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Diario Córdoba

ELECCIONES 19J

Del 82 a hoy, el día y la noche

Han transcurrido 40 años desde que Andalucía votó por primera vez a sus representantes en el Parlamento andaluz | Tres políticos cordobeses analizan las diferencias entre aquellas primeras campañas y las actuales

Manuel Gracia, dirigente socialista, reparte claveles en un mitin en Córdoba. FRANCISCO GONZÁLEZ

«¿Diferencias dices entre las campañas de los 80 y ésta? Vamos, el día y la noche». Responde el exconcejal del PP Luis Martín, afiliado a Alianza Popular desde 1981 y responsable de campaña en Córdoba, un año después, en las primeras elecciones andaluzas. «O sea era el responsable del partido ante la administración, el representante en la Junta Electoral, el que trataba con la prensa, el que pegaba carteles y el que ponía las sillas en los mítines». Martín fue entonces hombre orquesta y recuerda con ternura un mitin de Gabino Puche en Puente Genil que cerró María del Monte, «entonces una niña de 16 años, a la que nadie se quedó a escuchar, pobrecilla». Hoy, el PP tiene un equipo profesional para sus campañas y cierra los actos con el Avanza de Jennifer López. Ni mejor, ni peor, diferente, que diría un gallego.

En 1982, el embrión del Partido Popular en Córdoba apenas logró la confianza de 64.649 cordobeses, lo que le valió dos diputados (empatados con la UCD y el PCA), y el candidato Antonio Hernández Mancha se tenía que hacer pasar por tratante de aceite para no levantar suspicacias en una Córdoba donde aún estaba fresca la memoria de la dictadura franquista y la guerra. 

Hoy las encuestas dan como ganador seguro al candidato a la reelección, el dirigente popular Juanma Moreno, que espera cosechar una mayoría suficiente para poder gobernar en solitario en Andalucía. «Hemos pasado una larga travesía por el desierto y ahora me siento partícipe de esa mayoría por el trabajo de tantos años de compañeros y afiliados», comenta Luis Martín. 

Ernesto Caballero en una rueda de prensa. A.J. GONZÁLEZ

Manuel Gracia, diputado andaluz desde 1982 a 2015 (amén de otras responsabilidades), también recuerda un mitin en Puente Genil en el que él hacía de telonero de Felipe González. «Cuando empecé a hablar, Felipe ni siquiera había salido de Madrid, desde donde venía en avión. Cuando por fin llegó, yo ya estaba desesperado, figúrate, les estaba hablando a los de Puente Genil de la pesca de altura. Le tuve que dar dos vueltas enteras al programa electoral para hacer tiempo». Es de suponer que poco importó esperar a Felipe González a un electorado entregado, que dio a los socialistas 7 diputados en aquellas primeras autonómicas. «¿Ha perdido pasión la política? Creo que no, pero quizá lo que no hay es aquel impulso épico de las campañas del 82 y del 86 porque entonces los ciudadanos tenían una gran confianza en que su voto era decisivo para el futuro de su tierra», reflexiona el expresidente del Parlamento andaluz. «Ahora con la globalización todo el mundo sabe que las decisiones están supeditadas a un marco internacional cambiante, y que las grandes decisiones no se toman aquí». 

La misma opinión comparte Ernesto Caballero, el histórico comunista y diputado andaluz en las dos primeras legislaturas. «El PCE había peleado muchísimos años por conseguir democracia y libertades, conquistas que se plasmaron en esas elecciones que tuvieron el aliciente extra y la ilusión del pueblo andaluz en el desarrollo del proceso autonómico», explica Ernesto. También recuerda mítines hasta la bandera en la Plaza de Toros y en la Corredera y un mitin «insólito» de aquellos tiempos en Aguilar, donde acudieron muchos con sus hijos vestidos de Primera Comunión porque era mayo (se votó el día 23).  

Las elecciones andaluzas han perdido épica, pero las campañas han ganado profesionalización

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Ahora ni el programa (hay una formación, Vox, que no presenta programa sino un decálogo), ni los mítines son tan grandes, y por contra crece la difusión de mensajes en las redes sociales y la micropolítica. «Estamos ante campañas cada vez más segmentadas y territorializadas, que hablan del ambulatorio de Fidiana», comenta Gracia. «No se ha vuelto a hacer el puerta a puerta que hicimos los comunistas para presentarnos en el 82 al electorado», rememora Caballero, al tiempo que admite que la financiación de las campañas siempre fue el talón de Aquiles de su partido. «El problema del dinero lo hemos tenido siempre». 

Salvador Fuentes, Juan Ojeda y Javier Arenas. A.J. GONZÁLEZ

Luis, Manuel y Ernesto coinciden en señalar el cambio radical experimentado en Andalucía en los últimos 40 años. «En el año 82 había aún muchos pueblos sin alcantarillado, sin colegio y las carreteras eran pésimas. En estos años se ha producido una modernización en Andalucía como nunca antes se había producido y este cambio se ha hecho de la mano del PSOE», reivindica el socialista.

Aún reconociendo el avance abismal, los logros, Ernesto señala la lacra del paro y «la lentitud» en la aprobación de leyes como parte del desencanto de la izquierda andaluza. «Desarrollar las libertades y conseguir mejoras para las clases trabajadoras cuesta muchísimo trabajo», reconoce quien aún recuerda cómo en una comisión en los 80 planteó la necesidad de impulsar un nuevo trazado del ferrocarril y que la alta velocidad llegara a Andalucía «y el entonces consejero de Transportes me dijo que me bajara de las nubes». La alta velocidad terminó llegado, eso sí, en el año 92. 

«No es verdad que la política tenga que ser ajena a la ideología. Política hace todo el mundo y hasta en los actos más cotidianos. Decidir que el AVE viniera aquí y no a Cataluña fue una decisión política. El profesor que nos daba formación del espíritu nacional en el IES Góngora, que era un señor de Falange Española, siempre nos recomendaba no meternos en política, qué curioso», recuerda Manuel Gracia.

Esa reivindicación de la ideología se topa con los sondeos que apuntan a que cada vez hay más indecisos y personas que deciden su voto por factores ajenos a la esencia política. Pero pese a esa desideologización hay más crispación. «En los 80 salvo Fuerza Nueva, con quienes tuvimos nuestros rifirrafes, la derecha estaba tranquila y ahora da la sensación de que la gente está más crispada», lamenta el dirigente comunista que evoca, como el resto de los aquí entrevistados, el espíritu de concordia de aquellos años, donde muchos presumían de tener amigos al otro lado.

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