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Reportaje

Salmorejo, magia y devoción para cerrar la Velá de la Fuensanta

Niños y mayores disfrutan del lunes festivo en el entorno de la Plaza del Pocito

Salmorejo, magia y devoción en la última jornada de la Velá

Víctor Castro

Rafael Valenzuela

Rafael Valenzuela

CÓRDOBA

El ambiente de la última mañana de Velá de la Fuensanta no podía ser más festivo. Las mesas de la plaza llenas, las sillas para ver el espectáculo también, el ir y venir de mayores y pequeños entre los tenderetes de campanitas de barro y las familias junto a las atracciones indicaban que el barrio estaba de fiesta. Y, al lado, el contraste de la pausa y el fervor de la iglesia donde la Virgen recibe, paciente, la visita de familias que le presentan a sus nuevos miembros.

La Velá de la Fuensanta llega a su fin y lo hace con el entusiasmo de una feria de pueblo. Los vecinos no dejan pasar ni una de las tradiciones de la celebración y desde un poco antes de las 13.00 horas ya hacían cola para recoger su ración de salmorejo. El lunes, después de la sardinada y la huevada de los días precedentes, nada más cordobés que el salmorejo como punto final a una de las celebraciones más señeras de la identidad cordobesa. Unas mil raciones se han podido repartir en pequeños cuencos desechables para hacer más ágil la entrega. Los integrantes de la prohermandad de la Bondad se afanaban en servir rápido las raciones con la intención de que ningún integrante de la cola, que le daba la vuelta a la plaza, se quedara sin probarlo.

El vicehermano mayor de la entidad, Rafael Leiva, explica que estos días el trabajo ha sido intenso pero gratificante, porque se ha notado “que la gente tenía mucha gana de salir a la calle”, lo que se ha podido comprobar “durante la procesión de la Virgen”, explica Leiva. El portavoz de la prohermandad señala que un factor favorable “ha sido el tiempo, porque otros años ha hecho mucho calor y este año ha hecho un tiempo más fresquito y se ha podido estar mejor”. Además, Leiva señala que también es importante la buena sintonía que ha existido con el Ayuntamiento para que todo saliera bien, “nos han puesto todas las facilidades”. A todo ello se une, recuerda el vicehermano mayor, el pregón que ha demostrado que Marcos Santiago “es una persona de su barrio, que quiere a su barrio y transmitió ese sentimiento, además de recordar a personas muy queridas en la Fuensanta e impregnarnos de recuerdos de la niñez”.

En esa misma línea se manifestaba el responsable de Fiestas Populares del Ayuntamiento, Julián Urbano, quien mostraba su satisfacción por el buen desarrollo de todos los actos y por la estrecha colaboración que ha existido entre el Ayuntamiento y la asociación de vecinos San José Obrero y la prohermandad de la Bondad, "gracias a ellos ha sido posible que todo salga bien". También ha hecho alusión a la gran afluencia de público, "quizás por el buen tiempo, por la calidad de las actuaciones o por la buena organización". Lo mejor, a juicio del concejal, es "que no ha pasado nada y la gente ha podido disfrutar de la fiesta tranquilamente".

Magia para todos

Mientras la cola para el salmorejo avanza con presteza, a pocos metros, en el escenario, un mago tiene embobados a los niños que lo presencian (y algunos padres) con reflexiones vitales llenas de ilusión y colorido, a cuyo término, sobre las 13.30 horas, hubo que girarse y subir los escalones para escuchar y acompañar el recorrido de la batucada que dirigió a los presentes hasta la zona de las atracciones.

Allí, mientras los padres buscan la sombra de los árboles los niños saltan y sudan en las atracciones o se despiden de sus abuelos al montarse en el tiovivo como si se fueran para no volver, al tiempo que otros padres conversan con sus semejantes esgrimiendo una escoba procedente del tren de la bruja. Es difícil quitarse lo pegajoso del algodón de azúcar de los dedos, pensaba un menor que mientras espera a que su madre pague ya no le queda parte de la mano que relamer viendo cómo se deshilachaba la espuma que lleva fijada al palo.

El momento debe ser histórico, según el número de fotos que abuelos y progenitores toman de sus vástagos a lomos de algún caballo, pilotando un camión de bomberos o pescando patos en el estanque de plástico.

Se acerca la hora de la comida (si no se ha optado por el salmorejo) y las terrazas ven cómo se llenan las mesas, el bullicio se va cambiando de ubicación. En los jardines próximos, donde el frescor y el silencio aportan cierto grado de tranquilidad, una madre primeriza intentar dormir en brazos a un bebé que ha visitado la Velá por primera vez, pero que viene a simbolizar que esta celebración tan popular sigue teniendo futuro.

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