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El sueño de ser padres en Córdoba

Ana Belmonte y Antonio Comino, padres de Eva: «La adopción internacional fue una vocación de los dos desde el principio de la relación»

Ambos reconocen que el proceso fue "una montaña rusa emocional" con instantes de "alergía, incertidumbre y cansancio"

Ana Belmonte y Antonio Comino, con su hija Eva.

Ana Belmonte y Antonio Comino, con su hija Eva. / CÓRDOBA

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

Córdoba

Ana Belmonte, abogada, y Antonio Comino, profesor de los Salesianos, siempre tuvieron claro que su proyecto de vida juntos pasaba por la adopción internacional. «Para nosotros no fue el plan B, sino el número uno, fue una vocación de ambos desde el principio, los dos queríamos una familia mixta», asegura Ana, que define el proceso de adopción como «una montaña rusa emocional». Según relata, tanto ella como su marido afrontaron los trámites con mucha ilusión, pero durante el camino hubo momentos de «alegría, incertidumbre y cansancio porque parece que nunca va a llegar la llamada que te dice que ya te han asignado a tu hijo o hija».

Iniciaron la andadura antes de la pandemia y para cuando el covid obligó a cerrar fronteras ellos ya habían obtenido la idoneidad como padres adoptivos. Aquello obligó a alargar la espera y no fue hasta 2022 cuando pudieron elegir el país, en su caso Costa de Marfil, y hasta 2023 cuando pudieron elegir la agencia que se hizo cargo de todo el papeleo. Esa llamada que tanto ansiaban se produjo el 19 de diciembre. «Ese día nos informaron de que nuestra hija se llamaba Eva y tenía cuatro años», explica Ana, que recuerda la incertidumbre previa por cómo se llamaría, si tendría un nombre fácil de pronunciar en español o no, y cómo esa misma noche buscó la fecha de su onomástica y descubrió que ese mismo día era su santo. «Fue algo increíble, sentí que era una señal», relata. Aunque ese 19 de diciembre ambos eran ya los padres de Eva, no fue hasta nueve meses después, en septiembre de 2024, cuando pudieron viajar a Costa de Marfil para recogerla. Su hija había cumplido ya cinco años.

«Fue como un embarazo, pero sin el consuelo de sentirla cerca, solo teníamos una foto de ella», apunta sincera, al tiempo que advierte que fue ahí cuando empezó el camino. «Nuestra historia de amor nace de un abandono y los niños vienen con su mochila, por eso, cuando llegó a casa vivimos una etapa intensa por el choque cultural y la necesidad de adaptación al idioma, a la cultura, por los miedos y la excitación ante lo desconocido», explica. Para Ana y Antonio, la adopción ha supuesto un sinfín de pruebas que han ido superando «con mucha paciencia y no perdiendo nunca la esperanza». Un año después, están aún más convencidos de la adopción y no descartan volver a intentarlo. «Estamos encantados con Eva, es una niña divertida, inteligente y cariñosa», comenta su madre, que asegura que «la adopción ha sido la mejor decisión de nuestra vida».

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