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Diario Córdoba

ENTREVISTA Rafael Arenas González Biólogo y experto en Medio Ambiente

«En Medio Ambiente hay que pensar en el medio y largo plazo»

«Son muchas las aves esteparias que han empezado a extinguirse de manera silenciosa», explica

El biólogo y colaborador de CÓRDOBA, Rafael Arenas. Manuel Murillo

Rafael Arenas colabora con este periódico con artículos que asoman al lector a todo tipo de curiosidades y reflexiones relacionadas con el medio ambiente en su sentido más amplio. Mañana los presentará en forma de libro, pero en esta entrevista conversa sobre el panorama actual en la provincia de Córdoba.

¿En qué situación, desde un punto de vista medioambiental, se encuentra actualmente Córdoba?

Creo que debemos empezar atendiendo al cambio climático, que es el principal reto que tenemos para el futuro. Se sabe ya que la temperatura media ha aumentado 1,1 grados y hay que evitar que suba hasta 1,5 para el año 2030. Ahí es donde las administraciones deben de poner el punto de mira, tanto los ayuntamientos como la Junta de Andalucía y el Gobierno central. En este punto es donde creo que los consistorios van más retrasados, no sé si porque no se acaban de creer que el cambio climático existe, pero lo que está claro es que no se ven acciones rápidas.

¿Cómo por ejemplo?

Por ejemplo en Córdoba capital, donde vivimos, este verano ha sido horroroso y tendría que haber una política mucho más efectiva relacionada con las zonas verdes. Si damos un paseo por cualquier lugar donde haya árboles, pues yo no sé si son más abundantes los alcorques vacíos que los que tienen árboles. Entonces ahí es donde deben hacer una política seria y rápida. Además, si ellos empiezan a dar ejemplos los ciudadanos también harán lo propio, si no, va a ser muy difícil.

¿Y qué nos encontramos por la provincia?

Pues ahí tenemos que en lo que es zona forestal, es decir, aquella donde hay cubierta vegetal natural, no dedicada al cultivo, ahí se han notado mucho los impulsos que se dieron desde la Junta de Andalucía en materia de conservación activa. Gracias a ello, prácticamente casi todas las especies han evolucionado positivamente. Por ejemplo, el buitre negro ha pasado de estar en peligro de extinción a estar vulnerable; el águila imperial ha aumentado muchísimo el número de parejas reproductoras, en el año 90 había dos parejas y ahora hay 32. Bien es cierto que hemos tendido mucho a abandonar el cuidado de las zonas de campiña dedicadas a cultivo donde se ha experimentado una gran transformación.

¿De qué hablamos exactamente?

Hay datos curiosos relacionados con el tema de aves esteparias donde observamos que lo que ha ocurrido es que, por ejemplo, el olivar, entre 1991 y 2021, se ha extendido en más de 67.000 hectáreas. Para que los lectores se puedan hacer una idea, es como si el Parque Natural de Hornachuelos hubiese sido todo de cultivo y se hubiese pasado en su totalidad a olivar. Igual ha ocurrido con los almendros y el pistacho. Sin embargo, los cereales han decrecido como si el Parque de las Subbéticas hubiese desaparecido como tal. La implicación de esto afecta directamente y de manera grave al grupo de aves esteparias que, de manera silenciosa, han empezado a extinguirse al verse despojadas de su hábitat natural.

Pero entrarán en juegos otros factores también.

Claro, encontramos otros cambios considerables si consideramos, por ejemplo, el uso que se le está dando a los herbicidas, que son la base de alimentación de muchos insectos que a su vez son la base de la alimentación de los pollos de las aves esteparias. Para hacernos una idea, en el año 1991 se empleaban 1221 toneladas y 7625 en el 2019, que son los datos más recientes, es decir, se ha incrementado en un 624 por ciento, algo tremendo que hace que cuando visitamos la campiña solo veamos un campo planchado donde solo hay cultivo.

¿Y a esto se suma algún otro problema, o deriva de esta situación alguna otra problemática que tenga efecto arrastre?

Sin duda, nos encontramos ante la ausencia de protección del suelo. Cuando vienen lluvias torrenciales ese suelo que, o está en cultivo o en tierra calma, se va, las carreteras se cortan... etc. Yo recuerdo un viaje que hice a Cazorla en medio de un temporal y cuando salíamos de Córdoba llovía a mares y veíais todos los cursos marrones de la tierra que arrastraba pero, sin embargo, fue llegar a Cazorla, llovía exactamente igual pero el agua iba clara. ¿Por qué? Porque el suelo está protegido, ese es un mensaje que debe quedar claro. Se debe proteger frente a la erosión y no mientras más limpio esté un cultivo se está haciendo mejor. Porque además esto hace que se esté perdiendo mucha tierra, en torno a 50 toneladas por hectárea cuando lo aconsejable es 12, que es casi cinco veces más.

¿Ha cambiado la situación que has venido describiendo en tus artículos respecto al presente o se mantiene?

Tienen vigencia actual, de ahí la idea de hacer un compendio de ellos. Al final el libro, que está conformado por 110 artículos, la inmensa mayoría tienen actualidad. Lo he pensado como un libro de consulta que pueda estar también accesible para que las nuevas generaciones tengan esa perspectiva y vean que los problemas prácticamente no han cambiado. Por eso te comentaba que en ciertos aspectos se ven pocos avances. Hay otra cuestión, por ejemplo, relacionada con los incendios forestales. En los últimos años estamos viendo que tienen mucha más explosividad porque se ha acumulado mucha biomasa. Ha habido una bajada en la inversión en materia forestal a partir del 2011, algo que se viene manteniendo. La vegetación sigue creciendo, acumulándose y es pura física: en un ambiente como este, tan caluroso, el día que salte una chispa y haya 30 grados de temperatura en superficie y una humedad relativa en el aire menor al 30% y una velocidad mayor al 30% todo empezará a arder de la manera que estamos viendo hoy día. La única vía es invertir más en prevención. Mucha superficie forestal que hay en la provincia son repoblaciones que en su día se hicieron en altas densidades y hay lugares que no se han vuelto a tocar. Ante eso solo hay dos sistemas: o una plaga se lo lleva por delante o lo hace un incendio. Lo que hay que hacer es actuar antes.

Y no podemos olvidar el tema del agua, de su escasez...

El 80% del agua se utiliza en regadío. La cuenca del Guadalquivir es deficitaria en más de 300 hectómetros cúbicos, hay grandes superficies donde el agua subterránea está contaminada por nitrógeno. Solo basta leerse el plan hidrológico para reconocer que es un problema que requiere de muchos años para descontaminarse. Afortunadamente estamos en la Unión Europea y la Directiva de Aguas obliga a poner raciocinio en este capítulo. En el debate siempre se oye pedir más hectáreas de regadío y algunos escenarios del cambio climático pueden hacer aumentar el déficit hídrico. Como dice el presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, no cabe una hectárea más de regadío. Si existe un mecanismo en el que modernizaciones y cultivos menos exigentes en agua puedan hacer ahorrar agua, ese es el camino.

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