política local
Crónica política de la semana: Es un decir
Abre, después de 20 años, la Biblioteca Grupo Cántico y se encuentra la pócima de Asterix para gestionar las zonas privadas de uso público
La Corporación recibe a un nuevo edil, pero deja plantado al león rampante

El alcalde se fotografía con miembros de la Corporación local y el presidente de los carnavaleros. / CÓRDOBA
La Corporación municipal recibió el martes con los brazos abiertos (es un decir) al nuevo concejal de Hacemos Córdoba José Carlos Ruiz que prometió el cargo «por todas, todos y todes». Luego ocupó su asiento, junto a Paula Badanelli, que lo miraba maravillada (es un decir) por las declinaciones que el nuevo capitular había dado al pronombre indefinido. La portavoz de Vox, por cierto, acudió el fin de semana a una montería en Villaviciosa, donde tuvo a bien fotografiarse junto a los trofeos de caza y colgarlo en las redes sociales para regocijo (es un decir) de animalistas y Ecologistas en Acción. «Vox con lo nuestro, con nuestras costumbres, con la caza, con el campo», escribió.
Ojito con el campo, que está en pie de guerra y echado a las nacionales y las autovías de España en protesta por «la asfixia» del sector, la subida de los combustibles, la reducción de fertilizantes, las políticas agrarias de la UE, la cadena alimentaria, la excesiva burocracia, los recortes de la PAC, la baja rentabilidad, la falta de agua, la competencia desleal (que a nosotros nos atribuyen algunos agricultores franceses y Segolene Royal; y nosotros, a Marruecos) y hasta por los repuestos del tractor. Un cóctel que le está tocando de nuevo beber (y ya van una jartá) al ministro Luis Planas que, por cierto, vendrá a Córdoba esta semana. Otro ministro, el de Cultura, Ernest Urtasun, inauguró el miércoles la Biblioteca del Estado o de los Patos, ahora llamada Grupo Cántico, que impulsó Carmen Calvo y ha abierto sus puertas después de 20 años que, como todo el mundo sabe, no son nada (que febril la mirada, errante en las sombras, etc.). Lo que empezó con polémica por aquella rosaleda arrancada (si se acuerda, peina canas o se tiñe), ha acabado con éxito total de público (el jueves ya estaban todas las salas a reventar) y crítica, y con las tres administraciones a partir un piñón: el Ayuntamiento, que puso el huevo, digo el suelo; el Estado, que lo construyó; y la Junta de Andalucía, que como el último dedito, se lo comió.
Otros veintitantos años ha tardado también el Ayuntamiento en encontrar una solución para las llamadas zonas privadas de uso público que, finalmente, mantendrá y limpiará el Consistorio y no los vecinos como históricamente habían tenido que hacer.

El primer día de la apertura de la Biblioteca Grupo Cántico. / Manuel Murillo
El presidente del Consejo del Movimiento Ciudadano, Juan Andrés de Gracia, aplaudió el acuerdo que las comunidades tendrán que ir cerrando vía convenio con la administración para que sea esta la que se encargue de limpiar la calle, recoger las papeleras, talar los árboles o cortar el césped de esas zonas comunes. Ahora que hablamos de cortar, contarles también que hemos tenido sesión de guillotina (es un decir) esta semana en el IMAE. La delegada de Cultura, Isabel Albás, ha ordenado el cese fulminante del gerente, Antonio Aladro, que fue contratado hace apenas 5 meses para administrar los teatros municipales y que se va hablando de ambiente «tóxico». Con esta van tres salidas (voluntarias o forzosas) de gerentes en lo que va de mandato. Ya ven que aquí no nos andamos con pañitos calientes.
Por último, reseñar que a pesar de que el edil de Presidencia, Julián Urbano, encargó un dictamen al cronista oficial para saber si había que recuperar en la bandera de la ciudad el escudo del león rampante y linguarado y prescindir del sello de la Albolafia, la Mezquita y el Puente Romano que puso Julio Anguita; y que el cronista le ha dicho que sí, que sí, que puede quitar el sello y poner de nuevo el león rampante, todo se quedará como estaba. O sea, igual. Y no es un decir, eso es tal cual. La bandera de Córdoba no se tocará.

Escudo de Córdoba con el león rampante y el escudo de Córdoba actual con la vista de la ciudad. / CÓRDOBA
Cerraremos la crónica con ecos de sociedad y crítica de los disfraces por los que han apostado este Carnaval 2024 nuestros políticos locales. El alcalde, con túnica de manga larga, toga cándida y suponemos que subligaculum luce al estilo colonia patricia ; la parlamentaria andaluza Verónica Martos y la delegada de Servicios Sociales, Eva Contador, optaron por el outfit medieval; la delegada de Recursos Humanos, Cintia Bustos, fue a lo Peaky Blinders, y el presidente de la Diputación, Salvador Fuentes, no dudó y apostó por Napoleón: «Mi grandeza no reside en no haber caído nunca, sino en haberme levantado siempre». Los demás van de calle o a lo sumo con gomillas de Fidela.
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