Inmigración
Ciudad Jardín, un barrio integrador
Más del 13% de la población que vive en Ciudad Jardín –2.409 sobre 16.307 personas– es ya de origen extranjero, una realidad que viene de muchos años atrás y que, según las diferentes asociaciones -vecinales o de comercio-, ha revitalizado el barrio, llenado de niños los parques y las escuelas y subido las persianas de muchos locales

Víctor Castro

En las calles de Ciudad Jardín se escuchan múltiples acentos e idiomas, se puede comprar cordero como en ningún otro sitio, variedades casi infinitas de patatas, aguacate o frutas tropicales, te puedes tomar un té verde con hierbabuena en muchos de sus bares o un zumo natural de maracuyá, y comprar chuches de cualquier color y sabor. Puedes cambiar euros por monedas como pesos, córdobas, bolívares o dólares en sus locutorios. Tal y como te ponen una tortilla de patatas, te puedes comer un cuscús. Ciudad Jardín es el barrio de Córdoba donde más inmigrantes viven. Más del 13% de su población -2.409 sobre 16.307 personas- es ya de origen extranjero, lo que ha revitalizado la zona, ha llenado los parques y escuelas de niños y los comercios de vida.
«El chino que tengo al lado no es el chino, es Juan». Ramón Luque regenta una floristería en Ciudad Jardín y es también el presidente del Centro Comercial Abierto y vecino de toda la vida de este barrio, donde cada vez hay más comercios regentados por personas migrantes. El CCA ve como algo positivo la apertura de tiendas porque «mantienen locales abiertos» y dan vida al barrio. Según sus datos, la mayoría de los comercios abiertos por inmigrantes son de alimentación, como fruterías y supermercados pequeños, así como tiendas de ropa o bazares, y también algunos bares.
Esta realidad ha hecho, además, que los comercios de siempre se adapten a las nuevas clientelas, incorporando productos diferentes a los de toda la vida. Según los comerciantes, la integración es buena y los negocios extranjeros participan en todas las actividades del barrio.

Mohamed Zeriouh Halbaj, carnicero en Ciudad Jardín. / Manuel Murillo
Ramón Luque insiste en que el miedo y los prejuicios están más fuera que dentro del barrio y que quienes critican no suelen vivir allí. «No hay ni más delincuencia, ni se meten con nadie. El que diga lo contrario es porque no vive aquí» y considera que «la gente es muy radical. Ve extranjeros y ya se cree que esto es un gueto, cuando este barrio es más seguro que muchos otros, te lo digo yo que he vivido también fuera», dice tajante.
El barrio ha cambiado por factores como las nuevas formas de consumo o el envejecimiento de la población. La presidenta de la Asociación de Vecinos Nueva Ciudad Jardín, Pilar García, celebra que las calles llenen de niños y de vida el barrio, que trabajen con las personas mayores, la restauración y las tiendas. «Siempre ha sido así, no hay novedad para nosotros y estamos muy contentos», afirma.

Asmas Alaoui Kammah, estiticista. / Manuel Murillo
Las principales dificultades que tienen los inmigrantes, en toda Córdoba, para su plena integración es la situación de irregularidad, que a muchos no les permite disfrutar de los derechos en igualdad de oportunidades, como trabajar, acceder a la vivienda, o recibir ayudas porque, contrario a lo que se piensa, «los inmigrantes sin papeles no tienen acceso a ellas». Lo explica el secretario de Córdoba Acoge, Enrique Garcés, que agrega que esta realidad está generando incluso situaciones de sinhogarismo.
Los migrantes trabajan, pero muchos en precario y sin derechos y cuando consiguen papeles, llega otro problema: la convalidación de títulos. Enrique Garcés asegura que muchos son profesionales cualificados, pero terminan en empleos de baja cualificación por la burocracia del sistema.

Jeisoon Zambrano, barbero en Ciudad Jardín. / Manuel Murillo
Córdoba Acoge alerta de la segregación social, escolar y territorial que existe. «Las redes migrantes, el juntarse con sus pares, son necesarias al principio, pero si no se amplían, corren el riesgo de convertirse en guetos involuntarios», advierte. Por eso es tan importante la participación en la vida comunitaria y de los barrios, en las asociaciones, en la escuela y en la cultura.
Además de aportar diversidad, economía y renovación demográfica, los migrantes «nos recuerdan que la libertad de movimiento es un derecho humano para todos, que no sabemos cuándo nosotros también vamos a tener que usarlo, es un derecho que nos protege a todas las personas a poder cambiar de país».
Para Garcés, la sociedad cordobesa debería entender «que no son ellos y nosotros» y que conocerles rompe mitos, miedos y genera comunidad. «Hay que quitar la etiqueta y acercarse a cualquiera como una persona que es individual, única, porque somos personas viviendo distintas circunstancias».
Mohamed Zeriouh Halbaj, carnicero
Mohamed Zeriouh Halbaj regenta una carnicería halal en la que atiende en inglés, español y árabe. No vende cerdo, pero los españoles del barrio le compran a él el cordero. En su despensa hay cualquier tipo de especias, té o tahini. «Aquí -en Ciudad Jardín- hay todas las variedades de personas y hay más oportunidades», asegura Mohamed. Es químico de profesión, llegó al barrio hace ya muchos años y no dudó en quedarse. «No nos sentimos extranjeros, nos sentimos españoles, la gente de Córdoba es muy amable y sentimos que estamos en nuestra casa», expresa con una sonrisa. Mohamed no lo duda ni un segundo: «Yo aquí estoy en mi país», asegura.
Asmas Alaoui Kammah, esteticista
Asmas Alaoui Kammah, conocida como Asmi desde hace 25 años, llegó con 18 a Córdoba desde Marruecos para estudiar Agronomía. Ahora regenta A + Bella, un centro de estética donde atiende a sus clientas con mimo, cariño y profesionalidad. Explica, hace diagnósticos, tratamientos y ahonda en las necesidades de todos los que entran a su tienda. Lleva toda su vida en Ciudad Jardín, donde siempre se ha sentido bienvenida: «No me he sentido ni más ni menos por ser marroquí», afirma y asegura que lo mismo se come tortilla que tayín en su casa. Para ella, «el que no aprende en Ciudad Jardín a tratar con la gente, no aprende en ningún sitio».
Jeisoon Zambrano, barbero
Jeisoon Zambrano llegó desde Venezuela a Córdoba hace ocho años y lleva siete de ellos instalado en Ciudad Jardín. En marzo cumple cinco años de que abrió las puertas de Fígaro Barber House junto a su hermano, Isaac. «La gente ha apoyado lo que hacemos, les gusta nuestro servicio y eso nos motiva para seguir adelante», afirma y admite que muchos latinoamericanos también acuden a su barbería «por la conexión y el apego», pero también «a los cordobeses les gusta y se atreven» a probar estilos diferentes. Su hermano lo secunda y asegura que «la gente ha recibido lo que nosotros damos y ese apoyo y cariño viene de vuelta de parte de ellos».
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