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Entrevista | Rafael Jiménez Detective privado

«Para un detective, en Córdoba es más fácil infiltrarse de lo que la gente piensa»

Lleva 35 años trabajando en Córdoba en una profesión rodeada de tópicos y misterio, y que sigue siendo completamente desconocida para muchos ciudadanos.

El detective Rafael Jiménez posa a contraluz, para mantener su anonimato por motivos profesionales.

El detective Rafael Jiménez posa a contraluz, para mantener su anonimato por motivos profesionales. / Víctor Castro

Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Córdoba

-Primero y básico, ¿cómo llega a ser detective? ¿Qué le atrajo de este mundo?

-En 1984 conocí a un hombre que me habló por primera vez de este mundo. Desde el primer momento me interesó. Por entonces estudiaba Criminología, así que cuando acabé la carrera hice la formación específica y ya llevo 35 años en esto.

-¿Qué le sedujo de este mundo?

-El hecho de que vives varias vidas y que la profesión te ofrece un conocimiento de la sociedad más profundo y diferente.

-Fuera de lupas, gabardinas y tópicos similares, ¿a qué se dedica un detective privado en 2025?

-Nuestro despacho (Grupo de Detectives) aborda básicamente asuntos laborales. Más del 80% están relacionados con bajas fraudulentas: personas que se piden la baja mientras trabajan en otra empresa o que llevan un ritmo de vida que teóricamente no podrían mantener. Básicamente vivimos de las mutuas y de las compañías de seguros. En Córdoba prácticamente no hay particulares que puedan pagar a un detective.

-En esos 35 años de experiencia que menciona, ¿ha cambiado mucho el perfil de usuarios?

-Sí, hay cada vez menos asuntos familiares. Los temas de infidelidad o similares han desaparecido por completo.

-Me decepciona esa respuesta.

-(Ríe). Bueno, la gente ya no tiene el interés que podía haber antes. Desde la Ley del Divorcio (2005) no es necesario demostrar infidelidad, con lo cual esos trabajos han desaparecido.

-¿Y se mantiene la profesión en base a mutuas y empresas?

-En Córdoba la mayoría de detectives tienen otros empleos complementarios. Solo dos nos dedicamos a esto a tiempo completo. Cuando yo empecé había registrados unos 300 detectives en España; hoy son alrededor de 7.000. Es una profesión muy sacrificada, te tiene que gustar. Hay mucha gente que empieza y luego lo deja. Tienes que trabajar fines de semana, trabajar muchas horas en muchos sitios, ser paciente… Y la gente no está dispuesta a sacrificar su tiempo.

Cordoba Detective Privado

El detective Rafael Jiménez posa a contraluz, para mantener su anonimato por motivos profesionales. / Víctor Castro

-La paciencia es clave, entiendo.

-Desde luego, podemos estar entre 8 y 10 horas esperando para ver algo que te interese.

-Me ha dicho que los casos laborales se han disparado. ¿Desde cuándo y por qué?

-A partir de la pandemia el absentismo se ha disparado, y eso nos ha afectado a nosotros. Aquí llegan empresarios que a lo mejor tienen un 15 o 20% de absentismo. Ahí trabajamos y hemos llegado a rebajarlo al 5%.

-Ya que conoce los casos tan de cerca, ¿por qué cree que pasa eso?

-Porque a la gente no le gusta su trabajo. Es triste, pero es así.

-Cuando le llega un caso, ¿cómo se plantea con el cliente?

-Un detective es un hombre orquesta. Lo primero que necesitamos es información concreta del encargo y ver que hay sospechas fundadas. No podemos ir «a ver qué vemos». A partir de ahí, si decidimos aceptar el encargo, comenzamos a trabajar. Lo primero que hacemos es mirar las redes sociales, porque muchas personas ponen su vida ahí. También acudimos a registros públicos. Después decidimos cómo actuar, lo que implica en muchas ocasiones ir a un sitio y esperar. Por último, entregamos un informe al cliente con los resultados.

-¿Cuánto dura el proceso de investigación?

-Depende del cliente. Hay quienes pueden pagar mucho dinero y dedicarle más tiempo y otros que no. Entonces hay que buscar la manera de que, con el mínimo posible, puedas resolver el caso. En temas laborales solemos resolver una baja fraudulenta en dos o tres días. En ese tiempo te das cuenta si alguien no va a trabajar o si está en otra empresa mientras está de baja. Muchas veces incluso se resuelve en un día.

-Me sorprende la rapidez, aunque el teletrabajo imagino que habrá dificultado esta tarea.

-A ver, si no se puede, no se puede.

-¿Hay muchos casos que no se resuelven?

-Claro, en muchos casos no hay resultados. Pueden ser más del 50%. No podemos estar investigando sin límite...

-Engañar al detective... ¿por qué esos casos no se resuelven?

-Lo primero es que no puedo engañar al cliente ni hacerle perder el tiempo.

-Y en el caso de los particulares, ¿qué les piden?

-Hay muchos relacionados con temas de familia y pensión de alimentos. Es típico que venga un caso de un padre que dice que no puede pagar la pensión. A partir de ahí comenzamos a documentar, haciendo un seguimiento de su vida diaria para acreditar si efectivamente tiene ingresos y si puede pagar la pensión. Hay gente que dice que no trabaja o que su empresa no tiene dinero, pero cuando te documentas a través de signos externos descubres que no es así. Hay que tener en cuenta que lo importante en un proceso judicial es la prueba. Puedes contratar al abogado más caro del mundo que, si no tienes una prueba, no sirve de nada. Estamos en un país donde hay mucha picaresca.

-¿Ha rechazado algún encargo por ética?

-Sí. No podemos investigar todo lo que el cliente quiera; debe haber un interés legítimo.

-Como por ejemplo...

-Ha pasado varias veces que venga una persona diciendo que quiere saber qué está haciendo su expareja o dónde está. Esos trabajos no los podemos aceptar.

-¿Y situaciones de riesgo?

-No es lo habitual, pero alguna hay. Por ejemplo, vas al juzgado y a la salida está el trabajador esperando a la puerta para agredirnos. También hay situaciones en las que te infiltras en barrios más complicados y es más fácil que la situación no salga como esperabas.

-Se suele decir que Córdoba es un pueblo grande y que todos nos conocemos. ¿Cómo se trabaja en un escenario así?

-En Córdoba es más fácil infiltrarse de lo que la gente se piensa. La gente mira, pero no ve. Hay quien está pendiente, pero normalmente no se da cuenta. Es más fácil que se dé cuenta un vecino que no tenga nada que ver, como que vea un coche aparcado.

-Y ya se dé el chivatazo.

-Efectivamente. Tú estás pendiente de que esa persona no se dé cuenta, pero el problema surge cuando hay alguien alrededor y no lo tengas controlado.

-¿Cuánto hay de mito y cuánto de realidad en la vida de un detective?

-Efectivamente. También somos una profesión muy regulada. No podemos investigar un delito. Es más, si te encuentras un delito tienes que comunicarlo. La vida de un detective es la calle y echar muchas horas ahí.

-Del polígrafo, cámaras ocultas y la gabardina nos olvidamos entonces.

-(Ríe). Sí. Hoy en día no hace falta: con los teléfonos móviles es más que suficiente. Nadie se extraña porque eches una foto a un edificio o en la calle. Respecto al polígrafo, nosotros no tenemos contacto directo con la gente.

-Yendo a la anécdota, ¿cuál es el caso más extraño en el que ha trabajado?

-Hay uno que me reconforta mucho. Hace unos años vino un chico que iba a heredar unos inmuebles tras la muerte de su padre. Después de ir al notario vino al despacho y me dijo: ‘Mira, yo, que soy el único heredero, sé que mi padre tuvo en su juventud una aventura y tuvo una hija extramatrimonial. Quiero saber si es posible encontrarla para compartir la herencia’. El chico venía de Barcelona y conseguí localizar a su hermanastra. Los presenté en el despacho y se repartieron la herencia. Esas cosas reconfortan.

-Una historia bonita. ¿Y la más rocambolesca?

-Me he encontrado a gente muy falsa. Pero recuerdo una empresa de automóviles en Linares donde, en la época de la recogida de la aceituna, la gente entraba por la puerta de la fábrica y salía directamente por la de detrás para recoger aceituna.

-¿Qué ha aprendido del ser humano en todo este tiempo? ¿Tiene una mejor o peor visión?

-Sigo creyendo. Hay mucha picaresca, pero pienso que la gente es buena, aunque solo veamos lo malo. El problema fundamental es que a la gente no le gusta su trabajo. Se queman, se frustran y no saben qué hacer.

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