Misión de las Naciones Unidas

La emoción gobierna el regreso de la última rotación de la BRI X en Líbano

Cientos de familiares, amigos y conocidos aguardan junto a la estación de autobuses para ver llegar a los hombres y mujeres desplegados durante seis meses en Medio Oriente

Manuel Á. Larrea

Manuel Á. Larrea

Llegar y decir "joder" puede ser una reacción normal al contraste que provoca haber pasado seis meses en un país como el Líbano. De regreso en Córdoba, Juanjo, uno de los componentes de la Brigada Guzmán el Bueno X que se unió al contingente de Libre Hidalgo XXXVII hace medio año, reconoce que "aprendes a valorar más lo que tienes y lo que realmente ha costado conseguirlo. Cuando vuelves dices: joder".

Entre una algarabía de caras conocidas, la última rotación de la BRI X desplegada en Líbano ha llegado este sábado a Córdoba tras poner fin a la misión en el país oriental. La emoción de los protagonistas y de familiares, amigos y conocidos ha gobernado un reencuentro donde han sobrado las palabras para explicar lo que han supuesto los seis meses de rotación.

A través de un camino de pancartas, aplausos y lágrimas, las sonrisas se han abierto paso cuando uno a uno los militares han ido enfilando desde los autobuses hasta el grupo de familiares que les esperaba junto a la estación. Imposible frenar el impulso de abrazarse y de no soltarse cuando se ha tomado el primer contacto después de medio año a miles de kilómetros. Así se ha vivido un regreso esperado desde hacía tiempo.

Los efectivos, bajo el mando del general de brigada Ignacio Olazábal Elorz, han formado parte del contingente de Libre Hidalgo XXXVII en el sexto despliegue de la Brigada del Líbano (Brilib) en el sur del país. Y, una vez desempañada su función, han aterrizado en Sevilla para poner, más tarde, rumbo a la capital cordobesa. De igual forma lo hicieron semanas antes otras dos rotaciones de compañeros.

Cientos de familiares han aguardado desde primera hora de la mañana junto a la estación hasta que los vehículos han comenzado a aparecer. Entonces, la poca calma se ha detonado en gritos que no han tardado en convertirse en muestras de cariño para los hombres y mujeres que, bajo la bandera de las Naciones Unidas, han velado por la paz en el Líbano.

Para quienes se estrenaban en una misión internacional, como Juanjo o Manu, la experiencia resulta increible a la vez que dura. La dificultad de que todo sea nuevo se compensa con lo "bonito", en palabras de Manu, que es arrimar el hombro en una labor como la que desempeña el Ejército de Tierra en territorio libanés. Sobre el terreno, te das cuenta, asegura Juanjo, de que "estamos acostumbrados a que todo el mundo tiene que tener hospitales, todo el mundo tiene que tener sanidad, infraestructuras". Pero la realidad es muy diferente y se descubre cuando vas a otro sitio "donde no tienen tanta suerte". 

La parte más dura del despliegue, sin duda, opina Manu, es para la familia. Y en lo mismo coincide Carricondo, que explica que, una vez allí, "te metes en la dinámica , en la vorágine del día a día y los días pasan uno tras otro, pero claro, la familia se queda con la peor parte". "Han sido seis meses que si miras para atrás… se han pasado rápido pero el día a día es duro", dice una familiar. Y asegura que era imposible acostumbrarse a la distancia. Experiencia para poder afirmarlo tiene pues, en el caso de Carricondo, era la séptima vez que partía de España con el fin de sumarse a una misión. Misión que, una vez más, "hemos cumplido", concluye. 

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