Reportaje

Rafael, Natalia y sus tres hijos, a la espera de una orden de desahucio en Córdoba

El próximo desalojo previsto en Córdoba logra una prórroga

Incertidumbre ante la orden de desahucio

Víctor Castro

Cristina Ramírez

Cristina Ramírez

Como Rafael Muñoz, cuya fecha de lanzamiento ha sido aplazada, y como las hermanas de 64 y 54 años que se suicidaron la semana pasada en Barcelona horas antes de ser desahuciadas, son muchas las personas que viven con incertidumbre y con la alerta de que en cualquier momento llegue una orden que les haga abandonar su hogar.

En el número 3 de la plaza Ángel de Torres, en plena Judería, Rafael Muñoz, Natalia Arias y sus tres hijos, dos de ellos menores de edad, esperan una nueva fecha para una orden de lanzamiento que ha sido aplazada, gracias a la implicación de Anfane, y que estaba prevista para el próximo lunes. Rafael ha explicado a este periódico que siempre ha vivido de la hostelería y hasta hace pocos años de su propia taberna, ubicada en la calle Deanes, que abrió en el año 2000 y que gozó de muy buena situación durante sus primeros años. Hasta que llegó la crisis del año 2008. Ahí empezó el declive. Cuando ya vivía en su pequeño piso de algo más de 40 metros cuadrados, tuvo que pedir un préstamo personal para hacer frente a los gastos del bar, que iban subiendo a la vez que bajaba la clientela. Llegó a un punto en el que «era la taberna o el piso», apunta. La taberna era lo que le daba de comer, por lo que tenía que mantenerla «sí o sí», cuenta Rafael. Tras 21 años de apertura y tras la crisis derivada de la pandemia, finalmente, tuvo que cerrar las puertas de su negocio. 

Sigue trabajando en la hostelería, aunque a media jornada, pero sumando su sueldo y el de su mujer apenas llegan a los 1.500 euros mensuales (dando horas extra). Una cifra que «no nos llega» para pagar los dos préstamos que consiguieron unificar (bar y casa) y el coste de vida actual. Ahora, como cuenta Rafael, con un hijo de 20 años estudiando, otra de 14 en edad escolar y un pequeño de 4 años, luchan por permanecer el máximo tiempo posible en su hogar o por conseguir una alternativa habitacional acorde a sus circunstancias, por ejemplo un alquiler social. Es su esperanza. «Yo creo que no tendremos tan mala suerte», dice Rafael, que asegura que «cuando estás tan hundido lo único que puedes pensar es en subir».

Primordial la atención psicológica

Ante el duelo que supone abandonar el que ha sido tu hogar y en el que están tus recuerdos, se vuelve imprescindible la atención psicológica. 

Una deuda «ha sido el precio de las vidas» de las hermanas de Barcelona y esa idea de no querer vivir es compartida por muchas personas en su situación, según alerta la psicóloga Esther Moreno, que trabaja con este colectivo de personas dentro de Anfane. Moreno explica que las víctimas de desahucios están «aferradas emocionalmente» a su vivienda y que el trabajo pasa por «atender esa descarga emocional». Uno de los puntos de la terapia en estas personas se basa en «centrarse en el presente» porque no saben qué va a pasar en el futuro. 

También es preciso trabajar en pautas de «autocuidado» porque «viven por y para el hogar». A esto se suma que muchas de las personas que se ven abocadas al desahucio han afrontado situaciones de violencia, agresiones sexuales y problemas familiares. «No han tenido un red de apoyo», dice la psicóloga, que explica que la mayoría de personas desarrolla un trastorno ansioso depresivo que puede llegar a derivar en ideas suicidas.  

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