15 Noche Blanca del Flamenco

José Mercé descorcha la noche más jonda de Córdoba con la promesa del 'oripandó'

El patriarca del cante inaugura con unas malagueñas una cita que impregnará hasta de flamenco los rincones más emblemáticos del casco antiguo

José Mercé abre la Noche Blanca del Flamenco

A. J. González

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

Córdoba descorchó esta 15 Noche Blanca del Flamenco con una promesa de amanecer, un oripandó, el nombre en caló que habla de la llegada de un nuevo día y que José Mercé ha utilizado para dar título a su último disco, en el que con la ayuda de Antonio Orozco se ha desnudado para dejar al descubierto sus alegrías, sus cicatrices y sus anhelos. No era esta la noche de escuchar los temas del nuevo álbum, pero sí de dejar sobre la mesa la promesa del amanecer.

José Mercé podría ser el boss del flamenco, un cantaor al que no le pesan los cincuenta y cuatro años de trayectoria que lleva a sus espaldas para seguir llenando recintos y dejar al público boquiabierto con su torrente de voz, like a Rolling Stone. A las nueve de la noche, el jerezano hizo su primera aparición, vestido de verde, apenas un par de minutos en Las Tendillas para probar sonido. La plaza, que este año luce escenario en el lado de la calle Claudio Marcelo, justo en frente que años anteriores, con sillas solo a la mitad para dejar más sitio libre, ya era un hervidero de gente a esa hora, recién acabado el partido de España. A las 22.30 horas en punto, José Mercé se subió al escenario para dar las gracias al Ayuntamiento de Córdoba por su apoyo a la cultura y al flamenco, "que no cabe duda de que es marca España", dijo convencido. Tres minutos después, su vozarrón se hacía presente en toda la plaza.

Con sus 69 primaveras recién cumplidas, su melena blanca alborotada, vestido de negro, salvo por el detalle blanco del bolsillo, José Mercé demostró en Córdoba de qué está hecho el flamenco con mayúsculas. No hace falta ser crítico ni un entendido en música para conmoverse con la voz de ese hombre de serena presencia, que se lanzó al abismo sin red por malagueñas y después por soleares, el palo más íntimo y profundo. A partir de ahí, el patriarca del cante se sumergió en lo más jondo, desde las tripas, recorriendo alegrías, seguiriyas, fandangos, tangos y bulerías, hasta acabar con un popurrí de temas populares. "Estoy a gusto en esta plaza de las Tendillas de Córdoba", comentó, "estoy con ganas". Su voz y la guitarra de Antonio Higuero fueron suficientes para emocionar al público, que a a la hora del concierto de Mercé aún no tenía que elegir para seguir la Noche Blanca porque él era el primero y el único cantando. 

A las once, después de unos fandangos, hizo un alto en el camino. Con su sonrisa desplegada, salió de nuevo al cabo de unos minutos para regalar al respetable unas alegrías y ese tema que tanto pegaba en esta noche "Al Alba, quiero que no me abandones, amor mío al alba...", con el que se metió a todos en el bolsillo.

El concierto de José Mercé en la Noche Blanca del Flamenco, en imágenes

José Mercé, durante el concierto. / A.J. González

Puede que la Noche Blanca del Flamenco, que transcurre en lugares abiertos, no sea el sitio más idóneo para enamorarse del cante jondo, ni el bullicio que acompaña a estos conciertos, donde la gente viene y va, el mejor escenario para que el duende salga de su escondite, pero si algo tiene la noche blanca es magia, la que surge al congregar a miles de personas concentradas por un día en sentir el flamenco, cada uno desde su larga o corta experiencia con el género, cada cual a su manera. Mercé sabía la plaza a la que se enfrentaba. No es la primera vez que pasa por Córdoba en esta cita. Artistas y público hacen un pacto de paciencia. Los unos porque cantan a un público menos atento que de costumbre y los otros porque aguantar a pie quieto una hora o más de concierto requiere mucho entusiasmo y muchas ganas.

Las actuaciones de la Noche Blanca del Flamenco

A.J.González/Pablo Cabrera

En una encuesta rápida entre los jóvenes presentes, muchos respondieron que esta sería la primera vez en escuchar a José Mercé, no ya en directo, sino en general. "Hemos venido porque aquí está el meollo, para echar un vistazo", explicó Damián mientras disimulaba una sonrisa, junto a un grupo de amigos que debatían si quedarse o seguir su camino hacia otro lugar. Resulta difícil imaginar cuántos de esos jóvenes que esta noche escucharon el directo del jerezano, ovacionado al salir por sus devotos, volverán a buscar su nombre en Spotify. Con que haya un 1% al que le pique la curiosidad, la noche ya habrá tenido su efecto.

Una hora y pico después de salir, tras marcarse un baile y un saludo, Mercé gritó "¡aire!", se secó el sudor y siguió con lo suyo. Acompañando a las palmas, relajado y a gustito, cantó uno de sus temas más famosos. Con los más fieles entregados al espectáculo, la voz se abrió paso mientras los móviles grababan cada movimiento del maestro. "Abre la ventana... Aire aireee". Y con las ventanas abiertas de par en par, el patriarca se despidió de Córdoba con un abrazo al aire. Hasta la siguiente, maestro.

Israel Fernández, en la Noche Blanca del Flamenco.

Israel Fernández, en la Noche Blanca del Flamenco. / Pablo Cabrera

Si otras veces, el flamenco se ha desparramado por todos los barrios de Córdoba, ese año se ha concentrado en los rincones más emblemáticos del casco antiguo, desde la Judería hasta la Axerquía. A las doce de la noche, acabado el concierto de inauguración en Las Tendillas, los enamorados del flamenco se repartieron entre el Patio de los Naranjos, para escuchar a otro jerezano, Gerardo Núñez, y la plaza de San Agustín, donde desplegó su arte el toledano Israel Fernández. El guitarrista se adentró en Andando el tiempo, desde la rondeña a la soleá, pasando por seguiriyas y bulerías en una exhibición de lo mejorcito de su repertorio. Israel Fernández, que atesora lo auténtico de lo clásico y la frescura de la vanguardia, empezó su recital en Córdoba por soleares, con Soleá de mi casa, donde habla de sus primeros recuerdos de infancia. Su espectáculo se fue hilvanando así hasta llevarle por el resto de palos, cantados a su manera, Cantes de Levante, tangos, bulerías, fandangos y hasta una pieza a piano. 

Se podría decir que la 15 Noche Blanca del Flamenco fue, más que otras, una noche de raíces por el hilo conductor de la mayoría de los espectáculos, inspirados en la idea de la familia y la vuelta a los orígenes.

Espectáculo de Gerardo Núñez en el Patio de los Naranjos.

Espectáculo de Gerardo Núñez en el Patio de los Naranjos. / A. J. GONZÁLEZ

Al cierre de este periódico, la bailaora Mercedes de Córdoba estará subiéndose al escenario del entorno de La Calahorra, donde enseñará al público algunas de las piezas más señaladas de su carrera, Sin más, aderezadas según sus palabras con ciertas dosis de improvisación y un mucho de amor por su tierra, que siempre hace que eche dos tacitas más de sentimiento.

El homenaje a Bambino, Manzanita y Chiquetete pondrá a continuación banda sonora flamenca al barrio de Santa Marina, en la plaza Conde de Priego, con el espectáculo tributo a los ancestros Familia de leyendas, a cargo de diez músicos liderados por Fran Cortés Chiquetete, José Ortega Manzanita y María de Angustias. La familia como común denominador de la noche.

Si todo sale según lo previsto, la plaza de La Corredera acogerá a eso de las dos y media uno de los conciertos más esperados, el de Antonio Carmona, exvocalista de Ketama, titulado de nuevo En familia, que tenía prometido una ración importante de esa mezcla de flamenco y ritmos latinos que lo definen y lo han hecho aunar el aplauso de varias generaciones.

Con Carmona no acaba la fiesta, aún quedan tres platos fuertes para mantener despiertos a los trasnochadores, primero en el Compás de San Francisco, de la mano del guitarrista José Manuel Tudela, acompañado por otro guitarra, dos cantaores, un percusionista, un violinista, un bailaor y una bailaora, que repasará en Terciopelo su trabajo dedicado a su barrio El Cerro del Águila y a su familia, a sus sobrinas, sus amigos y su mujer Inmaculada. ¿Será casualidad o el efecto pandemia que a todos los artistas, obligados a parar y quedarse en casa, les obligó a volcarse en los suyos como fuente de inspiración?

A partir de las tres de la mañana

La última dosis de flamencura quedará en manos de un numeroso elenco de hombres. El cante jondo se podrá degustar avanzada la madrugada en la plaza del Potro, junto al Centro de Arte Flamenco Fosforito y el Museo Julio Romero, con Granaíno Jondo, el espectáculo de Pedro el Granaíno y los suyos (con Patrocinio Hijo, Miguel Heredia, Luis Dorado, Javier Silva y Orly Carrodeguas). 

El toque de rock andaluz o de kinkidelia, como ellos mismos se definen, será cosa de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, en los Jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos. Si algún supermadrugador lee estas letras nada más levantarse y no está muy lejos de allí, igual esté a tiempo de escuchar algunas notas del sexteto de la Bolsa Amarilla y la Piedra Potente. Su directo tiene fama de poner las pilas a tope. Igual no hacen falta café ni churros para empezar el día con buen rollo. Después de casi ocho horas de peoná flamenca, el domingo promete ser día de resaca. O no. Este es uno de esos fines de semana de infarto musical. Ups, este domingo toca Calamaro.

Suscríbete para seguir leyendo