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Diario Córdoba

EXCLUSIÓN SOCIAL | HISTORIA DE VIDA EN LAS PALMERAS

El giro de Enma

Ser niña de etnia gitana y vivir en Las Palmeras se ha convertido en una barrera casi insalvable para escalar en el sistema educativo | Desde 2008 nadie que haya estudiado en los dos colegios del barrio ha logrado el título de la ESO

Metáfora. Un pájaro enjaulado en el barrio de Las Palmeras. JOSÉ JUAN LUQUE

Hola, me llamo Enma, tengo doce años y trabajo en el… uy, me he equivocado.

- ¿Trabajas o estudias?

- ¡Estudio!

- ¿Tú sabes por qué te hemos elegido a ti para hacer esto?

- No.

- ¿No te lo imaginas?

Hace una pausa, se toca la barbilla.

- Porque... ¿soy la más lista?

Uno no puede más que quedarse embobado con la voz de Enma, dulce y ruda, directa y fuerte, serena, potente. Cuesta no dejarse impresionar por el brillo de sus ojos, por la firmeza de su semblante, por su melena, colorida y cambiante. Cuesta no sentir un pellizco al recordar lo que soñaba con doce años.

- ¿Qué te gustaría ser de mayor?

- A mí me gustaría ser médica. Curar a la gente.

- ¿Te gusta ayudar a la gente?

- Sí, ayudarla.

- Para eso hay que estudiar un montón.

-Pues… si puedo hacerlo, lo intentaré.

Uno no puede olvidar la sonrisa de sus padres cuando les dijimos por qué habíamos elegido a su hija para esta investigación. El nombre de Enma es ficticio, pero la historia es real. La historia de una niña de etnia gitana entusiasta que quería progresar en el sistema educativo. La historia de una niña que lo tenía todo para avanzar: máxima motivación, inteligencia, una meta ambiciosa, desparpajo, una madre implicada, un padre deseoso de que estudiara, un profesorado entregado y paciente. Pero es también la historia del mundo que le condiciona, de todo lo que le frena, de cómo el barrio, la tradición, los iguales y la propia Administración la han empujado a cambiar su objetivo: de médica con doce años a madre con quince. El interrogante es doloroso: «¿Qué pasa con esas niñas? ¿Por qué están tan interesadas en estudiar Medicina y a partir de los 13 o 14 años de repente sus intereses se centran en formar una familia?», se cuestiona Auxi Blasco, la directora del Duque de Rivas

«¿Qué pasa con esas niñas que de chicas están interesadas en estudiar Medicina y a los 14 años sus intereses se centran en formar una familia?»

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Enma vive en Las Palmeras, el sexto distrito más desfavorecido de España, y estudió en el Duque de Rivas, un enorme colegio de tres plantas con pocos niños y un antiguo sistema educativo llamado Semi D, formado por la etapa de Primaria más 1º y 2º de la ESO, algo que ya solo se da en algunos colegios rurales. Al pasear por el barrio se entiende a lo que se enfrentan Enma y tantas otras niñas como ella. Cuesta imaginarlas sentadas en el escritorio de su habitación, haciendo las tareas o leyendo, aunque Enma insiste en que se lleva libros a casa. 

¿Busca algo inalcanzable? 

Este era el deseo de su madre cuando su niña tenía doce años: «Me gustaría que el día de mañana sea algo, que vaya a institutos». «Que tenga su trabajito», añadía el padre. 

Pero Enma se ha chocado con muros que no ha podido sortear. «El entorno presiona y condiciona; si es lo que están viendo desde chicas, ellas se sienten obligadas a seguir esas costumbres», advierte la directora. Su abuela, con la que vivió varias temporadas, se quedó embarazada a los 14 años. Su madre, a los 16. Enma se casó con 14 y con 15 dio a luz. «Yo le decía que ella tenía que estar a sus estudios, que se tenía que haber esperado un poquito más, ¡que es una niña! ¡Es como si estuviese jugando a las casitas! Pero yo hice igual, ¿no?», reconoce con pesar su abuela. «Enma tiene mucha inteligencia, los maestros estaban locos con ella... pero no sé lo que le pasó. Cuando nos casamos, pues ya perdemos todo».

Antonio Gimbert fue durante nueve años el tutor de Enma. Al terminar Primaria le preguntamos dónde la veía en cuatro años. «Es difícil. Si se mantiene en este contexto… no creo que termine la escolaridad obligatoria. Y es una pena porque son niños completamente válidos, pero el contexto los lleva abajo. Se dejan llevar por el ambiente, y o los sacas de ese ambiente o no… Ellos no quieren ser diferentes, y menos ser diferentes por el lado positivo».

Precisamente, que vivan experiencias fuera del barrio es una de las estrategias del equipo educativo del Duque de Rivas con muchos de sus alumnos. Fue el caso de Enma. Cuando cursaba sexto, le plantearon que se marchara al instituto Zoco. «Queríamos que empezara desde primero de la ESO con niños procedentes de otros centros, que empezaran todos juntos, y no que de repente se incorporara en un tercero de la ESO con los grupos ya hechos y próxima a los 16 años, porque a esa edad, cuando van al instituto, se sienten muy perdidos, con el estigma de ser de Las Palmeras y la autoestima por los suelos, y acaban abandonando», desvela Auxi.

Al principio Enma aceptó cambiarse al Zoco pese a estar a más de dos kilómetros de su casa. «Sí, me gustaría irme, porque yo quiero aprender, pero ellos (sus compañeros)... aquí no dejan aprender», decía. Conforme pasaban los meses, su discurso iba cambiando. «No es lo mismo que si te vas con tu familia, porque ¿tú qué haces allí sin tu prima, sin tu familia, sin tu abuela… sin nadie?. Yo quiero vivir con mi familia», aseguraba, tocándose el pecho. El miedo y la escasa tolerancia a la frustración son otras dos barreras a las que se enfrentan muchos jóvenes de Las Palmeras cuando se les propone salir de su barrio para estudiar.

Enma, una niña líder, con una personalidad fuerte, arrolladora, se fue empequeñeciendo conforme se aproximaba la fecha de la matrícula. «Cuando llegaron los papeles, empezó a decir: ‘¡Que yo no voy al instituto! Que yo me he enterado de que allí esto, que allí lo otro’», recuerda su tutor. Los temores ya se habían apoderado de ella, explica la directora. «Siempre tienen miedo al rechazo y van con ese complejo de inferioridad. Yo no estoy en su piel para saber lo que ellos sienten, pero puede ser que algo de verdad haya, puede ser que ellos vayan allí y sientan las miradas de… ‘¿este de dónde ha salido?’. No lo sé. Eso lo cuentan ellos así, no sé hasta qué punto es verdad, pero tampoco me extraña porque en general la sociedad es así, aparta a los que ve diferentes. Enma no tiene problemas de socialización, es una niña muy espabilada, creo que podría encajar muy bien, lo que pasa es que ni ella misma se lo cree; la imagen y autoestima que tienen los niños de este barrio es muy baja».

Entre los 12 y los 13 años el cuerpo y el discurso de Enma dan un gran giro. El pelo teñido, la voz más seca, más apagada, más desconfiada. Ya no se muestra tan receptiva a las entrevistas. Ella sabe que todos sus maestros quieren que vaya a otro instituto. «Pero yo no quiero». Es junio, entra en un bucle, colapsa. 

- ¿Por qué no quieres ir, Enma?

- Porque yo qué sé, allí es otra cosa distinta, no me gusta estar allí. 

- Pero si no has ido todavía.

- No, pero ya me han dicho cómo es, lo malo que hay, todo lo que hay, y me da miedo ir. 

- ¿Por qué has cambiado de opinión ahora?

Piensa, se toca el pelo.

- Yo qué sé. Pues por eso, porque no me gusta, me da miedo, hay muchas cosas, me da miedo.

Esa misma tarde sus padres tratan de responder a la pregunta: 

- ¿Por qué tiene miedo?

- Porque está sola, ¿no? -avanza el padre.

- Al principio quería, pero no sé qué le ha pasado que se ha echado atrás- continúa la madre.

- También se habrá asustado -insiste el padre-, porque ella está aquí en su barrio, y allí diría, ‘¿esto qué es?’ Se asustaría.

La abuela interviene: «Ella tiene pánico de salir de noche, porque a las siete de la mañana es de noche, y le da pánico coger el autobús sola e ir al instituto».

Bloque en Las Palmeras, el sexto barrio más empobrecido de España. JOSÉ JUAN LUQUE

Los tres familiares más allegados de Enma inciden en la distancia, pero la directora apunta otra barrera, la mental: «Es verdad que esto está muy aislado, pero, sobre todo, es el complejo que tienen de ser de Las Palmeras, de creer que no van a ser bien recibidos en ningún sitio». 

Finalmente, son muy pocos los niños que se atreven a irse del Duque de Rivas, y quienes lo hacen, suelen acabar volviendo; el colegio ejerce de imán sobre el alumnado y las familias, explica su directora: «La inseguridad que tienen es que sus hijos se vean desprotegidos, con un profesorado que entre tantos alumnos no va a estar pendiente de los suyos. En el fondo, los padres también tienen miedo porque temen que la niña se sienta discriminada por su procedencia».

“Aquí se dejan llevar mucho por el ambiente, y ellos no quieren ser diferentes, y menos por el lado positivo”

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La construcción de un instituto en el distrito, el IES Casiana Muñoz, parecía un antídoto contra el fracaso educativo de tantas generaciones de Las Palmeras. Pero aún ninguno de los dos colegios del barrio, el Pedagogo Navarro y el Duque de Rivas, ha sido adscrito al nuevo centro de Secundaria. La Administración defiende su decisión arguyendo que no quiere crear un gueto. Así, se da la paradoja de que ambos colegios tienen seis adscripciones, pero ninguna al instituto más cercano. 

La dispersión del alumnado en tantos centros dificulta el proceso de tránsito de Primaria a Secundaria. Manu Ríos, profesor asociado de la Universidad de Córdoba, aboga por una adscripción única al Casiana y por la eliminación del Semi D en el Duque. «Es un agujero negro y no va a titular nadie, precisamente porque hay un mecanismo creado, que es el Semi D, para hacer de tapón y que los chicos y chicas no vayan a un instituto normalizado cuando les corresponde, que sería en sexto de Primaria. Entonces, yo insistiría en eliminar ese Semi D si queremos que haya una mínima posibilidad; y luego, una adscripción única, pero no solo del Duque, sino también del Pedagogo y del Churruca (colegio de Miralbaida)». 

La eliminación del Semi D en el Duque y una adscripción única al IES Casiana, posibles alternativas, según un experto

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En el curso que acaba, solo siete niños entre el Duque y el Pedagogo pasarán a primero de la ESO. «¿Qué problema hay en que estos siete niños vayan a un instituto?», se pregunta Ríos, que no ve lógico sostener este sistema porque desde el 2008 ningún alumno de los dos colegios de Las Palmeras ha logrado la ESO. «¿Entonces por qué se mantiene? Se está vaciando la zona», avisa, pese a que es uno de los barrios con los índices de natalidad más alta. «Pero las familias cada vez apuestan menos por estos centros porque ven que no tienen futuro». Enma es un rostro, una más de las niñas engullidas por su entorno y por el propio sistema educativo.

Dos años después de la primera entrevista con ella, ya con 14 años, le volvemos a preguntar por sus inquietudes:

- ¿Todavía quieres seguir siendo médica?

- Sí, sí. 

- ¿Y lo ves viable?

Duda, la mirada hacia abajo, un fino hilo de voz. 

- No. 

- ¿Por qué?

- No sé...

Vuelve a pararse, trata de buscar alguna palabra.

- Yo no me veo para eso.

En septiembre debería empezar tercero de la ESO. Entonces, su hija, a la que también ha llamado Enma, tendrá cuatro meses. Otra Enma en Las Palmeras. Otra Enma que echará a andar, otra Enma probablemente con los mismos sueños que su madre. Quizá el ejemplo de Enma, generosa al contar su historia, sirva para remover conciencias y que algo cambie. Quizá su hija vea el cambio.

Patio del Colegio Público Duque de Rivas, en Las Palmeras. JOSÉ JUAN LUQUE

LOS DOS COLEGIOS DE LAS PALMERAS, SIN ADSCRIPCIÓN AL ÚNICO IES DE SU DISTRITO

La construcción de un instituto próximo a Las Palmeras, el Casiana Muñoz, se veía con esperanza en el barrio porque facilitaría el tránsito del alumnado de sus dos colegios, el Duque y el Pedagogo, a un centro normalizado. Sin embargo, la Administración no los ha adscrito, pese a ser el único IES de su distrito, aludiendo a que no quiere crear un gueto. Su propuesta es una adscripción múltiple a seis institutos: Zoco, López Neyra, Al-Haken, Medina Azahara, Séneca y Maimónides. El más cercano está a 2,2 kilómetros. Algunos educadores reclaman una adscripción única para facilitar el tránsito de Primaria a Secundaria, y eliminar el Semi D del Duque, que haría que los niños de Las Palmeras iniciaran 1º de la ESO en un grupo que empieza de cero y no tuvieran que incorporarse en 3º, con dificultades de adaptación.


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