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Pesa 8 kilos y es uno de los mejores desayunos de Córdoba: “Es típico comérselo al lado de la Catedral”

Dos creadores de contenido recorren los desayunos más emblemáticos de la ciudad

Desayuno más bien tirando a aperitivo junto a la Mezquita Catedral

Desayuno más bien tirando a aperitivo junto a la Mezquita Catedral / Emmayao por Córdoba

Con ese cerco nutricional estrechándose cada vez más, el último bastión del placer podría quedar relegado al desayuno, la única comida del día a la que la sabiduría popular aún concede bula: “desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo”. No es casualidad que cada vez más creadores de contenido se lancen a recorrer ciudades enteras para encontrar “los mejores desayunos” ni que el brunch haya pasado de moda pasajera a rutina de fin de semana.

La ruta cordobesa de ‘La Cocina del Pirata’

En el caso de Córdoba uno de los recopilatorios más vistos y más socorridos es el del creador ‘La Cocina del Pirata’, que hace unos meses se plantó en la ciudad para recorrer varios locales emblemáticos con el objetivo de probar, comparar y quedarse solo con lo más representativo del desayuno cordobés.

La ruta pasa por un clásico que no falta en ninguna mesa local: los churros. El creador se detiene en Don Pepe, donde enseña la ración que le sirven mientras comenta: “Buenos churritos, no jeringos. Jeringos lo llaman aquí. Se llama jeringo, jeringos lo llaman aquí. ¿Y por qué será?”. Él mismo se responde: “Puede ser una inyección… ¿Sabes? A mí esto es una porra de toda la vida. Pero bueno, han tardado una hora en traerlo. Vamos a ver si merece la pena”. El veredicto llega rápido: “Mejor churrería de Córdoba”, asegura mientras muestra cómo humea la masa recién frita y detalla que la ración cuesta “tres, veinte”.

Además de los churros la ruta continúa con otra de las bases del desayuno andaluz: el mollete. El creador pide uno y lo describe con un toque de humor mientras lo abre: “Como he visto que te has quedado con hambre, hemos pedido los típicos molletes aquí, con un montón. Esto es catalán, esto de aquí te van a funar. Que no, que no, que esto es catalán. Esto es pan tumaca con jamón”. Y mientras enseña las virutas, remata: “Mira qué virutas de jamón ibérico. Aquí la tostadita con el tomate, el ajito que le ha estado frotando”. Su reacción resume el bocado: “Bueno, madre mía, esto yo creo que mira si haces así y lo mojas… jo, jo, je, je, je, je. Ferrán Adri ha empezado así”.

El final de la ruta: uno de los desayunos más icónicos de Córdoba

Pero sin duda la parada más esperada es la del mítico Bar Santos, conocido por su tortilla gigantesca y por el ritual de comérsela frente a la Mezquita-Catedral. No hay visitante que no se detenga ante ese mostrador coronado por una pieza monumental que, según dice el propio Pirata mientras intenta levantar el pincho, “pesa ciento ocho kilos mínimo, no lo sé. Treinta huevos tiene esto”.

La escena se completa con ese comentario que solo puede salir de quien está viviendo la experiencia completa: “Lo típico es comérselo al lado de la catedral de la mezquita, ja, ja”. Y, aunque la tortilla no lleva cebolla (algo que provoca el comentario espontáneo de “No le echan cebolla, tío, no. Oh, pecado, David Muñoz le da la prueba. Seguro”), sigue siendo uno de los imprescindibles de la ciudad para empezar el día con poderío.

La historia de esta famosa tortilla está tan vinculada al corazón de la ciudad como su difunto fundador, cuya historia recordaba recientemente su sobrino y actual gerente del negocio: Jesús Maldonado.

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