Cultura

Balance de la Noche Blanca: Córdoba se desborda por el flamenco más puro y más 'trendy'

La presencia de miles de cordobeses para ver a Israel Fernández ocasionó aglomeraciones en las inmediaciones de la plaza de San Agustín y las estrechas calles colindantes

Concierto de Israel Fernández en San Agustín.

Concierto de Israel Fernández en San Agustín. / PABLO CABRERA

Noelia Santos

Noelia Santos

Córdoba está viviendo un 2024 de multitudes. Los eventos que se organizan en la ciudad parecen tener más tirón que nunca y la Noche Blanca del Flamenco, que este año cumplía su edición número 15, no iba a ser menos. Con un cartel potentísimo, aunque carente de paridad, la ciudad se desbordó cuando cayó la noche del sábado y empezaba a vislumbrarse la mañana del domingo. José Mercé descorchó el champán con el concierto inaugural en una plaza de las Tendillas a reventar y los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba terminaron por romper la botella a eso de las 6.30 de la mañana con un espectáculo que comenzó más de una hora tarde por problemas técnicos.

Mercé, un fichaje seguro

Allí donde fuera uno en la noche más flamenca del año había multitudes. Mercé saludó a Córdoba abriendo una cita que ya es casi suya, pues no han sido pocas las veces que el cantaor jerezano participa en ella. Las Tendillas es el escenario amable del evento, la amplitud permite ver el espectáculo desde varios ángulos y la acústica, aunque mejorable, también posibilita escuchar aunque se esté a metros del tablao. Pero no ocurre lo mismo en todos sitios.

Israel Fernández, 'avalancha'

Y si no que se lo digan a quienes se quedaron sin ver el concierto de Israel Fernández en San Agustín. No eran pocos los que comentaban que el cantaor más trendy de esta edición se merecía otro sitio para cantar, no porque San Agustín esté mal (es, quizá, el escenario con más solera de todos los del cartel), sino porque se debería haber previsto la avalancha de personas que querían escuchar a quien con su cante ortodoxo, algo que a día de hoy parece subversivo, es ya punta de lanza del flamenco de toda una generación.

Tan poco prevista estaba la avalancha de público que la Policía Local se puso a cortar el paso a la plaza a las 00.00, justo cuando el concierto daba comienzo, por lo que dejaron gente fuera que cinco minutos antes tenía reservado su sitio. Quizá tampoco tuvo demasiado sentido cubrir con vallas y lonas la parte ajardinada de la plaza, se supone que para evitar daños en las plantas. Las vallas habrían bastado para este cometido y se habría evitado que muchos arrancaran directamente las lonas porque desde uno de los laterales de San Agustín era imposible ver el escenario.

Más control en el Patio de los Naranjos

Si solera tiene San Agustín, qué decir del Patio de los Naranjos. El control que permite el recinto cerrado posibilita ver un concierto sin bulla, sin ruido y con un escenario inigualable. El guitarrista Gerardo Núñez se aprovechó del caramelito que es tocar en estos lares. Y el desborde continuó allí donde no hay puertas que contengan las ganas de flamenco. Santa Marina estaba a reventar dos horas antes del concierto Familia de Leyendas, un espectáculo donde pudo escucharse Payaso, Un ramito de violetas o Esta cobardía en boca en boca de Manuel de Angustias (sobrino de Bambino), José Ortega (hijo de Manzanita) y Fran Cortés (hijo de Chiquetete).

La Corredera, El Potro, San Francisco y el entorno de la Calahorra completaron otra edición de éxito (y de fresquito) con Antonio Carmona, Pedro El Granaíno, José Manuel Tudela y Mercedes de Córdoba (única mujer del cartel) haciendo las delicias de los más flamencos. Se alargó tanto la noche que empezó a amanecer cuando todavía sonaba el rock andaluz de los Derby, ya con bastante menos gente de la que se inició la cita.

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