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Seguridad vial

Recaudadores de vidas en las carreteras de Córdoba

Los agentes del subsector de Tráfico de la Guardia Civil de Córdoba viven a diario en las carreteras provinciales, velando por la protección de sus usuarios, enfrentándose a los nuevos retos de la conducción y a duras escenas mientras tratan de concienciar a conductores, a la caza de los delincuentes viales

Recaudadores de vidas

A. J. González

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Manuel Á. Larrea

Manuel Á. Larrea

Córdoba

Hay una imagen que nunca podrán olvidar: la del primer niño muerto. «No te lo puedes imaginar. Siempre. Siempre te acuerdas. De todos los siniestros, de todos los sitios. El que más marca quizás sea el primero al que vas. O el primer niño, el primer menor que ves».

El capitán de la Guardia Civil Francisco Sillero y el sargento primero Enrique Sambruno hablan de su día a día con la serenidad que le dan más de veinte años en las carreteras. Están en boca de los conductores, en miradas despectivas, y forman parte de un colectivo denostado. Esas críticas no desmoralizan a unos agentes de cambios tan importantes como los miembros de la Agrupación de Tráfico, encargados de educar y reeducar en unos valores de responsabilidad, en muchas ocasiones, poco comprendidos.

Sobrevivir a la desgracia

«A mí me ha llegado a decir una señora que para lo que estábamos nosotros era para fastidiar a los chavales que quieren divertirse. Y le digo: Me va a dar su teléfono. En el próximo siniestro que haya con fallecidos, voy y te recojo. Y vienes y lo ves. Ves tú lo que hay», cuenta Sillero. «Hombre, es que visto así», le respondió la mujer. Y continúa relatando: «Es que eso es lo que pasa. Esa es la realidad. Al final, por desgracia, te acostumbras. Igual que un médico. Igual que un forense. Igual que un bombero. Por desgracia te acostumbras. No es que estés impasible hay una persona que ha fallecido. Una persona que ha fallecido sin despedirse, sin que la familia se despida. Por desgracia».

«No hay que confundir el sentido de solidaridad», señala el capitán. Lo hace al hablar de esa empatía que existe entre conductores y que lleva a comunidades enteras a dar avisos de controles. Están en auge y es uno de los desafíos de los nuevos tiempos a los que se enfrentan los agentes de Tráfico.

El capitán Francisco Sillero junto a un radar situado en una carretera.

El capitán Francisco Sillero junto a un radar situado en una carretera. / A.J. González

«Le puedo comentar un caso que hace unos meses salió. Un delincuente había secuestrado a un niño o a una niña pequeña en Francia. Inmediatamente cerraron la zona y gracias a Social Drive [comunidad que informa en tiempo real sobre el estado de las carreteras] fue evitando todos los controles de policía y salió del cerco. Posteriormente fue detenido», refiere el sargento primero.

«Si tú ves un control de la Guardia Civil, puede ser por cualquier cosa. Igual estás dándole paso a un delincuente. Ese delincuente puede ser que haya robado un banco. Pero es que hay delincuentes viales. No llevan armas, pero hay gente que circula borracha. Te puede matar a ti o en la siguiente curva estrellarse con una familia», explica el capitán. Y concluye: «La gente tiene que entender que ese control está ahí por algo. Está ahí para velar por mi seguridad».

Ojos en la carretera

«Ha entrado un vehículo, va a 113 kilómetros por hora», dice un agente a través de un walkie-talkie. Los coches pasan como balas. No hay mucho tiempo para reaccionar. La coordinación es clave.

Un agente sostiene material de custodia de pruebas de drogas.

Un agente sostiene material de custodia de pruebas de drogas. / A.J. González

Junto a una de las carreteras provinciales, en un vehículo totalmente normal a simple vista, los pitidos del radar se suceden y los ojos del Guardia Civil, de paisano estacionado fuera de la vía, se dirigen a la pantalla. En apenas dos horas, registra 19 infracciones por exceso de velocidad. Es temprano, por la mañana, y el flujo de tráfico no es excesivo. Algunas de esas infracciones son tan graves como superar en más de 50 kilómetros por hora la máxima. Esa acción costará cuatro puntos del carnet de conducir y una multa al conductor implicado.

Unos metros más adelante, patrullas del destacamento de Córdoba y de la Unidad de Investigación del subsector de Tráfico de la Guardia Civil detienen al turismo para notificarle la sanción y someter al conductor a pruebas de alcoholemia y drogas.

Es uno de los tantos controles que realizan en la Guardia Civil para velar por la seguridad vial y prevenir conductas indebidas. «Los hacemos casi a diario, variando zonas, con eficacia para no crear riesgo para la circulación e intentar que sea lo menos problemático posible», cuenta el capitán de la Guardia Civil, Francisco Sillero, sobre el terreno.

Esa labor de hormigas, de sumar pequeñas acciones con un gran fin, se complementan con los grandes dispositivos como el que realizaron en la Feria de Nuestra Señora de la Salud, terminada recientemente.

«Nosotros sabemos las denuncias que ponemos, los accidentes en los que estamos, pero ¿cuántas vidas salvamos?», se pregunta Sillero. En la última feria, sin ir más lejos, llegaron a detectar hasta 60 positivos en tan solo una noche, según detalla el capitán. Una cifra que se convierte en todo un peligro para la seguridad del resto de usuarios de las carreteras cordobesas.

«¿Cuántos accidentes evitamos ahí? Sabemos que hubo 60 positivos, pero ¿cuántas vidas salvamos ahí?», insiste Sillero, mientras observa cómo sus agentes hacen indicaciones a los vehículos que se aproximan.

Accidentes «no accidentales»

Junto al sargento primero Enrique Sambruno, el capitán es tajante: «La seguridad vial no es accidental. Los accidentes o los siniestros viales no son accidentales». Sambruno y Sillero, van más allá y precisan que los accidentes «son causales». «Siempre hay una causa. Siempre hay una causa del accidente», añaden. Eso les lleva a concluir que «si hay una causa, se podría evitar».

«La experiencia nos dice que el 99%, si no más, de los siniestros viales se deben a un fallo de la persona», apuntan. El motivo de los accidentes tienen un origen muchas veces distinto al que puede deducirse del escenario en que sucede el siniestro. Quizás no esté ni en ese escenario. «La responsabilidad viene de muy atrás. Si lo tomamos en sentido amplio, la responsabilidad puede ser un mal acondicionamiento del vehículo, un defectuoso mantenimiento o una falta completa de mantenimiento del vehículo», explican los responsables del subsector. «Si yo llevo un coche con los neumáticos lisos y me salgo de la carretera porque me hace aquaplanning, ¿de quién es la culpa? ¿De la lluvia? ¿De los neumáticos? ¿O mía, que no los he cambiado?», comentan, como ejemplo.

Un agente de la Benemérita, en un control, ante el paso de varios ciclistas por una vía de la provincia.

Un agente de la Benemérita, en un control, ante el paso de varios ciclistas por una vía de la provincia. / A. J. González

Se trata de una especie de corrupción semántica que, aseguran, en la Unión Europea se está tratando de solventar. «¿Por qué damos parte de que se ha roto un cristal o se me ha caído algo del techo de mi casa y de un siniestroen la carretera hablamos de accidente?», se preguntan. «Me consta que a nivel europeo se está abandonando el término accidente. Porque accidente lleva una nota de inevitabilidad que no se puede evitar», continúan explicando los mandos de la Benemérita. En su lugar, recomiendan hablar de siniestros.

Salud mental y medicación

Más de veinte horas sin descansar fue la circunstancia que llevó a los investigadores de la Guardia Civil de Tráfico a investigar a un conductor por un delito de homicidio tras atropellar a una persona en una carretera de la provincia. Cuando sucede un siniestro en carretera, las primeras patrullas se desplazan al terreno para iniciar unas pesquisas que, normalmente, acaban en una investigación más profunda sobre lo que ellos denominan el previaje. Es la información previa al viaje y al conflicto. Y aborda circunstancia que van desde el propio descanso hasta la existencia de problemas familiares. Un factor a tener cada vez más en cuenta, abordan los agentes, es la salud mental y el uso de ciertos medicamentos.

«Ese es otro caballo de batalla que tenemos», dicen respecto a la medicación, conscientes de que «hay medicamentos que no prohíben, pero no aconsejan» la conducción. «Eso está totalmente descontrolado», alertan. Se refieren especialmente a ansiolíticos y antidepresivos. «La teoría, en mi opinión, debería ser que cuando un médico receta un medicamento de este tipo, que puede influir en la conducción, debería haber alguna vía de comunicación con tráfico para que ese hombre tuviera restricciones en el permiso de conducción», comentan. Algo parecido sucede con la salud mental. Para los agentes es un factor muy importante a tener en cuenta y plantean la posibilidad de que se limite la conducción bajo ciertas circunstancias.

Los mandos de la Guardia Civil reflexionan largo y tendido sobre su profesión. Son tantas las circunstancias a las que se enfrentan y las funciones que desempeñan que resulta complicado resumirlo en estas páginas. De hecho, la seguridad vial es solo una pequeña parte de su cometido. Control y vigilancia del transporte, controles de carretera, investigación de accidentes, informes, acompañamientos en pruebas deportivas, romerías y otras fiestas, entre otras cosas, ocupan a los agentes.

Pese a esa labor incansable, «hay gente que nos tacha de recaudadores». «Pero somos recaudadores de vidas. Podemos contabilizar las denuncias que formulamos, los siniestros que se producen, pero lo que nunca sabremos son las vidas que salvamos. Esa es la principal misión de la Agrupación de Tráfico», concluyen orgullosos.

Cinco puntos negros en 2023

Este año, la provincia de Córdoba, de momento, no tiene ningún punto negro, según los datos facilitados por el subsector de Tráfico de la Guardia Civil. Sin embargo, el año pasado acabó con cinco. Dos de ellos, en la A-4 a su paso por la capital. Concretamente a la altura de Las Quemadillas y del estadio El Nuevo Arcángel, en los kilómetros 396 y 400, respectivamente. Otro se situó en la A-318, a la altura de Puente Genil. Un cuarto punto estuvo en la antigua A-318, cerca de Lucena. El último se ubicó en la A-431, en el kilómetro 8.8 de la carretera de Palma del Río. En estas zonas, se registraron 15 accidentes, con dos heridos graves, un muerto y 20 heridos leves.

El presente año sigue libre de puntos negros en las carreteras de la provincia, debido a que se definen como tal cuando, en un mismo año, se producen al menos tres siniestros viales en un tramo de unos 200 metros. El resultado de los siniestros no influye. Y, al final de cada año, se comienza una cuenta nueva. Por lo tanto, puede concluirse que en la mitad de 2024 no se han lamentado más de dos accidentes de tráfico en la misma zona.

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