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CRÓNICA DE LA JORNADA ELECTORAL EN CÓRDOBA

La democracia que empezó como fiesta y acabó en el ‘after’

Los cordobeses ejercieron su derecho al voto con la sabiduría del pueblo que lleva toreando ‘la calor’ desde hace miles de años

En tres mesas electorales se empezó a contar antes de las 20 horas los votos por correo y ahora la Junta Electoral debe decidir

Irina Marzo

Irina Marzo

CÓRDOBA

Si la campaña había sido una montaña rusa, la jornada del domingo en Córdoba fue el ascenso al pico de la Tiñosa con la escala Celsius en contra de todos los montañistas. La mañana empezó fresca pero trepó pronto a los 40 grados y no había pingüino, ventilador o abanico que refrescase el ambiente. «¿No había traído el ayuntamiento refrigeración a los colegios?», preguntaba una ciudadana con sorna. «La culpa es de Pedro Sánchez que puso este día las elecciones, no te vayas a equivocar», le replicaba rápida su vecina decidida a iniciar el debate a pie de urna. «Debates, no, que ya hemos tenido bastantes y luego os peleáis de verdad», zanjaba la tercera amiga, decidida a toda costa a salvar el vermú. 

Antes de que la fiesta de la democracia entrara en barrena a mediodía (a última hora de la tarde, hubo resurrección tipo after hasta el cierre de puertas en las discotecas a las 20 horas, con el rebufo de los que venían de la playa o del pueblo para votar antes del toque de diana), en los colegios y centros cívicos la mañana fue un no parar. Los cordobeses tiraron del manual del calor que manosean desde hace miles de años y votaron cuando se pudo votar: como mucho hasta las dos. Tanta ebullición hubo que a esa hora la participación había alcanzado en Córdoba, según datos del Gobierno, el 45,9%, un 8,7% más que en las generales del 2019. Aquellas en las que España tuvo que votar doble (lo hizo en abril con rebequita y en noviembre, con chaquetón) ante la imposibilidad de que los partidos pactasen la conformación de un gobierno.

La presidenta de una mesa electoral se abanica para aliviar el calor del 23J.

La presidenta de una mesa electoral se abanica para aliviar el calor del 23J. / A.J. GONZÁLEZ

Por eso este domingo, los cordobeses madrugaron para votar y poder escaparse de nuevo, en el mejor de los casos, a la piscina o al destino de playa abandonado circunstancialmente unas horas del 23J. Viaje de ida y vuelta: de la tumbona a votar y de ahí, al chiringuito otra vez. ¡Suerte que tienen algunos! Hay quien fue a ejercer el derecho al voto (en Córdoba, no, no se apuren) ataviado con aletas, gafas de buceo, hawaiana y nevera. Otros, desde las playas, se jactaban selfie mediante, de su previsión y de haber votado con antelación hace días por correo. 2,47 millones de personas en toda España y 44.637 en Córdoba han optado por esa modalidad que influyó a la postre en el dato de participación que el Gobierno ofreció de nuevo a las 18.00 horas: hasta entonces había votado el 56,12% del censo provincial, un 0,86% menos que hace cuatro años, aunque casi tres puntos más que la media nacional. 

La fiesta de la democracia en Córdoba cayó en picado a eso de las 3 de la tarde. Compréndanlo, soplaban 40 grados. Los presidentes y vocales de mesa, agazapados detrás de las urnas, miraban pasar los minutos de la siesta con incomodidad manifiesta y goterones de sudor --¿abanicos, para qué?--, soñando con la jornada de domingo que pudo ser y no fue. Soñando con echarse una siesta, vaya, que es lo que hubieran hecho en condiciones normales a esas horas. 

Insumisos: desafiando al Estado

Algunos de ellos, los menos, se la habían jugado a cara o cruz a las 8 a.m. desafiando la llamada del Estado y no presentándose en sus respectivos colegios. «Estoy aquí porque el titular de mi mesa no ha venido», lamentaba Rafa, lacónico, en el colegio San Lorenzo. El resto del día, el suplente fantaseó con los castigos a los que la ley sometería al infractor («multa económica de seis a 24 meses o, en el peor de los casos, en una pena de prisión de tres meses a un año»). Bueno, es cierto, también fantaseó con algunas penitencias no contempladas por la ley que él mismo infligiría, llegado el caso, al insumiso. 

Antes, otros muchos habían intentando apearse de las mesas del 23J ante la Junta Electoral (el Ministerio de Interior ha contabilizado casi el doble de peticiones que en las municipales del 28M). Hubo vademecum de excusas. «Me caso». «Estoy de vacaciones con mi suegra». «Compré el viaje en 2019». «Soy alérgico al metacrilato de las urnas». Algunas colaron y otras, no. 

Mucho más expeditiva fue una presidenta del colegio Fray Albino, en el barrio del Campo de la Verdad, que sufrió un ataque de pánico nada más llegar al aula y tuvo que ser sustituida por su suplente (que, ¿se imaginan?, a su vez sufrió un ataque de pánico y tuvo que ser sustituido por el suplente, que a su vez sufrió un ataque de pánico...). 

Un ventilador mueve el aire en un colegio electoral en Córdoba.

Un ventilador mueve el aire en un colegio electoral en Córdoba. / MANUEL MURILLO

Buen clima, en general, entre los interventores y apoderados de los partidos que no reportaron incidencias de gravedad, salvo las incidencias registradas en tres mesas de la capital, dos del CEIP Fray Albino y otra en el Colegio Cronista Rey Heredia, donde los miembros de esas mesas iniciaron los trámites del voto por correo. En todas ellas se está pendiente de resolución por parte de Junta Electoral de Zona

El apoderado Carlos (PP) y el interventor Juan José (Vox) charlaban amigables ante un escenario de posibles pactos en el patio escolar de la calle Muñices. En otro colegio, José, apoderado de Sumar, comentaba que el ambiente era más amable con su formación que el 28M;y José Luis, del PSOE, olía la remontada y se atrevía hasta a bromear. «¿Has visto el meme del perro?».

Entre los apoderados populares en Córdoba, varios ex de Ciudadanos, como la delegada de Cultura, Isabel Albás, que ya asiste a los mítines de Juanma Moreno; y algunos de los fichajes de José María Bellido, como el expresidente de Hostecor Fran de la Torre. 

En las mesas también algunas caras conocidas como la de Paco Morales, chef de Noor, al que le tocó en el San Vicente Ferrer, en su barrio de Cañero (¿invitaría a comer?).

--¿Dígame?

--Es Diario CÓRDOBA. Llamo para denunciar que he ido a votar y la que tenía el listado del censo en mi mesa electoral no se sabía el abecedario y se ha formado allí una cola que se salía del colegio electoral. ¿Se puede hacer algo? 

A, bé, cé, dé...

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