ENTREVISTA | Daniel Pizarro Delegado en Córdoba del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Andalucía

«Podemos pasar sin tornillos o sin móviles, pero no sin fruta ni verdura»

Daniel Pizarro, delegado en Córdoba del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Andalucía

Víctor Castro

Paula Lara

Paula Lara

Es un veterano en el cargo tras más de 25 años, siendo elegido elección tras elección. Este profesor de la Universidad de Córdoba es un experto en impacto ambiental y cree que hay que intentar cambiar cultivos a otros que aguanten mejor la sequía

-¿Cómo ve la situación actual del campo? ¿Está complicada, no cree?

-Sí, no está fácil. Tenemos por un lado la globalización y también las medidas de protección del medio ambiente para la agricultura. Esto conlleva grandes perjuicios. También, está la cuestión del relevo generacional, las personas con explotaciones en el campo son mayores y los hijos toman otros derroteros. .Luego nos encontramos con el problema del cambio climático, de la variación de las temperaturas, más la sequía y la falta del agua. Estamos en un panorama muy complicado y lo que sí hay que tener en cuenta es que dependemos del campo. Se puede pasar de tornillos e incluso de móviles, pero de lo que no podemos pasar es de la fruta o la verdura.

-¿Qué le preocupa más la actual sequía o el cambio climático?

-La sequía es muy preocupante, porque supone el sustento de muchos cultivos y de la ganadería. Estuve hace dos semanas en mi pueblo en Villanueva de Córdoba y la gente me decía que si el próximo verano es como el pasado tendrían que cerrar las explotaciones ganaderas, porque los animales no pueden beber. Afortunadamente, la naturaleza es sabia y ha resultado que las últimas lluvias suponen un respiro. Pero, no, debemos confiarnos en absoluto y hay que seguir haciendo restricciones en el consumo, porque cada vez hay más periodos de sequía, el aumento de la temperatura también está afectando y tenemos que tener mucha precaución. Hay que intentar cambiar cultivos a especies que aguanten más la sequía. Hay que tomar medidas para el control del consumo del agua.

-¿Al campo le espera una revolución en los cultivos y en el regadío?

-Sí, indudablemente. Yo he sido profesor de la Universidad de Córdoba durante 32 años y se está trabajando para ello. El campo está muy informatizado se puede regar e incluso controlar las plagas con el ordenador, programarlo. La digitalización es muy importante para el futuro del campo. Y, luego, por supuesto, estudios para determinar qué especies son más asequibles ante el consumo de agua y las altas temperaturas. En eso se está investigando en la Universidad de Córdoba. Yo espero que la tecnología ayude a superar los problemas que están afectando al campo.

-¿Sería partidario de realizar un cambio de cultivos en Córdoba o en Andalucía debido al cambio climático o todavía no es necesario?

-Hay que ir en esa dirección y de hecho se está investigando en esos temas. Hay que ir en busca del aprovechamiento del agua como de especies que tengan más adecuados comportamientos a los cambios de temperatura para que haya producciones que sean compatibles con la nueva variabilidad del clima.

"El control al campo no se puede hacer de golpe, como el medioambiental, ya que provoca conflicto"

-¿Se atrevería a decir algún cultivo que viniera bien en Córdoba para las futuras temperaturas?

-Tenemos el olivo, los cítricos y el garbanzo, de este último nuestra producción supera la de Sevilla y la Toledo, y también el ajo. Tenemos una producción que no es posible cambiarla. Pero, sí hay que intentar adaptarla al clima. Cambiarla, no. Ya que es la base sustentadora de Córdoba y con una riqueza enorme.

-¿Le parecen justas las reivindicaciones de los agricultores y sus protestas con los tractores?

-Tienen parte de razón, porque se encuentran en una difícil situación con los nuevos condicionantes de tipo medioambiental con los fertilizantes, que está muy bien para la salud de las personas, pero muchas explotaciones no están preparadas para ello. Si no lo hacen ellos, les supone un coste. Además, se encuentran con unas exportaciones de productos que vienen de fuera de Marruecos, de Sudáfrica o de La India, consecuencia de la globalización, que no tienen esos condicionantes ambientales y esto supone una competencia negativa. Sin embargo, la Agenda 2030 no tiene tanto que ver con esto y tiene muchos factores positivos. Muchas veces la gente se deja llevar por ideas sin haber leído el detalle. Esto no es culpa de la Agenda 2030, ni de la PAC, sino de la globalización. Yo comparto la preocupación de los agricultores, pero también creo que hay que ilustrarlos y que la Administración los escuche. En nuestro colegio profesional, nosotros intentamos que la Administración nos escuche, cuando se hace un decreto. Hay que contar con los agricultores que son los que defienden el medio ambiente, porque es su medio de vida. Muchas veces se hacen las disposiciones desde un despacho sin saber qué es el campo.

-¿Piensa que no se tiene en cuenta a las personas que viven del campo?

-Pienso que se debía de contar más con ellas y también con las asociaciones. Hay veces que el Ministerio tiene que echar marcha atrás, porque se hacen disposiciones que coartan la rentabilidad de la explotación. Por ejemplo, los controles medioambientales al campo no se pueden hacer de golpe, hay que hacerlos de forma secuencial. De golpe, produce muchos trastornos y luego viene la conflictividad.

-¿La rapidez en las medidas no obedece a la urgencia impuesta por el cambio climático?

-El cambio climático es un tema en el que también habría que formarse más. El cambio climático ha existido siempre. Ahora, le estamos prestando más atención a los cambios de temperatura. Tampoco es tan exagerado si en el 2050, la temperatura aumenta medio grado o incluso un grado. Con el cambio climático se ha producido un fenómeno de propaganda que responde a muchos intereses. Tampoco hay que entrar en la locura y pensar que la Tierra va a desaparecer. Esto no va a cambiar en tres, ni en cinco años.

-¿Las medidas respecto al medio ambiente son más bruscas que los peligros?

-Yo he trabajado mucho y he dado muchos cursos sobre la cuestión del impacto ambiental, pero de una forma racional. Lo que no se puede es exagerar las cosas. Los ambientalistas extremos me parecen un poco exagerados. Una cosa es el respeto al medio ambiente y a la naturaleza con un análisis de los daños que se pueden causar a la Tierra o al agua y otra muy distinta tomar posturas exageradas como con la carne. Si es cierto que las explotaciones ganaderas contaminan, pero hay que analizarlo y lo que no podemos decir es que no se coma carne.

-¿Sería una posible solución para los agricultores si se aumentara el consumo de productos locales?

-Es muy complicado. Los agricultores se quejan de que su producto en el campo vale cinco y luego en el comercio se vende a mucho más. El traslado del producto del campo al supermercado tiene unos costes, que se pueden equilibrar o reducir. Pero también es importante que los agricultores sepan que no pueden trabajar de forma independiente. Una solución son las cooperativas que pueden competir en el mercado como, por ejemplo, Covap o la de aceite Núñez de Prado. Esta última recibirá en mayo nuestro premio San Isidro a la excelencia agroalimentaria. La cooperativa Núñez de Prado es un ejemplo de producción ecológica y de rentabilidad económica.

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