Reportaje
«En 20 minutos cambiamos la vida de una persona»
El equipo de la Fundación Arruzafa acaba de llegar de su primera expedición de 2025 en Guinea Ecuatorial, donde ha conseguido el récord tras atender a 1.484 pacientes y realizar 170 cirugías

Dos de los profesionales, durante una invervención. / CÓRDOBA

La Fundación Arruzafa acaba de cerrar su primera misión de voluntariado de 2025 rompiendo récords. Los ocho cooperantes que durante dos semanas estuvieron en el país africano de Guinea Ecuatorial regresan tras atender a 1.484 pacientes y realizar 170 cirugías en la que ha resultado la cuadragésimo sexta expedición al continente de esta organización sin ánimo de lucro promovida y gestionada por profesionales del Hospital Arruzafa. Es el mayor número de intervenciones quirúrgicas que han hecho desde sus inicios.
El equipo, compuesto por Antonio Cano, oftalmólogo de la Unidad de Segmento Anterior y Cirugía Refractiva del Hospital Arruzafa y coordinador de esta expedición, el también oftalmólogo Álvaro Sánchez Ventosa, la enfermera Eva Blanco, las optometristas Rosa Castillo y Marta López, el auxiliar Jonathan Espinar, el anestesista Francisco Gómez y el óptico Jesús Sánchez Poveda, han vuelto tras una expedición que ha puesto a prueba toda su experiencia profesional y, además, viene a tocar las fibras de lo más personal, de cómo cambiar vidas con sus propias manos.
El trabajo
El equipo ha trabajado en coordinación y en las instalaciones de la Organización Nacional de Ciegos de Guinea Ecuatorial (Oncige), que sirve también como un primer filtro para los pacientes que van a atender, la mayoría con casos bastante graves de cataratas, ceguera o glaucoma.
Antonio Cano, que lleva 11 años participando en el programa, explica que el equipo, con material llevado desde España, consigue replicar con bastante éxito un quirófano con la calidad necesaria para atender a estos pacientes. Desde el punto de vista físico, explica, «por el número de horas que se trabajan, el tipo de cirugía, que allí es tremendamente compleja desde el punto de vista técnico, ha sido un verdadero reto. Es duro, pero emocionalmente también, porque te das cuenta de que están olvidados», reflexiona el coordinador de esta expedición.

El equipo, recibido en la embajada española. / CÓRDOBA
Los pacientes más severos podían llegar ya ciegos por cataratas, con hasta ocho años sin ver nada, mientras la segunda atención más demandada es por glaucoma, la enfermedad del nervio por presión intraocular. El tratamiento es crónico, con colirio, y desde La Arruzafa pueden dispensar los primeros 12 del tratamiento, pero cuando el paciente se le agota no lo suele comprar, explica Cano, bien por falta de recursos o concienciación, una situación que hay que cambiar porque las consecuencias del glaucoma sin irrecuperables. También es muy demandado el uso de gafas, que no pueden comprar. Durante la expedición el equipo hizo entrega de 606 gafas premontadas, 78 monturas para gafa, 54 previamente graduadas y 500 de sol, que hacen un total de 1.238.
El oftalmólogo Álvaro Sánchez valora, desde el punto de vista profesional, que con cada expedición se suman destrezas y técnicas que se pueden aplicar en las complicaciones, incluso cuando el material ya iba mermando y había que hacer uso de la creatividad para que nadie se quedara sin la atención. Podían ver hasta 200 personas en un día en condiciones climatológicas complicadas. A pesar de las largas e intensas horas de trabajo en el lugar, encontrarse con casos extremos y «darles visión, devolverles la posibilidad de irse por su propio pie es muy gratificante», comenta. Antonio Cano también le secunda: «en 20 minutos cambiamos la vida de un paciente» y eso, quizás, es lo más gratificante de este viaje, y de su profesión en general.
Para Cano este viaje ha sido un golpe duro de realidad. «Yo he venido impactado el ser consciente de que vivimos en un mundo que no está al alcance de todos, que somos auténticos privilegiados porque una parte muy importante de la población lucha por sobrevivir, por comer, y somos menos conscientes de donde está la verdadera importancia de las cosas, de entender que el mundo en el que vivimos no es para todos, y vuelves valorando todo mucho más, desde una ducha caliente hasta contar con un sistema de alcantarillado».

El equipo con los pacientes. / CÓRDOBA
Lo ideal sería que los oftalmólogos de Guinea pudieran recibir la preparación y materiales necesarios para continuar ellos mismos con la labor, pero Antonio Cano lo ve complicado porque la curva de aprendizaje quirúrgico es tremendamente larga, «no hay cirujano oftalmólogo que pueda hacer lo que hemos hecho sin años de formación» asegura ya agrega que se necesita un mínimo de cuatro años para hacer una operación de cataratas, que además allí son más complejas. Mientras eso no se consiga, la Fundación Arruzafa continuará con sus misiones para llevar calidad de vida a la mayor cantidad de personas. En las diez misiones ha conseguido atender a 7.254 pacientes. De igual manera, se completaron 868 intervenciones quirúrgicas.
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