos en temas de género, y hemos tratado de aprovechar ese intercambio para fortalecernos.

-¿Cómo trabaja internamente la red? ¿Qué áreas cubre?

-Tenemos diez comisiones de trabajo en temas críticos: salud mental, salud pública, género, cooperación, prevención, estigma, entre otros. Desarrollamos investigación, posicionamientos para los gobiernos, nuevos modelos de intervención… Es un trabajo que alimenta a las organizaciones, pero también a los países. Nos interesa contribuir con nuestros desarrollos, trabajar centrados en la persona, no solo en los consumos, sino también en los determinantes sociales, porque los consumos están muy relacionados con exclusión, pobreza y vulnerabilidad. Si no se abordan de forma integral, el trabajo se queda corto.

Margarita Sánchez, presidenta de la RIOD, la Red Iberoamericana de ONG que trabaja en drogodependencias

Margarita Sánchez, presidenta de la RIOD / Manuel Murillo

-¿Cuáles son ahora las sustancias o tendencias que más preocupan?

-Nos preocupa que algunas sustancias tienen un nivel de letalidad mucho mayor y son de difícil control. Puedes transportar mil pastillas en una cajita muy pequeña y no es posible tener la capacidad para formar a todo el personal de aeropuertos o puertos, ni dotarlos de equipos de análisis para diferenciar un medicamento recetado de otra sustancia. También preocupa la baja percepción de riesgo entre jóvenes, lo que aumenta su vulnerabilidad. La prevención tiene muy pocos recursos, y eso en contextos de poca formación genera confusiones y aumenta los mitos.

-¿Influye la normalización de algunas sustancias, como el cannabis medicinal?

-Sí. Cuando los medios dicen: 'Colombia aprueba el cannabis medicinal', un joven puede entender que no era tan dañino. Pero no se explica que se trata de una sustancia procesada, con potencia adictiva reducida y componentes medicinales activados. Eso genera mucha confusión.

-¿En qué países estáis trabajando actualmente?

-Trabajamos en toda Latinoamérica. La RIOD tiene además tres redes adscritas: la UNAD de España, con organizaciones en todo el territorio español; la Federación Latinoamericana de Comunidades Terapéuticas (FLACT), con presencia en todos los países; y Fonga, con unas 80 organizaciones argentinas. Aunque formalmente somos unas 30 organizaciones, en conjunto llegamos a alrededor de mil organizaciones en la región.

-¿Ha cambiado el perfil de las personas consumidoras?

-La población joven siempre ha sido la más vulnerable, pero hay consumos en todas las edades. Las edades de inicio han bajado mucho: en algunos países empiezan desde los 10 o 12 años. Y si esa es la media, significa que hay consumos también por debajo. En personas mayores, se ven consumos de alcohol y de sustancias medicadas, especialmente automedicación de psicofármacos. Toda la población está en riesgo. En estudios escolares y universitarios se ven niveles de consumo altos, pero preocupan aún más las poblaciones vulnerables, con pobreza o exclusión, porque el daño es mucho mayor. Tras la pandemia aumentó la población en situación de calle y en desplazamiento, con consumos problemáticos, y su atención está siendo muy compleja.

-¿Qué dificultades encontráis para desarrollar vuestros programas?

-Lo más difícil es el tema de financiación, porque el tema de drogas, específicamente en temas de reducción de demanda, no está priorizado por los países. Tratamos de, si no vamos a lograr un equilibrio, por lo menos aumentar todas las intervenciones en prevención, tratamiento y reducción, pero estamos volviendo a involucionar. Los problemas de drogas están muy ligados a la paz, a la política, lo atraviesa todo, y si hubiera más recursos, fortaleceríamos programas en género, investigación o estigma. El estigma genera muchísimas barreras para acceder a tratamiento y sacarlas de un profundo sufrimiento social.

-¿Qué modelos de intervención están dando mejores resultados?

-Trabajamos con el modelo Triple I: intervención integral, integrada e integradora. Está centrado en la persona, en sus necesidades individuales, en que pueda acceder a una red de servicios -prevención, tratamiento, derivación- y en que después pueda integrarse a la sociedad: trabajar, estudiar, participar. Si el modelo no cubre todo esto, la persona queda desprotegida.

-¿Mantenéis seguimiento tras la reinserción?

-Sí. Cuando las personas salen continúan en grupos de apoyo y seguimiento ambulatorio durante un tiempo, hasta que sienten que ya caminan solas.

-¿Qué diferencias veis entre las políticas en España y en Latinoamérica?

-Latinoamérica históricamente ha mirado mucho a España, que tiene desarrollos sólidos, un Plan Nacional sobre Drogas, que no tienen nuestros países, más apoyos para mantener programas y cooperación con ayuntamientos. Nuestras políticas, en teoría, son muy buenas en el papel -incluyen estigma, género, rehabilitación, inserción sociolaboral-, pero son incipientes porque no hay recursos.

Margarita Sánchez, presidenta de la RIOD, la Red Iberoamericana de ONG que trabaja en drogodependencias

Un momento durante la conversación / Manuel Murillo

-EE. UU. vincula a gobiernos como el de Colombia o Venezuela con cárteles. ¿Veis esas conexiones?

-No tengo elementos para afirmar si esos gobiernos están vinculados. Sí hay ruido, y Estados Unidos ha influido históricamente en temas de drogas en la región. Situaciones como esta generan tensión y obligan a cambios: si se dejan de recibir recursos, se deben tomar decisiones distintas. Sí es un tema que atraviesa la política y que es muy delicado y te preguntas por qué se le entrega tanto recurso a control de oferta, Si es que es un problema de seguridad de los países y de relaciones que hay que atender. Hay seres humanos sufriendo, hay seres humanos que necesitan trabajar y eso hay que mirarlo.

-¿Afecta esto a vuestro trabajo?

-Si se mantiene un conflicto así, los pocos recursos existentes se destinarán a atenderlo, y llegarán menos a los programas de reducción de demanda. No serán prioridad. Eso preocupa. Las organizaciones del tercer sector hemos hecho un trabajo muy importante, aunque no siempre reconocido. Tenemos contacto directo con el sufrimiento y las realidades en el territorio. Ese sufrimiento lo traducimos en mejores respuestas, en fortalecer modelos de intervención y políticas públicas. La sociedad civil ha trabajado históricamente en esto. En drogas es fundamental, porque el problema atraviesa todo.

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