Salud
El hospital Quirón de Córdoba analiza el "duelo académico" de los jóvenes que no pueden acceder a la carrera deseada
Experimentan frustración, desorientación respecto al futuro, sentimiento de injusticia y baja autoestima

Rafael Sastre, psicólogo del Hospital Quirónsalud Córdoba. / CÓRDOBA

Cada año son muchos los jóvenes que finalizan sus estudios de bachillerato y realizan la prueba de acceso a la universidad (PAU) con una meta clara, acceder a los estudios que sueñan. Cuando, a pesar del esfuerzo, la nota no es suficiente para entrar en la carrera deseada, muchos experimentan una mezcla de frustración, tristeza, rabia e incluso vergüenza, un “duelo académico”, que puede tener un importante impacto psicológico en los estudiantes, según ha señalado Rafael Sastre, psicólogo del Hospital Quirónsalud Córdoba.
Rafael Sastre ha explicado que, tras horas interminables de estudio y altos niveles de estrés con la esperanza de que el esfuerzo se vea recompensado, sienten que su trabajo ha sido en vano y las familias también sienten esa frustración e impotencia. Algunas de las emociones más frecuentes en estos casos son la frustración por no haber alcanzado un objetivo que parecía al alcance, la desorientación respecto al futuro, y el sentimiento de injusticia, especialmente cuando se percibe que la diferencia de unas décimas ha sido decisiva. Además, la autoestima baja y se produce una autocrítica excesiva, así como comparaciones con otros compañeros que sí han logrado su objetivo.
En esta situación, el acompañamiento familiar es fundamental, ha destacado el psicólogo, siendo útiles algunas pautas como validar las emociones sin minimizar el dolor, más adecuado es decirles “entiendo que estés triste y frustrado”, y evitar culpabilizarlos, valorando su esfuerzo con frases como “diste lo mejor de ti y eso es muy valioso”. La familia debe favorecer el pensamiento flexible, para mostrar al joven que a veces el camino hacia una meta no es directo, sino que hay que explorar otras vías de acceso, y es aconsejable promover el descanso emocional, ya que desconectar, recuperar energías y reenfocar objetivos puede ser más productivo que tomar decisiones apresuradas.
Rafael Sastre ha enumerado algunas herramientas para que los jóvenes se enfrenten a esta circunstancia, como permitirse sentir, darse tiempo para procesar lo ocurrido. Evitar la sobre identificación con el resultado académico, buscar apoyo, redefinir el objetivo sin renunciar a él, buscando otras vías para llegar a la carrera deseada, teniendo siempre presente que flexibilizar no es rendirse, es adaptarse. Y, además, explorar nuevas opciones con curiosidad, pues a veces lo que no estaba en el plan inicial, “puede convertirse en una alternativa igualmente satisfactoria”.
Si bien esta experiencia es dolorosa, ha afirmado el psicólogo, también puede ser una oportunidad para desarrollar habilidades importantes como la tolerancia a la frustración, la capacidad de adaptación y la perseverancia. Acompañar a los jóvenes desde el respeto, la empatía y la confianza en sus capacidades puede marcar una gran diferencia, “aprendiendo a enfrentar los retos de la vida adulta”.
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