Kiosco Diario Córdoba

Diario Córdoba

ENTREVISTA Juan Cuenca Arquitecto, diseñador y miembro del Equipo 57

«En el Equipo 57 sentíamos que el arte tenía que servir para la evolución social»

«El Puente Romano es un paseo de la Córdoba nueva con unas vistas impresionantes», afirma

Juan Cuenca, arquitecto y miembro de Equipo 57

Juan Cuenca, arquitecto y miembro de Equipo 57 A.J.González

Para ver este vídeo regístrate en Diario Córdoba o inicia sesión si ya estás registrado.

Juan Cuenca, arquitecto y miembro de Equipo 57 Paula Lara

Juan Cuenca (Puente Genil, 1934) es arquitecto, diseñador, escultor y miembro de Equipo 57, un grupo de artistas de vanguardia en su época fundado en 1957 que entendió el arte como un medio de conocimiento, más que como un modo de expresión. Los miembros definitivos del Equipo 57 fueron Ángel Duarte, Agustín Ibarrola, Juan Serrano, José Duarte y Juan Cuenca. Los tres últimos cordobeses, así como otros (Segundo Castro y Alejandro Mesa, por ejemplo) que participaron en los primeros momentos junto a artistas de otras procedencias como Jorge Oteiza y Néstor Basterretxea. Además, dos fueron sus escenarios principales: París y Córdoba. La capital francesa fue el lugar donde se juntaron y empezaron a exponer, apoyados por el artista danés Richard Mortensen y la galerista Denise René. Córdoba fue su lugar central de trabajo y encuentro, también de exposición.

Juan Cuenca, además, fue el arquitecto responsable del plan para la rehabilitación del entorno del Puente Romano. El próximo 26 de noviembre se cumple una década desde que la Junta de Andalucía abriese al tránsito peatonal el tramo entre la Puerta del Puente y la calle Santa Teresa de Jornet, con el que se culminaba la mayor intervención del último siglo en el eje monumental de Córdoba. Cuenca está convencido de que las polémicas surgidas por su restauración en el Puente Romano y el entorno de la Puerta del Puente obedecieron a que tocó los recuerdos de la infancia de las personas y de que ese recuerdo de cómo estaban las cosas lo quieren guardar para siempre. Ha recibido numerosos premios, entre ellos, el Premio Nacional de Diseño Mobiliario y la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Jubilado como arquitecto desde la pandemia, continúa trabajando en el diseño de objetos en el espacioso taller de dos plantas en Córdoba, donde tenemos la entrevista, rodeados de prototipos y de esculturas.

Se cumplen este octubre 65 años de la creación de Equipo 57, ¿qué queda de aquel espíritu?

El Equipo 57 imprimía carácter. Se creó como un espíritu de equipo, de colaboración entre todos. De tal manera, que produjimos una obra difícilmente catalogable como individual. Las obras no se firmaban. Era un espíritu de colaboración conjunta de los cinco miembros. Cuando el equipo se disolvió por distintas circunstancias en el año 62, Ángel Duarte continuó mandando obras a exposiciones en el 64 y el 65 como si fueran del equipo. Todo esto lo cuento porque el equipo siguió produciendo obras. Feneció en 1962. Todos nosotros hemos dicho que nos quedó la racionalidad con la que hacíamos nuestras obras, y eso siguió subsistiendo. Ese espíritu de pensar la obra, de construirla nos ha impregnado de tal manera que lo hemos hecho hasta ahora. Lo que quedó fue el espíritu de equipo y la manera de abordar la obra.

Usted es el único superviviente que continúa trabajando, ¿siente nostalgia?

Agustín Ibarrola ya no produce, es cierto. Sí, claro que siento nostalgia. Éramos un grupo nómada, cuando hicimos la exposición del Reina Sofía la hicimos en Córdoba, en Bilbao, en Madrid y en Dinamarca. Viajamos juntos, aunque no siempre teníamos el pleno de los cinco componentes, siempre estábamos en comunicación de forma epistolar. Nos mandábamos bocetos e ideas, aunque no estuviéramos juntos, el equipo estaba vivo. El germen teórico creativo había llegado a su culmen, por lo que no hubo impedimento para que se disolviera.

Uno de los fundamentos de la filosofía del equipo era la defensa de arte como compromiso social, ¿tiene vigencia hoy en día?

En Equipo 57 sentíamos el compromiso de que el arte tenía que ser un elemento para la evolución de la sociedad. De ahí viene que nos interesara el diseño industrial para que pudiera ser accesible a todas las clases sociales. Nuestras investigaciones, que no tenían rigor histórico, pero sí racional, ya suponían una aportación a la sociedad. Paralelamente, procurábamos que se hicieran escuelas de arte y de diseño que se adaptarán a los nuevos tiempos. Eran conceptos que no había en España en aquellos momentos. Vivíamos en la época franquista y queríamos que toda la sociedad se beneficiará de las nuevas ideas. Era una aportación intelectual. Había otros grupos artísticos que sí expresaban los descontentos sociales. Ese sentido, lo practicó Pepe Duarte y Agustín Ibarrola. Mi estilo no era expresar las injusticias sociales de manera muy palpable y que llegara al pueblo. Yo tenía mis dudas de que ese movimiento pudiera ser un revulsivo o revolucionario. Pero, bueno, así fue la historia de España en esos momentos. Yo practicaba un estilo más reflexivo y geométrico.

¿Considera que la obra del Equipo 57 está suficiente valorada en la actualidad?

En los años 80 recibimos muchas quejas de amigos y de expertos en arte de que no se conocía la obra de Equipo 57. Tuvimos conversaciones con el Reina Sofía y no llegaron a fructificar. Fue después, en 1989, agrupamos toda la obra dispersa en nuestras casas y nos comprometimos a reunirla en una exposición. Rememorando y procedimos a restaurar la obra y a reagruparla, no fue fácil. Todo eso sirvió para hacer una gran exposición en 1993 en el Reina Sofía con toda la obra e incluso documentación. Fue muy completa con pintura, escultura, con las estructuras de hierro galvanizado, muebles… A partir de entonces, nos interesamos en dar a conocer la obra del equipo y que perdurara. Empezamos a vender a colecciones privadas y públicas, de tal manera que la obra de Equipo 57 perdura en las colecciones y museos más importantes de España. Luego hicimos un periplo de exposiciones para dar a conocer la obra, que nos permitió también reunirnos y rememorar. Éramos amigos desde primera hora y no dejamos de ser amigos. Nos lo pasábamos estupendamente. Y seguíamos unidos.

«El Equipo 57 imprimía carácter. Se creó como un espíritu de equipo, de colaboración»

decoration

Escultor, diseñador, arquitecto. ¿Con cuál de estas facetas artísticas se identifica más o cuál le ha dado más satisfacciones?

La verdad es que no sabría por cuál decantarme. Es cierto, que al lado de mi estudio de arquitectura, siempre he tenido un pequeño taller, que me servía para escaparme del estudio que era la parte que más me torturaba con las llamadas telefónicas con problemas económicos de las obras. De hecho, muchas de las obras que yo hacía no se sabía si rozaban el arte, el diseño o la arquitectura. En mi mente, realmente la obra dialogaba, estaba en todas esas disciplinas. Dejé la arquitectura al principio de la pandemia, porque los tiempos se complicaron, había menos actividad, los promotores estaban a la espera de… Yo aproveché ese momento raro para dejar la arquitectura y dedicarme plenamente a lo que estoy haciendo ahora.

¿Diseño de muebles?

No. Estoy haciendo de todo. Tengo una exposición en Madrid, que se ha inaugurado el pasado mes de septiembre. Yo no he intervenido para nada, pero se ha hecho muy bien. Quería la galería mostrar mi trayectoria. El futuro..., ya veremos qué pasa en el futuro…

Se cumplen diez años de su transformación y restauración del Puente Romano y del entorno de la Puerta del Puente, que no estuvo exenta de críticas. ¿Con los años, qué opinión tiene de lo que realizó?

Fue una transformación muy meditada y estudiada. Hubo unas protestas extemporáneas que para mí no tenían sentido, que aproveché para hacer pedagogía de porqué había hecho lo que hice. De nada sirvió mi esfuerzo. No son populares, ni masivas, porque la gente quiere algo más ligero y mis explicaciones no les interesaba. Yo estoy satisfecho de la elección de los materiales, incluido el granito rosa, y de cómo se trataban. Sabía cuáles eran mis referencias históricas, los fundamentos, para llevarlo a cabo. Nunca he dudado de que era lo que tenía que hacer. Otros arquitectos habrían hecho otra cosa. Mi planteamiento era claro y fundamentado y sin dudas.

El arquitecto, diseñador y miembro del Equipo 57 Juan Cuenca posa en su taller de diseño en Córdoba. A. J. GONZÁLEZ

¿Está satisfecho con el resultado?

Yo siempre he estado satisfecho de la solución que le di al entorno monumental de la Puerta del Puente. En concreto, el puente fue una solución muy racional y meditada que a todo el mundo le ha producido satisfacción. Salvo a algunos pocos que carecían de argumentos para oponerse a la solución que yo había dado. Es un paseo con el que cuenta la Córdoba nueva y con unas puestas de sol impresionantes. Ha habido un detalle, el recuperar el paisaje urbano de Córdoba. En el diseño, yo preveía unos puntos en los que se podía contemplar estupendamente la ciudad monumental. La gente ha descubierto esos puntos y disfruta de esas vistas tan maravillosas.

Hubo muchas críticas al resultado final de la restauración del puente, que si ya no parecía romano, que si el granito rosa para el pavimento…

El Puente Romano estaba completamente abandonado, mucho más a partir de que deja de tener su uso como carretera N-4, y nadie se ocupaba de él. Sin embargo, seguían pasando coches. El puente era el resultado del abandono histórico. A principios del siglo XX se hizo una reforma nefasta y cruenta con la desaparición del pretil y la hornacina de los santos con un aseguramiento de los alzados del puente. Después, en los años 50 hay variaciones por la construcción del murallón y además se abre una rotonda en La Calahorra, que ocultaba el último arco del puente, que era el más probable de factura romana, y se altera todo. Esa reforma fue muy dañina para el puente y además se entierra aún más, dos metros, la Puerta del Puente. Lo que yo me encontré era pavoroso. Mi proyecto era muy radical, la Puerta del Puente tiene que ascender y La Calahorra tiene que quedar despejada para que su alzada se refleje en el río como yo lo veía cuando era pequeño. Una decisión absolutamente radical. El puente, además, estaba reforzado con hormigón armado, un material que después estaba prohibido, había que sustituirlo con mortero de cal. Me puse a picar todo y a quitarle el forro al puente. Y apareció el puente original, muy deteriorado, el puente romano de la época de Augusto. Se manifestaron todos los avatares del puente a través de la Historia. Cuando el río subía una barbaridad y se derrumbaba un arco, se construía otro sustituto, de prisa y corriendo y con cualquier material. Se podía estudiar ya el puente. Esto, junto con los restos arqueológicos que fueron apareciendo en la Puerta del Puente, alargaron y retrasaron mucho la obra. El resultado es haber recuperado la autenticidad del puente. Además sin engañar, se nota que es moderno tanto por los materiales como por la regularidad de los sillares. Tenía que renacer como elemento paisajístico, incluso. O como la Puerta del Puente antes de la restauración, que no se reconocía, aquello era un arco califal; yo lo reconstruí, pero haciendo que se notase que lo había hecho de forma moderna, pero ya se puede ver el arco califal. Son intervenciones muy rotundas, pero que al final todo parece como algo que está en el tiempo, porque lo que había no estaba ni en el tiempo, estaba en el limbo. Lleno de barbaridades que se habían hecho en el tiempo. Mucha gente cree que el puente era el recuerdo que tenía de él en su niñez.

Con esa restauración cambió la postal de Córdoba de manera radical. ¿Creé que permanecerá en el tiempo dentro de 50 ó de 100 años?

Yo valoré las perspectivas de Córdoba, sobre todo, desde allá, desde la otra parte del puente. Esa montaña de piedra que es la Mezquita-Catedral, que emerge junto con los tejados, quise yo valorarlo como paisaje urbano. Hice que el tránsito desde la Calahorra a la Puerta del Puente andando fuera como un travelling. Un paisaje que se ve a lo lejos y que como te vas acercando se impone de una manera tremenda. No solo por la dimensión, sino por su altura, está en la cota 100. Eran muy sabios los que construyeron en el espacio de la Mezquita, antes y después, para que no se inundara. La arquitectura histórica es un continuo, que ha sido transformador. La última transformación fue que el puente sea peatonal. Yo creo que las siguientes actuaciones serán únicamente de conservación, pero no de concepto. Yo congelé la imagen del puente que conservaba de las fotografías de los tiempos de Isabel II y los grabados más antiguos de la época de Felipe II. De antes no, porque no tenía documentación gráfica, Yo opino que en el futuro lo único que se harán serán obras de conservación de lo que yo petrifiqué. Pueden cambiar cosas no esenciales como el pretil o el pavimento, incluso los niveles son los más aproximados al puente primitivo. Lo que yo he hecho es dejar las cosas como estaban antes de todas las intervenciones pasadas. Ahora, el puente tiene su sentido arqueológico y eso no va a cambiar. Pueden cambiar las luces que yo puse, los faroles. Lo demás no hay razón para cambiarlo.

También es el autor de la estación de autobuses, del Centro de Recepción de Visitantes y las infraestructuras y el pavimento de La Corredera, ¿sus obras han modernizado el urbanismo de Córdoba?

La estación de autobuses, con proyecto de César Portela. Son arquitecturas respetuosas. La de la estación se podría definir como arquitectura ensimismada, tiene un muro perimetral con muy pocos huecos. En su mente estaba una arquitectura hacia dentro como los patios o la Mezquita, cuyo bosque de columnas no se manifiesta por fuera, es una arquitectura interior. César tuvo en cuenta ese concepto de arquitectura que se vierte hacia dentro y además tiene un patio y un jardín. Yo, también, en el CRV estuve imbuido de ese mismo concepto, heredado de los árabes. En el CRV he conseguido la luz cenital, cerrando el edificio tienes luz natural. Al entrar al edificio tengas la sorpresa. Son conceptos inspirados en la Mezquita. Un arquitecto moderno hace arquitectura contemporánea, pero se deja influir por la arquitectura histórica de Córdoba. Hacer arquitectura que se vierta hacia el interior subyuga a los arquitectos que tengan cabeza.

La iluminación de La Corredera tampoco contó con el beneplácito de todos los cordobeses. ¿Se ha solucionado ya el incidente de la desaparición de las lámparas el año pasado?

Sí, fue muy contestada, pero tenía su razón de ser. Yo quería dejar el espacio central de la plaza vacío y libre, como siempre ha sido, Un sitio de celebraciones. El diseño de las lámparas quería que estuviera basado remotamente en la joyería, pero con el espacio del centro vacío para realizar actividades en él como luego ha sido con conciertos, obras de teatro, etcétera. El pavimento es de corte renacentista. Yo procuré que los materiales fueran los mismos que se han utilizado siempre en Córdoba. Respecto a la desaparición de las lámparas, está en ello la Gerencia Municipal de Urbanismo. No me gustó que no las repusieran inmediatamente, si no esperar a remozar la plaza. Ya ha encontrado las tulipas que faltaban. El constructor que puso los anclajes no lo hizo a conciencia y tres o cuatro fallaron. Ahora se va a hacer bien para que queden ahí para siempre.

¿Por cuál de todas sus obras le gustaría ser recordado?

Yo no lo sé. Es como cuando se pregunta a las madres qué hijo prefiere. En todas he puesto mi entusiasmo. Lo que sí sé es que hay algunas más afortunadas que otras. Quizás, las obras que hice en Baena, antes de 1992, pude concentrarme más en ellas. El Ayuntamiento, el teatro, el polideportivo de Baena... fue el momento en el que empecé a hacer obras más señeras. Son obras de las que estoy muy satisfecho y les tengo cariño. La arquitectura es un oficio absorbente y complejo. Por eso yo necesitaba tener entre manos algo que no tuviera una influencia externa como la escultura o el diseño.

¿De dónde saca tanta energía?

De las propias vivencias, del propio trabajo, te mantiene vivo y joven. La actitud es la misma que en la juventud, proyectarse por entero a una actividad, y eso da vida. Lo que la edad no perdona es que el cuerpo se resiente. Las personas jóvenes no sienten el cuerpo, van como volando. Cuando se tiene cierta edad, uno tiene conciencia de su cuerpo. Y sigo en activo y pretendo seguir en activo. Mi arquitectura está muy hilvanada con la historia. Siempre me he visto rodeado de polémica, porque he tocado detalles sensibles en los sitios. Sobre todo he tocado los recuerdos, que están muy ligados a la infancia, aprisionados, y cuando uno los toca está tocando las mentes de la gente. Y se rebelan. El recuerdo de cómo están las cosas lo quieren guardar para siempre. Este sentimiento es muy moderno, el de quererse agarrar al recuerdo, aunque sean gente progresista, pero la mente traiciona. Virgencita que me quede o que se quede como estaba. Yo lo he tocado muy de cerca. Todas las protestas por los cambios que he hecho remiten a la infancia y a sus recuerdos. Todo esto se mezcla con intrigas y con odios y con política. se produce una polémica tremenda, que con el paso del tiempo se calma. La gente con el puente está encantada, encantada. Es que aquello es un espectáculo y las tardes con la puesta del sol y esas luces , los cielos. Donde yo estoy tocando no solo es para todos los cordobeses, porque por aquí pasa todo el mundo. Es trabajar para todo el mundo y no para el cordobita.

¿Ha dejado una estampa para el futuro y para la humanidad?

Sí, para el futuro había que hacerlo. Y en la actualidad está para disfrutarla.

Compartir el artículo

stats