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Diario Córdoba

La pandemia silenciosa

La salud mental de los jóvenes cordobeses flaquea y crecen los suicidios

Los servicios sanitarios registran un 20% más de consultas que antes del covid | Córdoba habilita dos habitaciones para atender casos en fase aguda

Una mujer contempla las vías del tren, en una imagen alegórica para completar visualmente la información. Runde

Los números ponen los pelos de punta y, sin embargo, hay que conocerlos para intentar dar soluciones a lo que significan, un reguero de vidas rotas y familias destrozadas. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, correspondientes al 2020, el primer año de la pandemia se quitaron la vida en España 3.941 personas, 11 cada día, un 183% más que hace diez años, cuando lo hicieron 1.390. Actualmente, el suicidio constituye la primera causa externa de fallecimiento (las que no están provocadas por una enfermedad), por delante de accidentes de tráfico, ahogamientos, caídas accidentales, envenenamientos o agresiones y, desde el 2020, el suicidio se sitúa como la segunda causa de muerte externa después de los tumores malignos en jóvenes de 15 a 29 años. 

Desde el año 2007, la curva ascendente de suicidios se ha mantenido hasta elevar en la última década un 25% las víctimas de esta pandemia silenciosa. Solo en Córdoba, la tercera provincia en tasa de suicidios de Andalucía, después de Jaén y Granada, en el 2020 murieron por decisión propia 84 personas, aproximadamente una cada cuatro días --66 hombres y 18 mujeres--. Pero los suicidios consumados son solo la punta del iceberg del sufrimiento psicológico que ha incrementado los intentos.

Córdoba no dispone de una unidad de hospitalización para pacientes pediátricos de salud mental

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Desde que el covid hizo acto de presencia, las unidades de salud mental vienen alertando del aumento constante de consultas y del crecimiento sostenido de las tentativas de suicidio y suicidios consumados. En el actual contexto de incertidumbre, los jóvenes y adolescentes representan el eslabón más débil. El coordinador del área de Salud Mental Infantojuvenil del Reina Sofía es Rafael de Burgos, que estima que desde el 2020 se ha producido un incremento de consultas de en torno al 20%. «Desde que empezó la pandemia, han aumentado mucho las consultas por patología psiquiátrica en infancia y adolescencia. Antes, entre el 10 y el 20% de los niños sufría algún trastorno en esta etapa, un índice que se ha disparado», afirma, «lo que más ha crecido es la patología grave en niños, que cada vez vienen con menos edad y con más necesidad de hospitalización». Los trastornos de alimentación están entre los más frecuentes, sobre todo en niñas muy jóvenes que requieren cada vez más estancia hospitalaria, «también las ideas de suicidio, los intentos de suicidio y las conductas autolesivas», asegura De Burgos.

¿Qué puedo hacer si tengo conductas suicidas? RAMÓN AZAÑÓN

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En su opinión, el confinamiento tuvo un efecto que en muchos casos ha sido irreversible, sobre todo, en niños que estaban en pleno proceso evolutivo. «Verse privados de las relaciones sociales a esa edad ha tenido un gran impacto, al igual que ha influido el enorme abuso que se ha producido de las redes sociales y la percepción del contexto de inestabilidad económica y social que ha acompañado a esta crisis sanitaria y lo que ha venido después», explica el psiquiatra, para quien la sobreexposición en las redes sociales ha sido determinante en el incremento de los trastornos alimenticios y en el aumento de las conductas autolesivas e intentos de suicidio, por el efecto mimético que provocan en ciertos casos. Los niños han vivido la crisis sanitaria con «mucho miedo», no solo a contagiarse ellos, sino a contagiar a sus seres queridos. 

El incremento de la patología se está notando en todas las áreas de tratamiento, desde el primer eslabón, los pediatras, hasta los niveles posteriores como los servicios de salud mental, Urgencias y la unidad de Los Morales que atiende los casos más graves infantojuveniles. Después del parón de actividad que provocó la pandemia en sus fases iniciales, los servicios médicos registraron un incremento importante de la demanda asistencial en este área, como en muchas otras. Actualmente, según el doctor De Burgos, la situación «no se ha suavizado pese a la flexibilización de las medidas. Hay menos consultas por miedo a la enfermedad o al contagio, pero los trastornos alimenticios y las tentativas de suicidio siguen creciendo. A la unidad de Los Morales solo llegan los casos más graves. Sin embargo, «es muy rara la semana que no vemos al menos un caso o dos de intento de suicidio o de autolesiones».

Las estadísticas indican que las conductas autolesivas, cortes superficiales que se realizan para aliviar un malestar interno, no tanto para buscar la muerte, es más frecuente en chicas, más asociado a trastornos de ansiedad, y son precursores de trastornos de personalidad en personas inestables a las que les cuesta controlar sus impulsos y demás. Por su parte, ser varón es un factor de riesgo para el suicidio consumado. 

Cuando un niño o adolescente es atendido en los servicios sanitarios por intento de suicidio, se activa un protocolo sanitario mediante el cual el psicólogo o psiquiatra de referencia recibe un aviso para que agilice la consulta con la familia del menor, ya sea un paciente nuevo o un paciente previo de Salud Mental. El objetivo es intervenir lo más precozmente posible. «Hay pacientes nuevos y pacientes que consultaron inicialmente por esto y reinciden al cabo de un tiempo». Esa reincidencia es algo «muy frecuente». Según De Burgos, la colaboración de la familia es fundamental tras la primera consulta, ya que apenas hay unidades de hospitalización infantojuvenil en Andalucía, por lo que el seguimiento se hace a distancia y son los padres los que tienen que realizar la supervisión y el control del menor. La necesidad de dotar de más especialistas y crear unidades de hospitalización en cada provincia para los pacientes pediátricos se ha convertido a raíz de la pandemia en un clamor desde distintos ámbitos, tanto sanitarios como familiares, pero de momento, las mejoras son muy escasas. En el caso de Córdoba, el aumento de los casos graves de salud mental en pacientes menores en una provincia sin ninguna unidad de hospitalización ha llevado recientemente a los servicios sanitarios a habilitar dos habitaciones en el área de Pediatría de Córdoba, supervisada por un psiquiatra, donde atender solo aquellos casos en los que se dé una situación urgente que necesite un ingreso de contención, en fase aguda. 

«Cuando un menor tiene 39 de fiebre vamos al pediatra, hay que hacer lo mismo en estos casos»

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Los menores con patologías graves que necesiten ingreso no tienen cabida en los hospitales y deben ser atendidos de forma ambulatoria. «En este momento, hay unidades en Jaén y Almería y se están creando en otras provincias», explica Rafael de Burgos, que espera que las dos habitaciones de Córdoba sean el germen para la creación de una unidad de hospitalización, ya que recuerda que «trasladar a un niño en esas condiciones a otra provincia es un auténtico descalabro».

Solo para adultos

En la unidad del Hospital Provincial de Córdoba solo pueden entrar adultos y, en casos muy concretos, menores de entre 16 y 17 años con supervisión de un familiar. Según Rafael de Burgos, antes de la pandemia, esporádicamente, se producían casos graves, pero en los dos últimos años el número de casos se ha disparado. La ratio de especialistas destinados a atender la salud mental de los menores se espera que crezca en los próximos años. «En el 2021 se creó la especialidad de Psiquiatría Infantil y ahora se está acreditando a los especialistas», señala De Burgos, «el año que viene los estudiantes de Medicina podrán elegir ya esta especialidad». 

Una persona se quita la vida cada cuatro días en Córdoba

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Con esta medida se espera que los psicólogos y psiquiatras asignados a los equipos del área infantojuvenil empiecen a aumentar progresivamente. El principal factor de riesgo para que un intento de suicidio se consume es que haya habido intentos suicidas previos, entre otros factores como la patología psiquiátrica grave, falta de apoyo familiar, consumo de tóxicos, ser varón...

Casi todos los suicidios consumados tienen como antecedente intentos previos. Según el responsable de la unidad, «a veces las tentativas que no tienen consecuencias graves se trivializan y hay que darles importancia porque son una llamada de atención, una búsqueda de auxilio de los adolescentes».

Luchar contra el suicidio desde la detección precoz

Como ocurre en otras patologías graves que derivan en la muerte, la lucha contra el suicidio debe plantearse desde la detección precoz, algo que en el caso de los jóvenes puede además atajar trastornos mentales más graves en la edad adulta. Los especialistas coinciden en que a veces es complicado porque el hecho de que un adolescente se vuelva huraño, callado o introvertido no es significativo, ya que en muchos casos forma parte del proceso evolutivo normal. 

Sin embargo, eso es precisamente lo que hay que intentar detectar, los cambios de humor y de comportamiento, cambios en las relaciones familiares y sociales, problemas de comportamiento, aislamiento en la habitación, dejar de disfrutar con las cosas habituales, abuso de las redes sociales... Todas las conductas de este tipo son frecuentes y no siempre implican comportamientos autolesivos o ideas suicidas, pero son el primer paso cuando se producen. 

Según el psiquiatra, «hay que tener un poco de sensibilidad e igual que cuando un niño tiene 39 de fiebre se pregunta al pediatra, si se detecta algún comportamiento anómalo hay que acudir a los equipos de salud mental y comunicar estos cambios para detectarlo lo antes posible». Frases como «date un paseo, haz gimnasia, échale más ganas o ya verás como se te pasa... no se dicen a alguien con fiebre o una pierna rota, pero sí ante el sufrimiento psicológico». 

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