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Sucesos

Vecinos de los Olivos Borrachos denuncian una oleada de robos desde hace un mes

La Policía Nacional detuvo el pasado 8 de noviembre a una persona en la zona por asaltar un coche

Los residentes expresan su preocupación y piden más presencia policial y mayor severidad de las leyes

Tres vecinos pasean por las calles de Olivos Borrachos, en Córdoba.

Tres vecinos pasean por las calles de Olivos Borrachos, en Córdoba. / Manuel Murillo

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Manuel Á. Larrea

Manuel Á. Larrea

"¡Socorro, socorro!", repiten tres vecinos de Olivos Borrachos. Esa llamada de auxilio vuela por las calles del barrio cordobés estos días y los residentes se preguntan cuándo dejarán de hablar de los robos que, desde hace unas semanas, aseguran estar sufriendo. El último caso, el de una mujer a la que, presuntamente, dieron un tirón para arrebatarle el bolso. Ésta pidió ayuda y uno de los vecinos pudo ver al presunto asaltante huir en un turismo donde le esperaba otra persona.

En el último mes, vecinos de esta zona en el poniente de Córdoba capital denuncian haber sido víctimas de media docena de robos de diferente tipología. La Policía Nacional ha confirmado a este periódico que una persona fue detenida el pasado 8 de noviembre por un robo con fuerza en coches, coincidiendo con el relato de los vecinos. Al parecer, los vehículos particulares resultan uno de los principales objetivos de unos asaltantes que, según los habitantes de esta parte de la ciudad, son reincidentes.

"Llevamos un mes sufriendo robos"

"Llevamos un mes sufriendo robos", lamenta una de las vecinas. "¿Qué pasa? Que estamos vendidos; los cogen y los sueltan", crítica. Como ella, varios vecinos aseguran conocer, por otras ocasiones, a los presuntos delincuentes. "La semana pasada, a tres pillamos. Yo sola, con otro chaval. Eran tres, no sabíamos por donde tirar, entonces empecé a llamar a vecinos: Salid, salid", continúa relatando.

Ella misma se dirige hacia la calle José Alcaide Irlán para probar lo que dice. Por el camino, se gira y señala: "Ese coche es uno de los que han robado dos veces". En la calle citada, esta vecina tiene su coche aparcado. Con el índice apunta a las tres pinzas que, desde el interior, sostienen la ventana del copiloto para que no se baje. La abrieron recientemente para robarle. Se llevaron una linterna. No tenía nada más.

Una vecina de Olivos Borrachos apunta a las pinzas que sostienen la ventana de su coche, tras ser robado.

Una vecina de Olivos Borrachos apunta a las pinzas que sostienen la ventana de su coche, tras ser robado. / Manuel Murillo

Como el suyo, varios coches más permanecen aparcados de cara a las vías del tren. A la calle principal del barrio desembocan una decena de calles más cortas, componiendo la superficie urbana de una zona de Córdoba que destaca por la tipología de sus viviendas. Pequeñas casas -algunas deshabitadas- acogen a los vecinos de Olivos Borrachos, que miran con temor a los inmuebles que permanecen vacíos porque, según indican, estos presuntos asaltantes entran. Y el problema, más que ese, es que cabe la posibilidad, abundan, de que de una pasen a otra.

La zona muerta de vías

"Es que estamos hartos, tenemos que estar pendientes", dice exasperada una vecina. Uno de los residentes más longevos del barrio, apunta a otro lado al reflexionar sobre el origen del problema. De los más de cien años de existencia de esta barriada, ha guardado una relación con sus gentes durante casi tres cuartas partes. Y, coincidiendo con el resto de vecinos, insiste en que es un barrio "tranquilo". Sin embargo, está en una situación que, a su parecer, acarrea diferentes perjuicios.

Esta zona de la capital, está cercada, al norte, por las vías ferroviarias. Por allí, pese al vallaje y los altos setos, aseguran que entran y huyen los presuntos ladrones. Si no lo hacen en coche, claro. Pero, además, la calle principal desemboca en el conocido, por ellos, como tacón, una zona muerta de vías. Más allá, naves industriales y terrenos agrarios ya fuera de la urbe.

El frente vecinal

Se da la circunstancia de que, al ser un barrio pequeño, todos los vecinos se conocen. Eso permite, rápidamente, identificar al extraño. El perro de un residente, además, ladra cuando pasa por allí un desconocido, cuentan, lo que hace que se pongan en alerta. La vecina que muestra su coche asaltado explica que son ellos mismos quienes hacen frente a los presuntos delincuentes.

En su caso, según relata, durante una ocasión se dirigió a ellos para recriminarles sus actos. Uno de los presuntos asaltantes profirió varios insultos y se marcharon. Ella asegura que portaba una navaja en el bolsillo. Otra vecina expresa la "gran sensación de inseguridad" que provocan estos hechos. Y precisa que el presidente de la asociación de vecinos "ha hecho llegar un escrito" a los cuerpos de seguridad "dando conocimiento de los hechos".

Un viandante camina por la calle José Alcaide Irlán, en Olivos Borrachos.

Un viandante camina por la calle José Alcaide Irlán, en Olivos Borrachos. / Manuel Murillo

Presencia policial y severidad en las leyes

Esa acción ha llevado, según indica, a una "ronda de patrullas policiales". Desde el Cuerpo Nacional de Policía (CNP) no confirman ni descartan esa información. A pesar del trabajo policial, del que son conscientes los vecinos, cuando resultan arrestados, quedan sueltos. "Al día siguiente, la persona que había sido detenida ya estaba nuevamente en la calle, merodeando los vehículos", lamentan los residentes.

Por este motivo, piden, además de más presencia policial, "mayor severidad en las leyes" con el objetivo de "impedir esta oleada de orbos y así restablecer la tranquilidad" en el barrio. Un barrio en el que, como cuenta uno de los vecinos más mayores, antes podían dejar las puertas abiertas.

Un proyecto frustrado

Por los 70 años que suma en Olivos Borrachos, un vecino recuerda a la perfección la lucha vecinal por conseguir eliminar aquel extremo abandonado del barrio, conocido como el 'tacón'. Más de tres décadas de reclamaciones llevaban a sus espaldas cuando, en 2020, el Gobierno municipal, con José María Bellido como alcalde y Salvador Fuentes como delegado de Urbanismo, anunció que las negociaciones con el Gobierno habían surtido efecto y se pondría fin al tacón. En su lugar, la Gerencia de Urbanismo levantaría una zona ajardinada con juegos infantiles y aparatos cardiovasculares. Además, extendería la línea de aparcamientos y el acerado. Casi tres años después, sigue siendo un descampado.

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