Curiosidades de Córdoba

Cinco historias y leyendas de la Mezquita-Catedral de Córdoba

Sobre el templo más famoso de Córdoba hay infinidad de mitos, estos son los más populares y curiosos

Patio de columnas de la Mezquita-Catedral.

Patio de columnas de la Mezquita-Catedral. / EFE

Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

La Mezquita-Catedral de Córdoba es, sin duda, el monumento más famoso de la ciudad. Un lugar espectacular en el que el legado omeya y la llegada de los cristianos tras la Reconquista se dan la mano, dando como resultado un templo único en el mundo y que cada año atrae a centenares de miles de visitantes. Desde que comenzara a construirse en el 784 ha sido uno de los lugares con más aura y mística de la ciudad. Sobre ella, versan muchas leyendas y mitos, te contamos cinco de ellos.

Columnas curativas

Uno de los elementos fundamentales y por los que destaca la Mezquita-Catedral de Córdoba son sin duda sus columnas. Sus cerca de 1.300 han sido objeto de infinidad de leyendas. Una de las más populares señala que tienen propiedades curativas, especialmente aquellas que presentan un mayor deterioro. Es por esto por lo que no resulta extraño ver algunos pilares del templo con marcas e incluso pequeños trozos desprendidos, ya que antiguamente había quienes se las llevaban a casa con el objetivo de sanarse.

Patio de columnas de la Mezquita-Catedral.

Patio de columnas de la Mezquita-Catedral. / CÓRDOBA

La leyenda del Cautivo

Entre las capillas de la Epifanía y la de Nuestra Señora del Rosario (muro norte) se encuentra una columna que inevitablemente llama la atención. Tiene una reja a aproximadamente un metro y medio y está cercada en su base, además de contar con un cuadro con un prisionero rezando, es la llamada 'Columna del cautivo'. Cuenta la leyenda que un joven cristiano se enamoró de una joven árabe que compraba habitualmente en su tienda. Le pidió que se casara y ella le prometió que para ello se convertiría al cristianismo. Poco antes de la boda, cuando iba a bautizarse, unos soldados árabes lo impidieron, la mataron y tiraron su cuerpo al río. También capturaron al hombre, que lo ataron a una de las columnas de la Mezquita. Para no perder la fe, el hombre siguió rezando durante su cautiverio, tal y como se refleja en el cuadro junto a la columna, en el que aparece arrodillado y con una soga. La cruz que hay en ella la hizo supuestamente con sus uñas y está rodeada por una pequeña celda. Sobre ella se puede leer la inscripción "Este es el santo christo que hizo el cautivo con la uña".

La columna del cautivo, una de las más llamativas del templo.

La columna del cautivo, una de las más llamativas del templo. / A. SÁNCHEZ

Buey

En la zona de la Catedral, junto al púlpito de la Capilla Mayor, encontramos la escultura de mármol de un buey blanco, que esconde otro de los secretos del templo. Cuenta la leyenda que la obra se esculpió en honor a un animal que ayudó a transportar material para las columnas. Sin embargo, al descargar una de esas columnas el buey, exhausto por el agotamiento, cayó derrumbado, muriendo en el acto. Por este motivo se esculpió la figura, la cual tiene una pose de sufrimiento.

Imagen del buey blanco en la zona de la Catedral.

Imagen del buey blanco en la zona de la Catedral. / A. SÁNCHEZ

El túnel secreto

Uno de los mitos más populares en torno a la Mezquita de Córdoba es el de la existencia de un túnel subterráneo que comunicaba el palacio del califa en el Alcázar con el templo. Supuestamente, este pasadizo libraba al califa de la multitud que se agolpaba en las calles dirección a la Mezquita en el momento del rezo. También otra leyenda apunta a que había uno similar pero que conectaba Medina Azahara con la Mezquita. Supuestamente, el primero se construyó durante el mandato de Alhakén II, mientras que el tercero en época de Abderraman III. Ambos casos el túnel acababa en la Puerta del Sabat, junto al mihrab, donde el califa y su familia tenían un espacio privado para rezar. No obstante, nunca se pudo demostrar la existencia de ninguno de estos túneles.

Uno de los túneles subterráneos de la Mezquita-Catedral.

Uno de los túneles subterráneos de la Mezquita-Catedral. / CÓRDOBA

La Columna del Infierno

Por último, cabe mencionar la leyenda de la columna del infierno. En nuestra visita al templo, si nos fijamos, hay una columna protegida por una mampara. El pilar está claramente deteriorado, con varios surcos en su parte central. Incluso, la columna está levemente inclinada. Y es que, debido al material con el que está hecha, desprende un intenso olor a azufre al raspar con una moneda. Esto alimentó multitud de leyendas y mitos, del que el más popular señala que la columna fue hecha en el mismísimo infierno. Esto provocó que, a lo largo de los siglos, los cordobeses frotaran sus reales o pesetas en ella, causando los mencionados trazos y obligando posteriormente a protegerla.