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Entidades como Futuro Singular, Down Córdoba o Prode cuentan con proyectos e itinerarios en los que procuran ofrecer un empleo estable e independencia a personas que tienen alguna discapacidad

Dos usuarios de Prode desarrollan labores de jardinería. Francisco González

Dentro de la economía social hay un sector que se caracteriza por ser lo más social de lo social. Son aquellas entidades, asociaciones y fundaciones que trabajan con personas en exclusión o con alguna discapacidad y que van más allá de una atención puntual. Futuro Singular, Down Córdoba o Prode son algunos de los ejemplos de entidades de economía social que luchan por la integración laboral de sus usuarios. El último ejemplo en este sentido lo ha dado Prode, con su supermercado de Cañero gestionado por personas con distintas capacidades. 

Prode cuenta con dos áreas encaminadas en este sentido. Por un lado está el área sociolaboral, que ofrece oportunidades de empleo, orientación laboral, formación y ocupación para personas con discapacidad intelectual. Se centra en las necesidades de cada persona a través de un itinerario vital individualizado, mediante el cual se planifican los objetivos y metas de cada persona, se determinan los apoyos y recursos necesarios, y se hace el seguimiento efectivo de cada itinerario vital hacia el empleo. Por otro lado se encuentra el área laboral, que nace para generar puestos de trabajo para personas con discapacidad intelectual, enfermedad mental y otras discapacidades, entendiendo que las personas con discapacidad necesitan un trabajo para desarrollarse personal y profesionalmente, siendo requisito indispensable para ser independientes y felices.

Un joven de Futuro Singular en su trabajo en una cafetería de Roldán. Francisco González

El mismo espíritu es el que mueve a Down Córdoba, cuyo gerente, Luis Javier Trillo, recuerda que «el objetivo es lograr la plena inclusión en la sociedad, a todos los niveles, de las personas con síndrome de Down». En la búsqueda de la autonomía y la dependencia, cuenta, es indispensable tener acceso a un empleo, un empleo, además, «ordinario, como el que tiene cualquier ciudadano». En el caso de Down Córdoba, cuando los usuarios terminan el instituto, se les ofrece un itinerario completo de destrezas para poder acceder a un puesto laboral, tanto teórico como práctico. Uno de los últimos que han desarrollado ha ido de la mano de la ONCE y ha permitido a nueve personas con síndrome de Down hacer prácticas en distintas entidades como el Ayuntamiento de Córdoba o la UCO en materia de archivo.

Pero más allá de contratos temporales, recuerda Trillo, lo que interesa es un empleo que genere independencia económica y reconoce que la inserción laboral de estas personas sigue siendo muy baja. También expone otra de las reivindicaciones que tiene el colectivo desde hace años, el acceso al empleo público.

Entre las reivindicaciones de las entidades se encuentra el acceso al empleo público

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Por su parte, desde Futuro Singular también trabajan por el empleo para personas con discapacidad intelectual y en esta apuesta cuentan con dos ambiciosos proyectos. Por un lado, cuentan con el servicio de empleo con apoyo, que procura oportunidades laborales a personas con discapacidad intelectual en empresas ordinarias. Para ello, la figura del preparador laboral analiza y realiza la adaptación del puesto a la persona y la acompaña, junto al empresario y resto del equipo, hasta su total autonomía en el desempeño de sus funciones (actualmente contabiliza ocho contratos laborales, 15 contratos en prácticas y la colaboración de un total de 86 empresas). El segundo proyecto de empleo es Singular Centro Especial de Empleo, una apuesta por el empleo protegido para personas con discapacidad intelectual. Gracias a él, se procura un sueldo digno y estable para las personas empleadas. Actualmente, 16 personas con discapacidad, la mayoría intelectual, forman parte de equipo del centro especial de empleo.

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