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PATRIMONIO Y TECNOLOGÍA

Vecinos del casco histórico de Córdoba estudian soluciones alternativas a las placas solares

El arquitecto Marco Peel da a conocer su informe encargado por la Delegación de Casco Histórico en un encuentro vecinal organizado por Barrios por el Clima

Placas solares en el casco histórico de Córdoba. MANUEL MURILLO

Los vecinos del casco histórico agrupados en torno a asociaciones como La Axerquía o Barrios por el Clima pudieron conocer anoche en el centro cívico de la Corredera de primera mano las conclusiones del informe que la Delegación de Casco Histórico encargó al arquitecto holandés afincado en Córdoba Marco Alexander Peel sobre placas solares. El documento ofrece una idea global de los distintos tipos de energía solar, primordialmente para el autoconsumo residencial; de las posibles aplicaciones y soluciones dentro de las limitaciones de un casco con distintos niveles de protección de la Unesco; y busca ampliar el debate que se está dando en la ciudad sobre esta cuestión. Además de este estudio, la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU) ultima una propuesta de división en tres áreas del casco para la instalación de placas que su presidente, Salvador Fuentes, quiere consensuar con los vecinos. 

El arquitecto Marco Peel parte de una premisa básica: la instalación de placas solares no es solo un derecho sino un deber por la crisis climática y energética del planeta. «Se puede y se deben instalar placas», afirma el autor del informe que recuerda que se han instalado sistemas de energía limpia en edificios o zonas con igual o mayor protección que Córdoba: «Desde el casco de Ámsterdam, hasta el Vaticano pasando por la Casa Blanca, el Taj Mahal o Buckingham Palace». Peel asegura que hay muchas alternativas que no se están barajando y cree que las tejas fotovoltaicas, por las que parece inclinarse la GMU en sitios de mayor protección «por su propio color, cantarían más que las propias placas». En todo caso, además de tejas, hay desde toldos solares (los usaron, por ejemplo, los soldados americanos en la guerra de Irak), hasta pavimento fotovoltaico, cubiertas enteras de placas o vidrios fotovoltaicos (pueden colocarse en las monteras de los patios).

Una oportunidad no un problema

«Las placas son una oportunidad, no un problema», insiste este arquitecto para quien el error principal es «lo mal que suelen colocarse; sin seguir criterios estéticos». En su informe defiende la necesidad de poder instalar placas no solo en los edificios nuevos del casco, sino también en los antiguos «que se van a terminar abandonando si no dejamos hacer nada en ellos». Es decir para Peel el verdadero problema que castigaría la Unesco o cualquier otro organismo sería el abandono del casco por parte de los vecinos, y no cuestiones como esta. «La Unesco no se va a meter en eso, pero sí podría hacerlo por la pérdida de población o por los cables de las fachadas», asegura. Tampoco entiende por qué se atacan las placas y se permiten, por ejemplo, construcciones ilegales en las azoteas, antenas de todo tipo o aires acondicionados que dan a la calle. «En esta ciudad se ha permitido la excavación de cientos de pozos ilegales, ¿nos vamos a poner finos con las placas con la emergencia climática que tenemos encima?», pregunta al tiempo que anima a la GMU a adoptar algunas de las soluciones técnicas que propone en su informe.

«En este documento hago una proyección de cómo quedaría la instalación de placas solares en algunas iglesias fernandinas, edificios muy protegidos, y en varios casos es que ni se notan desde una vista área por la forma de las cubiertas, como es el caso de la iglesia de la Compañía, o que mejoran la actual, como la de Santiago».

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