El sector de la joyería cordobesa está de luto, ya que nos ha dejado Antonio Espaliú, una de las personas que ha hecho posible su reconocimiento internacional. Su andadura profesional la inicia junto a sus primos, llegando a ser Director Gerente de Silver Gena. Esta relevante empresa española, líder en la fabricación de orfebrería y con presencia en las principales capitales del mundo, fue reconocida bajo su dirección como Empresa Modelo Nacional, recibiendo el galardón de manos de Juan Carlos I.

En 1981 funda Cresber (Creaciones Espaliú Berdud SL), que atesora los conocimientos y la tradición de una de las estirpes de maestros joyeros más destacada de España, pues el apellido Espaliú resulta esencial en su historia.

Hoy los talleres de Cresber, guiados por nuevas generaciones de la familia Espaliú, se mantienen en la vanguardia de esta industria. Un profundo conocimiento y respeto al oficio, unido a sistemas de producción innovadores apoyados de última tecnología, le permite mantener los más altos estándares de calidad a los precios más competitivos.

Antonio siempre ha estado vinculado al día a día de Córdoba, habiendo participado en todas aquellas iniciativas tendentes a mejorarla. En los inicios de la democracia participó en el nacimiento de la Confederación de Empresarios de Córdoba (CECO); la Asociación Provincial de Joyeros y la Asociación de Fabricantes y Empresas de Servicios de Córdoba (Asfaco), de la que fue su primer presidente entre 1977 y 1980. También en el de la de la Voz de Córdoba, la Fundación Foros de Córdoba y, como no, el Parque Joyero, siendo uno de sus grandes impulsores.

Profesional meticuloso hasta la saciedad, todo lo estudiaba como si realizara una tesis doctoral. Por ello, supo apartarse a un lado, al estar convencido que ya había puesto todo de su parte, dejando que su puesto lo ocupara su hijo Fernando, pero él siempre estaba a su lado. De hecho, en la empresa ha dejado un vacío difícil de llenar y un recuerdo imborrable, reconocido por toda la plantilla.  

Antonio era un hombre al que le gustaba vivir el día a día con intensidad, tanto en el plano profesional como personal. En este último destacan sus aficiones por las motos, pues siempre tuvo una a su disposición; como pintor de acuarelas; viajar y disfrutar de la Costa del Sol, donde acudía a menudo y la caza. Siempre me comentaba que Córdoba era una de las ciudades donde mejor se comía de España, llevando muy a gala ser miembro de los “tiesos de Pastrana”, que se reunían en la mítica mesa del Rey Arturo del Churrasco.

Trabajador hasta la extenuación, amigo de sus amigos y ejemplo de hombre senequista, honrado y respetuoso, ante todo, dado a la conversación pausada, a escuchar para aportar certeras reflexiones, y, como no, frente a una buena copa de vino. Al igual que siempre vivió, Antonio nos ha dejado con esa sentida humildad que solo habita en los hombres excepcionales. Durante muchos años se enfrentó a su enfermedad con la misma entereza que puso ante cualquier mal modo a lo largo de su vida, incluidas las crisis empresariales.

Sin duda, era portador de esa bondad desinteresada y espontánea que caracteriza a las personas excelentes. Como dijo Machado de sí mismo, bueno "en el mejor sentido de la palabra, bueno". Nos ha dejado Antonio, pero siempre nos quedará su recuerdo. No, no es del todo correcto, personas como él no se van, pues siguen entre nosotros. Sus amigos, lo llevaremos en el corazón, su viuda, hijos y nietos, en su alma, para siempre.