El sudoku
El presidente del PP completa el acertijo y pierde el sueño de tanto hacer números
El PSOE acaba antes sus listas al Congreso porque juega al tres en raya y es más sencillo

El presidente del PP de Córdoba, Adolfo Molina, habla con el alcalde en funciones, José María Bellido. / Manuel Murillo

Adolfo Molina juega estos días al sudoku. Tanto juega, juega tanto que dicen sus compañeros que se desvela por las noches porque los números le bailan en la cabeza como a John Nash en Una mente maravillosa. Adolfo Molina juega estos días al sudoku y sabe que el juego sólo puede tener una solución y que si suma 5 más 3 más 4 no podrá repetir esos números en la misma celda.
También sabe Molina que el que ha hecho el sudoku --¡malditos sean sus indios!-- le ha dejado muy pocas pistas. Por ejemplo, sabe que Bellido seguirá siendo alcalde de Córdoba, así que lo tacha de la lista y sigue sumando; que no quieren que presida la Diputación ningún alcalde, tacha a otros tantos y sigue sumando; que en el Parlamento andaluz se le han caído dos diputados para ser alcaldes y que corre la lista; y que Pedro Sánchez se ha conchabado con el tío del sudoku para complicarle la existencia con dos planchas más al Congreso y al Senado para el 23 de julio. Entonces, Adolfo Molina piensa en la Subdelegación del Gobierno, en la piscina del inmueble, pero se corrige de inmediato: eso son ensoñaciones, primero Núñez Feijóo tendrá que ganar las elecciones, se dice, y sigue con el endiablado acertijo.
Suma un 2 por un lado y le sobran 6 por el otro. Resta 7 y le faltan 3. A todo esto, le llama Antonio Repullo -- «¿qué pasa, bro?»--, le comenta unas consignas y tiene que borrar del tirón una celda del sudoku que había dado ya por completa. Vuelta a empezar. Se consuela pensando que de momento solo juega con números, cábalas, quinielas, y se acojona cuando recuerda que lo peor vendrá cuando al decirlo en voz alta los números se conviertan en nombres y la carroza, en calabaza.
Algunos números, digo, algunas personas le habrán mandado mensajes estos días, como el que no quiere la cosa («Adolfo, amigo, sabes que te aprecio, ¿qué hay de lo mío?»; «Adolfo, por tus mulas, acuérdate de mí, que no quiero volverme al pueblo») y también quien habrá ido a bocajarro, sin ambages, porque entre los populares hay de todo, como en botica.
Desde la calle Capitulares, José María Bellido mira de reojo el sudoku de Adolfo Molina. Desliza, sugiere, insinúa algunas combinaciones de números. José María Bellido sabe que del sudoku de Molina depende en parte su propio sudoku, y que, por ejemplo, si Molina le quitara un número tendría que combinar los suyos de otra manera para que sumaran lo mismo o al menos para que al quitar la pieza no se le viniera abajo su propio tablero. A Bellido también le mandan mensajes, entiéndanlo, la Diputación, ese destino paradisíaco frente a la trinchera de Capitulares, se ve taaaan apetitosa. «Apúntame a mí para ir, la plaza Colón me mola mogollón», y así sucesivamente.
En el Ayuntamiento, los números del sudoku, digo los concejales del PP, aún sin delegación, vagan por los pasillos como almas en pena --estos ojos los han visto-- preguntándose unos a otros: «¿A ti te ha dicho ya algo?», «¿tú sabes ya lo que vas a hacer?».
De vez en cuando se cruzan con otros números, digo con otros concejales en funciones, pongamos que de Cs, que miran con pelusa y sin disimulo a Isabel Albás --que ahora está «súper»--; fantasean, sueñan, imaginan y etiquetan al alcalde en sus redes con adulación. «Con #jmbellidoroche, alcalde de Córdoba, guiño, guiño, en la inauguración de tal y tal, Pascual».
Cuando Adolfo Molina se desvela solo se relaja si piensa en la avenida del aeropuerto. Allí, en la sede del PSOE, no han podido jugar al sudoku y se han tenido que conformar con el tres en raya, un juego sencillo, básico. De hecho, han terminado ya la partida. Al Congreso mandarán de nuevo a Luis Planas y a Rafi Crespín, y solo si el primero volviera a asumir la cartera de Agricultura (para lo que tendría que ganar Pedro Sánchez, eso sí), Alberto Mayoral, que va de tres, podría completar la raya. A Carmen Calvo la han recolocado en las listas de Granada para que juegue allí una nueva mano, mientras que a Antonio Ruiz, que fuera secretario general y aún es presidente de la Diputación en funciones, lo han sacado del tablero sin piedad. Es lo que tiene el tres en raya, que es un juego que se acaba muy pronto.
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