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Comercio

Los puestos de castañas de Córdoba agradecen la llegada del frío con ventas "cada vez más repartidas"

El pasado 10 de octubre, los negocios dieron la bienvenida a la nueva temporada de castañas; sin embargo, las ventas no han aumentado hasta el descenso de las temperaturas ahora con el mes de noviembre

Castañas Santa Rosa en Avenida Almogávares.

Castañas Santa Rosa en Avenida Almogávares. / Victor Castro

Paula Ruiz

Paula Ruiz

Córdoba

Carbón de encina, sal para retirar la humedad y, por supuesto, una buena cantidad de castañas de calidad es todo lo necesario para los puestos de castañas asadas, en los que algunos añaden también las mazorcas de maíz. Se trata de una propuesta imprescindible en otoño que este año cuenta con 22 puntos de venta distribuidos por los diferentes barrios de Córdoba. Aunque el primer mes ha estado marcado por el calor, ya se está animando el consumo de este alimento con beneficios muy significativos para la salud.

Antonia Fernández, de Castañas Santa Rosa, lamenta que «la venta ha bajado mucho». El dilema no es, a su juicio, que la demanda de este producto haya disminuido, sino que el consumo, al haber tantos puestos, «se reparte» y, por tanto, disminuye. Antonia afirma incluso que no le «compensan» sus ingresos debido a la suma de nuevos cobros que vienen ligados a la autorización de venta, como, por ejemplo, la tasa de basura, que, según asegura, antes no se pagaba y que Sadeco justifica en «la gente que tira los restos de las castañas por la calle».

En otro punto de la ciudad, en la avenida de Barcelona, Paco Arquero comparte las inquietudes de Antonia Fernández y señala que «la venta está regular porque hay muchos puestos en Córdoba, por lo que antes se vendía más».

Un negocio que pervive

Mientras que Antonia Fernández considera que estas razones son motivo suficiente para no ver futuro en esta tradición, en otros puntos de la ciudad los propietarios de puestos de castañas sí creen que el negocio puede pervivir. Antonio Lozano, de Castañas Lozano, confía en que la tradición se mantenga, aunque matiza que «ya depende de que siga habiendo gente con ganas de abrir». Arquero, por su parte, destaca que «siempre que la gente quiera castañas, la tradición se mantendrá».

El frío anima a comprar

Frente a esta disparidad de opiniones, sí hay unanimidad en cuanto a la importancia del frío para que los cordobeses se animen a comprar porque con el calor «las castañas no apetecen», explica Antonia Fernández. «Ahora que empieza a hacer más fresco, se ha empezado a vender más», señala Rafael Carlos Muñoz, de Castañas Cruz de Juárez. Igualmente, Antonio Lozano coincide en que sin el frío «este negocio no funciona». Una vez bajan las temperaturas, los puestos se llenan de clientes de todo tipo.

Pese a que las temperaturas ya han descendido, el trabajo en estos puestos no es un camino de rosas.

Para Rafael Carlos Muñoz lo más difícil de llevar es el calor que desprenden las castañas mientras se asan. Antonia opina que lo más duro es el mal tiempo, y más en concreto la lluvia, que es peor que «cuando hace bueno». Por otro lado, otras preocupaciones de los vendedores están más relacionadas con el producto y, para Lozano, concretamente, con la calidad de este. Para Arquero lo más complicado es «aprender a coger el punto del asado».

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